El poeta que se va y el narrador que se cuenta (y no del todo)

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imagen tomada de casa-delasiguanas.blogspot.com
Desde Argentina me llega la noticia que por acá no revienta. Facebook funciona cuando hay gente que como César Vásconez Romero decide ser la voz y la memoria. Francisco Granizo Ribadeneira ha fallecido. Poeta, autor de cuatro libros a lo largo de toda su vida (por lo que veo en la web), Granizo nació en 1928 y falleció el 2009. Vida larga, palabras que son tomadas en cuenta por muchos, aquellos que creen que la poesía sí es lo complicado, y al mismo tiempo para quienes creen que existen mucho poetas y que muchos de ellos no deberían llamarse así. Creo que hay mucho de lo segundo, pero soy partidario de lo primero. Por eso, tomando el pequeño homenaje que César hizo, reproduzco la nota que envió a varios de sus contactos en el Facebook:

“Acaba de fallecer Francisco Granizo, uno de los mejores poetas que tuvo el Ecuador en el pasado siglo XX. Su obra nunca fue fácil y concesiva, su impronta barroca es excepcional, ya que su voz alcanzó una reverberación heterodoxa; cultivaba las formas clásicas en su escritura, no por arcaísmo, sino por que supo reinventar su vitalidad. Autor de dos libros capitales: Nada más el Verbo (1969) y Muerte y Caza de la Madre (1990); siempre lejos de los reflectores y del ruido, poeta de culto, sibarita, diplómático, sufrió carcel en la década del 60. Sus últimos años transcurrieron en la soledad que antecede al descubrimiento de un filón inagotable. Que la tierra le sea leve.

Esta prisión que me desencadena
a todo el río de la piel difunta,
este polvo de arcángel, esta fruta
podrida de pavor y de belleza.

Esto que no es la cera ni la tierra
y es el abismo de la luna dura,
esta miel que me envuelve y que me empuja
al corazón y en corazón me deja.

– Súbito cael el sol, perece el loco
por el grito del agua traspasada
hasta el pálido borde de la brisa –

Y eso que agarra a más amor la prisa,
desátame de esencia vil, al modo
del ángel, del abismo y de la nada
(de Nada más el Verbo)

Con viejos dientes muerdo la pulpa insólita del sueño
oh adolescencia, raja, dolor de vestiduras y aguas
oh sonámbulos peces oh leves dulces piraguas
honduras, olas, algas.. desgaja el minuto pequeño

del agua original… hielo de voces, medusa, leño
qué me despierta?, mala la noche y por los ecos larga,
pávida como el trapo que cubre carne amarga.
Y el mar, el solo mar, mar de alta mar. Todo el amor isleño.

Y tú en el movimiento fruta recuperad,
alto molusco cálido,
peso de sol. Sobre tus pechos han caído pájaros

y una abeja de sed, deseperada.
Hay en tus ojos un polvo de unos días agrios
y yo y el mar y nada.
(de Muerte y Caza de la Madre)”.

Los amigos de la Casa de las Iguanas también informan el fallecimiento.

imagen tomada de elpais.com

El poeta se ha ido y el narrador visita. Alfredo Bryce Echenique visitó Guayaquil. Poca gente le preguntó sobre la condena de plagio que pesa sobre él y que en este momento está en proceso de apelación. El Instituto Nacional de la Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual de Perú multó al escritor con 56 mil dólares por el plagio de 16 artículos periodísticos. Aparece en televisión y nadie le pregunta nada. Espero que los diarios se aventurem y algunos lo hacen. Quiero saber sobre esto, pues como Álvaro Coloma escribe en un artículo en La Vanguardia, que dice: “…entro en el foro que complementa la página oficial del escritor y leo el siguiente mensaje escrito por una tal Arya: “Como castillo de naipes… caigo, decepcionada. Tanto plagio… me ha dolido en el alma”. Y es entonces cuando entiendo que el problema, el auténtico problema de todo este asunto no es que el autor de “La vida exagerada de Martín Romaña” y “El huerto de mi amada” copiara algunos artículos publicados por periodistas de gran valía (Sergi Pámies, Josep María Puigjaner, Benjamín Herreros, Blas Gil Extremera y once más) en medios de idéntica seriedad (La Vanguardia, El Periódico de Extremadura, Revista Jano y también once más), sino el tremendo dolor que semejante traición ha causado en quienes tomaban a ese escritor en particular, y a todos en general, como un referente moral”.

El narrador debe enfrentarse al error de la palabra, a esa posibilidad. Alexander García, de El Expreso, lo entrevista y le pregunta sobre el tema. “Para empezar alguien me hizo un juicio y se lo gané, eso está ya juzgado, ahora hay otro juicio. Me pareció el colmo, me mortificó mucho que se me acusara de haber plagiado a un gran amigo mío. Él es periodista, y felizmente reaccionó con un artículo rotundo, lo publicó el jueves pasado en la Revista Caretas, negando que eso existiera. Más bien, decía, que él me había consultado a mí para hacer su artículo (…) Esta persona que siguió el primer juicio, como un niño de estos que va a acusarte, fue a donde el juez y le dijo: aquí hay 20 artículos más que ha plagiado. Es como una venganza de este Herbert Morote, quien ya me hizo un juicio y lo perdió. Volvió a acusarme, pero ya no con cosas suyas, sino de otros. También es una campaña del periódico 21, que me ha acusado tanto y durante tanto tiempo; el día que me absolvieron, ni sacó la noticia”.

Y él sigue hablando. Se enfrenta a eso, al dolor que para muchos puede significar el acto. Incluso a la indecisión y a la defensa de quienes lo siguen viendo como ese referente que supone debe ser un escritor reconocido. Sin condenarlo, sino haciendo referencia a una condena, el autor se queda hablando de las historias, de esas palabras que agarra de ahí, y que cuenta: “No ando a la caza, las historias se le aparecen a uno, decía un amigo mío, no busques por buscar, porque vas a terminar encontrando por encontrar… Entonces la cosa no es sincera”.

imagen tomada de epdlp.com

¿Dónde está la sinceridad? En la palabra.

2 comentarios en “El poeta que se va y el narrador que se cuenta (y no del todo)

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