El curioso caso de David Fincher

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imagen tomada de traileraddict.com

David Fincher es el tipo que llevó a Ripley a pelear contra el Alien a un mundo tecnológicamente atrasado, como una mazmorra de la Edad Media. Es el que puso a Brad Pitt a revisar una caja con la cabeza de su esposa, cortada por un John Doe, interpretado por el genial Kevin Spacey. Es el que le ofreció imagen esquizofrénica a Edward Norton/ Tyler Durdeen. El que contó la cacería de un asesino serial. El que escondió a Jodie Foster y su hija en un desván a prueba de ladrones… Y ahora es el tipo que cuenta una historia de amor, de esas que haría suspirar a mucha gente, con alusiones incluso a una película tan inmamable como es “The Notebook”.

La pregunta es: ¿Por qué?

¿Por qué Fincher se baja al andar de la senda de sus anteriores filmes y se encarga de darle espacio a lo amoroso, cursi y hasta a lo dramático? Quizás esa es una pregunta que sólo él podría responder (obviedades). Lo único que podemos hacer es intuir. Nada más. “El curioso caso de Benjamin Button” es un filme basado en el cuento homónimo de F. Scott Fitzgerald, en el que el personaje principal (interpretado por un impávido Brad Pitt, que únicamente tiene en su actuación un acento propio de New Orleans y el apoyo de la tecnología y el maquillaje para parecer viejo y adolescente) nace viejo y rejuvenece con el tiempo. Ahí, donde normalmente la tragedia es envejecer… en su caso es volver a la niñez, con todo lo que eso significa.

Con precisión clínica, la película es la historia de amor entre Daysi y Benjamin, que se conocen de niños y que buscan la manera de encontrarse en ese absurdo temporal. Absurdo que de por sí los condiciona sólo a un momento de unidad, pues mientras Daysi envejece, Benjamin se vuelve más joven.

imagen tomada de lonelyrewiever.com

Pero esa historia de amor no es más que una fábula, de esas que te suelen dejar un sabor de boca extraño y hasta bueno (en ocasiones tediosos, vale la pena decirlo. No todo el filme es acertado… quizás diría que hay mucho de cursilería en escenas que resultan ser importantes). Y Fincher apuesta por contar una fábula de la única manera posible: como algo gigante. Con guerras de por medio, frustraciones, un huracán Katrina a punto de azotar la ciudad, “El curioso…” demuestra que Fincher es capaz de contar algo que no necesariamente sea oscuro. El directos sabe lo que hace y refleja un mundo que quizás no sea tan ajeno a él, por eso la familiaridad en ciertas escenas (con la inclusión de chistes repetitivos y constantes, también), por eso la ternura de ciertos momentos, los juegos de narrador (incluyendo los cambios, demostrando que una historia se gesta con la versión totalizadora de los presentes y testigos), los viajes, las cavilaciones.
Fincher, de no ser por todo el background que maneja, hubiera salido sin problema de este filme. Eso muy pocos se lo podrán perdonar.

¿Yo se lo perdono? No lo sé. La premisa de esta historia (que bien pudo haberla tomado Tim Burton y hacerla más creíble en su universo) da pie para un drama que arroje magia por donde se lo vea. Algo dulce y hasta demasiado endulcorado, pero en definitiva un filme que logra reflejar la totalidad de un personaje, una confesión de vida en un lecho de muerte y el dolor que puede causar eso. Un acto de amor deliberado, que no es más una liberación. Fincher quiere liberarse de algo, probablemente sacarse el clavo de contar una historia que sea agradable no a su público cautivo, sino a todos… o quizás demostrarse que puede ser Hollywood puro. Lo cierto es que como ese colibrí en medio del Océano, o en medio de una tormenta, “El curioso caso de Benjamín Button” es un lunar en la filmografía de Fincher, consignado con el libre albedrío de decidir, en su caso, qué y cómo contarlo.

2 comentarios en “El curioso caso de David Fincher

  1. Interesante, aún no he visto la película, pero tantas maravillas he oído sobre ella que me pareció perfecto encontrar una crítica más “crítica”, valga la redundancia. Claro, es que si es Hollywood puro como bien dices, seguramente agradará a las mayorías.

    abrazos,
    s.

  2. Interesante, aún no he visto la película, pero tantas maravillas he oído sobre ella que me pareció perfecto encontrar una crítica más “crítica”, valga la redundancia. Claro, es que si es Hollywood puro como bien dices, seguramente agradará a las mayorías.

    abrazos,
    s.

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