El libro maldito

Saviano mensajeando por su celular, imagen tomada de elpais.com

Roberto Saviano la tiene dura desde que se transformara en el nuevo Salman Rushdie. Amenazado de muerte por la “Camorra” por su novela “Gomorra”, en la que retrata el mundo de la mafia italiana. Debe andar escoltado, casi no sale, no ve a nadie (se pasa mensajeando con sus amigos por el teléfono celular). “Gomorra” ha vendido dos millones de copias y ha ido traducida a 33 países. Una maldición rentable.

“No sé si estoy medio muerto o medio vivo. Lo que sé es que la amenaza de los Casaleses me ha convertido en peor persona. Más desconfiado, más egoísta. Siento odio por los amigos que me abandonaron cuando salió el libro, entre una partida de Playstation y una de la Liga Fantástica. Apenas salgo de casa. No puedo usar tarjeta de crédito. Vivo escoltado 24 horas al día. Ya no soy un hombre, soy un equipo. Los muchachos son fantásticos, son napolitanos como yo, hacemos deporte juntos, boxeamos en el gimnasio… Pero echo de menos Nápoles, aquellos retrasos eternos del tren en la estación… El tiempo se ha deformado, los minutos son extraños, cada movimiento banal requiere un día entero. Y no puedo hacer las cosas mínimas: pasear, tomar algo en un bar, comprar una nevera. Ayer fuimos al supermercado y fue patético. Los carabineros alrededor del carrito, todos opinando sobre la pasta que debía coger. La gente se asustó, nos abrieron paso en la caja para que nos fuéramos rápido. Cuando salimos les dije a los chicos: ‘No volvemos”, cuenta Saviano en una nota que hoy publica el diario El País.

Me quedo pensando en eso, especialmente porque hace días encontré una declaración de Saviano en la que evidenciaba su arrepentimiento por haber escrito “Gomorra”. ¿Arrepentimiento por una publicación? Quizás sea el acto de fe más desesperado que hay leído.

Con el jefe de su seguridad, imagen tomada de elpais.com

La nota de El País define la situación. “Contada por Saviano, la Mafia napolitana, o mejor dicho, campaña, dejó de ser lo que era a ojos de mucha gente -una banda de bandoleros dirigidos por tipos más o menos honorables que trafican y asesinan, pero en el fondo protegen a una población abandonada a su suerte (aunque esto último siga siendo verdad)-. Y pasó a ser El Sistema, un poderoso holding criminal que, según el último censo realizado por el jefe de los carabineros de Nápoles, general Gaetano Maruccia, responsable de la seguridad de Saviano, “cuenta al menos con 80 clanes y más de 3.000 afiliados armados, a lo que se añade una extensa red de colaboradores” (…) Cuando Saviano empezó a escribir, estimulado por la fiebre de libertad y aventura que le inculcaron sus lecturas precoces y, más tarde, por el aura de rebelión respirada en los seminarios que dirige Gerardo Marotta, abogado y filósofo octogenario, todavía gran baluarte moral napolitano, en el Instituto de Filosofía fundado por Croce, era un chaval feliz, aunque no paraba de trabajar. “Tenía cuatro o cinco oficios: en una pizzería, dando clases de repaso a niños por las tardes, como albañil ocasional en el campo de Caserta, becado para un doctorado en historia contemporánea y colaborando en periódicos y webs como Nazion e Indiana”.

Saviano caminando con sus custodios, imagen de elpais.com


Y cuando leo una parte que viene a continuación, simplemente siento ese temor que cualquier persona podría tener. Admiro el coraje de Saviano, a la vez que entiendo el dolor que debe tener adentro. ¿Cómo sobrellevarlo? No tengo idea; ahora sólo puedo percibir que existen libros malditos, en su naturaleza y finalidad: “Han pasado dos años y cuatro meses desde aquel 13 de octubre. Sus viejos amigos se largaron. Su antigua novia le dejó. Su familia se dispersó más de lo que estaba (sus padres se separaron muy pronto). Y Saviano se culpa de todo eso. Lamenta, dice, “haber destruido mi mundo por un libro; haber hecho daño a todos los que me querían”. Su vida está “suspendida, cancelada, detenida”. Como esas vidas rotas de repente por un accidente, un atentado o una condena injusta”.

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2 comentarios en “El libro maldito

  1. Tremendo. Hay que tener los huevos bien puestos para hacer lo que hizo. Ahora se lamenta, pero el tipo sabía en la q se metía. En todo caso, se la rajó con su libro. Qué huevotes!!

  2. Tremendo. Hay que tener los huevos bien puestos para hacer lo que hizo. Ahora se lamenta, pero el tipo sabía en la q se metía. En todo caso, se la rajó con su libro. Qué huevotes!!

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