La gran novela local

Leonardo Valencia
imagen tomada de publico.es

Nunca entendí esto de narrar el espacio local. En realidad nunca contemplé, cuando de pequeño empezaba a leer cuentos y cosas de Oscar Wilde, que lo que se podía narrar era sobre mundos alrededor de uno. Ahora tampoco lo entiendo del todo… pero algo me queda claro. Sospecho que hay muchos autores (y lectores también) que precisanen lo literario un vehículo coherente para el reconocimiento, porque algo de eso debe tener lo escrito. En lugar de poner un carte que diga “basado en hechos reales”, habría que colocar uno que diga “basado en lugares reales”.

Desde la época de la Feria de la Cultura, que se desarrolló en noviembre pasado en el país, he venido pensando sobre el tema, sobre todo porque en la mesa de Álvaro Enrigue, Alonso Cueto, Paulo Lins y Francisco Proaño Arandi se habló eso de una novela de un sitio en particular ante una pregunta de Modesto Ponce Maldonado (por acá hay una reflexión sobre lo sucedido en esa mesa, hecha por Miguel Antonio Chávez). La gran ausente de todo esto es, sin duda, la gran novela de Guayaquil. Y nunca se me habría ocurrido que resultaba necesario establecer una obra de este tipo que apareciera como el referente, la manzana deseada.

Me vivo preguntando desde hace muchos años por qué existe esa necesidad. Bueno, podría lanzar cientos de teorías, pero todas estarían dispuestas en el mundo de la elucubración. Lo cierto es que nunca se me ocurrió, mientras leía “Rayuela”, que había una necesidad de Cortázar de referirse a la extrañeza del migrante al hablar de París y de las biromes. Nunca. Cuando leí “Las cruces sobre el agua” no pensé que estaba ante una obra que reivindicaba la ciudad… igualmente con “El rincón de los justos, de Jorge Velasco Mckenzie (para muchos entendidos es la más grande manifestación de lo que se puede hacer con una ciudad en una novela), donde vi una gran obra y nunca una ciudad que necesitaba aprehender. En sí, lo que intento precisar es que una ciudad no puede,ni debe transformarse en el objeto de una narración.. aunque una obra se transforme en “la novela de alguna localidad”. Uno, cuando quiere encontrar etiquetas, las puede encontrar con suma facilidad.

Si quiero encontrar una ciudad, pues busco una guía turística… lo que sería lo más obvio. Pero no quiero llegar a estos extremos.

Una parte de Guayaquil, imagen tomada de img174.imageshack.us

Para muchos los que narran en Quito, la ciudad se vuelve en parte importante de su obra. Quito es una ciudad que absorve, más que nada porque su carácter se vuelve totalizador… esto, sumando al hecho de que está cercada por montañas, lo que la vuelve una olla de presión (y si alguien asume que esto es hablar mal de Quito, es su problema. Adoro esta ciudad, tanto como para vivir en ella). Guayaquil, por su lado, es una ciudad que se abre, que se vuelve sobre su propio eje y explota hacia diferentes puntos. Guayaquil es una ciudad que no totaliza nada (salvo sus autoridades que me suenan a puro fascismo) sino que acumula. Puedo usar ahora, como ejemplo, la novela de Leonardo Valencia “El libro flotante de Caytran Dölphin”, para muchos evidencia de lo que una novela no debe hacer: para empezar poner como título de la obra un nombre extranjero, manteniendo los rigores analíticos de cierta revolución política actual (claro, Guayaquil no es una ciudad que se creó y creció con la inmigración italiana, libanesa, española… así que río cuando leo esas cosas). Valencia en esa novela, que usa a Guayaquil como escenario, no habla de la ciudad, solo monta todo en un pedazo de Guayaquil, una imagen, una impostación de la ciudad… y al mismo tiempo la comprende en su totalidad. La paradoja está en que mientras más se lo busca, más se la caricaturiza (ese Guayaquil lumpen de muchos autores), y cuando sólo se cuenta algo en la ciudad, se consigue entenderla en un porcentaje.

Guayaquil no necesita ser representada porque en sí es una representación por sí sola. Por eso espero que nadie sea capaz de escribir la gran novela de la ciudad en que nací. Es innecesario y hasta necio. Una ciudad que vive en la maraña de un estero no necesita ser explicada, sino ser vivida.

imagen tomada de archivo.eluniverso.com

Por eso, porque nací en medio de esa circunstancia geográfica, asumo que si bien en su momento se buscó crear algo que suene o se lea guayaquileño, el momento actual se centra en narrar desde ese caos, descubrir qué significa aquello puede ser una forma de encontrar identidad. Pero sí se la busca con conciencia, no existirá forma. En otras ciudades pues ignoro los mecanismos… por lo pronto no me interesan.

Un comentario en “La gran novela local

  1. El libro es el fruto de ideas regionalistas, aunque no lo quiera aceptar es evidente el continuo halago a guayaquil y las expresiones hacia la caítal, muestra la falta de madurez, sin embargo es tu obra y tu serás quien vea si les interesa o no ya que es claro que es una obra dedicada a cierto público.

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