La moral literaria

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Me quedo pensando en las frases que en algún momento alguien dice o proclama. La inmensa sobriedad del verbo como gestor de todo. El acto del creador como eso, referencia inmediata de la seriedad y sobriedad del trabajo que realiza. Uno al escribir se hace responsable de lo que redacta. Uno al hablar debe cargar con el peso de las palabras que pronuncia. Se trata de eso. Pero sobre todo, cuando uno asegura profesar un tipo de movilidad ligada con lo literario, la carga moral es más grande.

imagen tomada de arturovillalobos.files.wordpress.com

¿Por qué digo esto? Porque me quedé pensando en un par de frases que leí en el editorial que este sábado escribiera Cecilia Ansaldo sobre la visita de Bryce Echenique a Guayaquil. En una parte del texto señala: “Bryce Echenique tiene su puesto ganado en la literatura, como en la gran mayoría de los escritores, por la obra plasmada en culto a una vocación indeclinable. A los setenta años, puede mirar hacia atrás y el rosario de sus títulos exitosos no puede ser velado por el escandalillo de un juicio por plagio de artículos publicados en diferentes medios. Felizmente en el diálogo que sostuvimos esa mañana, no saltó el tema ni nadie le hizo una pregunta impertinente”. Y pensé en la responsabilidad, en que uno tiene la obligación de tener una mayor conciencia de lo que hace.

Alguien, apenas se supo lo del escritor peruano, me escribió con una gran desazón. Algo se había perdido, sentía que ese ser que se había convertido en algo de su propiedad, de su vida, mentía, engañaba. Algo se rompía. Había tristeza en sus palabras. Por eso pensé en lo que escribió Cecilia Ansaldo. En cierta forma le doy la razón: el escándalo actual no debería ensombrecer sus logros anteriores. Sin embargo hay que enfrentar algo como eso en estas circunstancias, cuando todo es fresco, cuando lo intocable de un autor se trastoca, cuando se deja de confiar en su palabra.

En ese sentido, en lo personal, me ha dolido que no se le haya preguntado más a Bryce Echenique sobre el tema. Era justo que respondiera a sus lectores, que se encuentran en cierto estado de coma, esperando el desarrollo del hecho legal (que ya es un hecho juzgado en proceso de apelación), dibujando la posibilidad del error y que nada pase a mayores. Y ese es un dolor grande, que no ignora el pasado, pero entorpece el presente.

imagen tomada dehomepage.ntu.edu.tw

Por eso, cuando hablo, escucho y asisto a las bajezas que uno puede tener en el curso de la literatura, pues lo pienso una y otra vez. Esa carga de responsabilidad. Escucho cuando me dicen que alguien está a punto de publicar un texto con fragmentos de escritos de otra persona, sin su permiso y me da mucha pena; pena de la supuesta inocencia (que se puede disfrazar de ignorancia), pena de que todo resulta tan aleatorio, tan posible y a la vez irracional. La literatura tiene una carga de moral bien grande, elemental y básica.

Los escritos deben recibir el peso de las decisiones (y eso lo dice alguien que debe todavía entregar un dinero que ya pensaba entregado por su primer libro – deudas a las que uno tiene que responder – así que tampoco se trata de estar libre de pecado). Y en esas decisiones, en esa certeza de que lo que sucede ahí, se da ese acto de respeto al verbo y al lector… imprescindible.

12 comentarios en “La moral literaria

  1. Eduardo, creo que el escritor, como conversamos alguna vez sobre el caso ” Capote”, es víctima de su propia fama, de sus propias aspiraciones, del contra peso de su balanza. Si ya demostró ser bueno se piensa que siempre tendrá en la mano jugadas de buenas cartas y no, no siempre se gana contra uno mismo. Entonces se torna una especie de ladrón de bicicletas ajenas. Me imagino a Bryce sirviéndose otro trago y pensando sobre que carajos escribir este sábado en su columna. Si vuelve o no a contar el chiste de “araña no, gato” o si mejor revisa a ver si hay algo interesante en la net.
    A veces parece que es mejor se promesa que realidad.
    Cariños
    Sol

  2. Eduardo, creo que el escritor, como conversamos alguna vez sobre el caso ” Capote”, es víctima de su propia fama, de sus propias aspiraciones, del contra peso de su balanza. Si ya demostró ser bueno se piensa que siempre tendrá en la mano jugadas de buenas cartas y no, no siempre se gana contra uno mismo. Entonces se torna una especie de ladrón de bicicletas ajenas. Me imagino a Bryce sirviéndose otro trago y pensando sobre que carajos escribir este sábado en su columna. Si vuelve o no a contar el chiste de “araña no, gato” o si mejor revisa a ver si hay algo interesante en la net.
    A veces parece que es mejor se promesa que realidad.
    Cariños
    Sol

  3. sI el lector busca un referente moral, un puntal donde sostener su fé en la humanidad, en la persona-escritor, mas le vale que busque un sacerdote,un guía espiritual etc

  4. sI el lector busca un referente moral, un puntal donde sostener su fé en la humanidad, en la persona-escritor, mas le vale que busque un sacerdote,un guía espiritual etc

  5. como plagiadora ocasional puedo decirte que la polifonía es maravillosa. Muchas veces se trata de reinventar. Un ejercicio cuando la polvora ya fue descubierta.

    saludos

  6. como plagiadora ocasional puedo decirte que la polifonía es maravillosa. Muchas veces se trata de reinventar. Un ejercicio cuando la polvora ya fue descubierta.

    saludos

  7. Karen, ya el proceso de reinvención es un sueño por sí solo y tiene una de esas cosas que suenan a maravilla. El caso de Carver, por ejemplo, que fue capaz de jugar con su propia obra y rehacerla una y otra vez. En la música, por ejemplo, tenemos a Charly García, qué se yo…

    Ya me has dado un tema para pensar, saludos

  8. Karen, ya el proceso de reinvención es un sueño por sí solo y tiene una de esas cosas que suenan a maravilla. El caso de Carver, por ejemplo, que fue capaz de jugar con su propia obra y rehacerla una y otra vez. En la música, por ejemplo, tenemos a Charly García, qué se yo…

    Ya me has dado un tema para pensar, saludos

  9. “Pregunta impertinente”… JAJAJA! Permítanme reirme. No hay impertinencia, es absolutamente pertinente que alguien hubiera tenido los pantalones (en el caso de doña Ansaldo las faldas) bien puestos para preguntarle del asunto, en una oportunidad de oro que se tuvo cara a cara con él en Guayaquil. La literatura de congresillos y lanzamientos es igual de asquerosa que la diplomacia. En vez de eso debería ser un sinceramiento entre autor y lector. Wacatelas!

  10. “Pregunta impertinente”… JAJAJA! Permítanme reirme. No hay impertinencia, es absolutamente pertinente que alguien hubiera tenido los pantalones (en el caso de doña Ansaldo las faldas) bien puestos para preguntarle del asunto, en una oportunidad de oro que se tuvo cara a cara con él en Guayaquil. La literatura de congresillos y lanzamientos es igual de asquerosa que la diplomacia. En vez de eso debería ser un sinceramiento entre autor y lector. Wacatelas!

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