El terror de los escritores

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imagen tomada de facebook.com

Carlos Andrés Vera escribe un texto que uno pude recibir a la entrada de la función. Establece una relación entre Pablo Palacio y Edgar Allan Poe… sin dejar de lado a Kafka. ¿Por qué? Porque la relación entre los cuatro cortometrajes que hasta ayer se presentaron en las salas del Ocho y medio, con la literatura de estos tres autores más que obvia, es precisa. El texto del ingreso no explica nada, centra todo.

Los trabajos (2 de Vera, uno de Sebastián Arechavala y otro de Iván Mora) tienen una justificación en su proyección, más allá de esa idea de los escritores malditos o del terror que un ambiente puede generar. “La verdad sobre el caso del Señor Valdemar” es el trabajo de Vera, realizado el año pasado, y que tuvo el espacio estelar en esta proyección. No sé cuánto de inédito pueda tener esto en la cinematografía nacional; pero cuatro trabajos en una función por un poco más de una semana en cartelera, es algo que hay que considerarse y mucho.

“El Techo”, es un trabajo que Vera filmara en Cuba, en el 2002. La desazón con el régimen y el viaje temerario a lo desconocido. Lo que se puede ver (acompañando la creciente paranoia de un personaje que a gritos pide una explicación y las autoridades le dicen que no lo intente, que se calme) es la decepción, la lenta calma de lo que es el vaivén hacia lo desconocido, porque lo que se conoce es inútil. ¿Elementos de El proceso, de Kafka? Desde luego (como lo señala Vera en su escrito que da la bienvenida al espectador; aunque también encuentro algo de “Los buques suicidantes”, de Horacio Quiroga). Este cortometraje es la atmósfera y revela la capacidad de su director de crear ese contexto necesario para esa sensación de vértigo y desesperación.

imagen del cortometraje “Un hombre muerto a puntapiés”, de Sebastián Arechavala, tomada de unhombremuertoapuntapies.com

“Un hombre muerto a puntapiés” es el cortometraje de Sebastián Arechavala, el cual ha formado parte del Short Film Corner del Festival de Cannes y de la selección oficial en cortometrajes del Festival de Cine de Cartagena. En él se realiza una adapatación del cuento homónimo de Pablo Palacio y probablemente sea una adaptación literal de la historia y eso, almismo tiempo de ser uno de sus fuertes, es uno de sus problemas. ¿Por qué? Porque el personaje que narra todo en el cuento de Palacio tiene a su haber una retórica capaz de reflejar toda la obsesión que una pequeña nota de prensa puede despertar en él. En el corto, esto simplemente no sucede. Y la historia pierde mucho de su peso, que recupera al final, cuando el cortometraje cierra de la misma manera que Palacio el cuento.

“Vida del ahorcado. Los estudiantes”, de Iván Mora es otra adaptación de Palacio, pero esta vez de un fragmento de su novela publicada en 1932. El cortometraje fue realizado el 2004 y es simplemente impecable. Desde la puesta en escena, con escasos diálogos, frases en latín y una actitud que va de la mano del “Hey teacher! Leave them kids alone!”, “Vida…” retrata en poco tiempo, en dos o tres lugares, el terror de una educación que únicamente esclaviza a los estudiantes. Los efectos especiales, así como la fotografía (que no cae en ningún dramatismo, pero que aportan como cualquier otro personaje a la narrativa de la historia) son elementos claves de este trabajo fabuloso.

“La verdad sobre el caso del Señor Valdemar”, de Vera, está basado en el cuento del mismo nombre de Edgar Allan Poe. El recurso del narrador – confesor funciona en una historia que de plano nos afirma que el doctor Romero (experto en las artes de la hipnosis) ha sido condenado a muerte por el presidente García Moreno (uno de los méritos de la adaptación está en localizar todo en el país) por haber intervenido en el extraño fallecimiento del señor Valdemar. La confesión es el vehículo del cortometraje, que tiene un gran mérito técnico: el sonido es espectacular. Quizás como nunca antes se haya podido apreciar en un trabajo audiovisual con marca ecuatoriana. Eso, en una historia que juega con lo oculto, lo misterioso, es sumamente importante. Pero fuera del este factor, lo que impresiona del cortometraje es que esa atmósfera que maneja el director no desentona frente a un texto de Poe, que extraña y horroriza desde lo inexplicable e ‘in crescendo’. El terror es algo que se hace al contacto y no como un recurso sencillo e inmediato. No puede nunca ser así.

Pedro Pérez, como el doctor Romero, imagen tomada de facebook.com

Este no es el primer trabajo de Vera (el propio cortometraje lo demuestra, desde luego). Su documental sobre los taromenani, que realizara hace un par de años, evidencia un cineasta que busca una mirada distinta a la que se presume como ideal (por ejemplo, cuando vi ese documental fue la primera vez que experimentaba que una historia sobre indíogenas de la Amazonía no era algo exótico y eso es un gran mérito). Por eso que hacer algo que roce el horror y el misterio requiere de mirar las cosas desde cierta perspectiva no tan segura o inmediata. El horror debe saturar y salir de cauce y el tono que “La verdad… ” maneja es parte de ese recorrido en el que hay algo que ha sucedido y algo que está a punto de suceder. Y en una historia donde la muerte debe ser vencida, el devenir es algo que se concreta.

Manuel Calisto, como el secretaio de García Moreno, imagen tomada de facebook.com

3 comentarios en “El terror de los escritores

  1. Yo vi este corto dos veces, en el estreno y en las salas de ochoymedio la floresta. De más está decir que me encantó. Me pareció que la proyección de ochoymedio no era la mejor, pero eso es algo que queda en un segundo plano cuando la historia te atrapa. Algo que me llamó la atención: el poyo del público. Cuando fui, la sala estaba casi llena. Pasa eso con los cortometrajes en Ecuador? Creo que es la primera vez. Hay que hecharle un ojo a Vera. Saludos;
    EK

  2. Yo vi este corto dos veces, en el estreno y en las salas de ochoymedio la floresta. De más está decir que me encantó. Me pareció que la proyección de ochoymedio no era la mejor, pero eso es algo que queda en un segundo plano cuando la historia te atrapa. Algo que me llamó la atención: el poyo del público. Cuando fui, la sala estaba casi llena. Pasa eso con los cortometrajes en Ecuador? Creo que es la primera vez. Hay que hecharle un ojo a Vera. Saludos;
    EK

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