Camino a la perdición

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imagen tomada de allmoviephoto.com

Sam Mendes toma la obra de Richard Yates y la convierte en uno de esos grandes filmes que uno no quisiera ver dos veces. La misma capacidad de desarrollo Aronofsky con “Réquiem por un sueño”, de Hubert Selby Jr. Claro, existe una gran distancia entre ambas historias, pero la misma desazón, la misma incertidumbre, la misma intransigencia con el espectador. “Revolutionary Road” remueve porque en un mundo donde uno intenta hacer lo correcto, vivir bien y en sanidad, no siempre es lo que uno reconoce como propio.

April Wheeler (una gran e impresionante Kate Winslet) es una actriz vuelta ama de casa que no soporta lo que vive, probablemente ni siquiera está segura de saber si puede disfrutar de algo, pues intenta actuar y no resulta. Frank (un Leonardo DiCaprio que le debe dar un gran agradecimiento a un proceso natural del ser humano para conseguir ser aceptado como un buen actor: envejecer) no sabe lo que quiere, pero es bueno en lo que hace; no lo disfruta, pero lo hace bien y reconoce que al hacerlo puede ser alguien. Quizás él está en buen camino, ella quizás no. Quizás ella sabe lo que hay que hacer, quizás él no. Tienen dos hijos, una hermosa casa en Revolutionary Road y la envidia de todo el vecindario que los ve con envidia: todos quieren ser como los Wheeler.

Pero April no quiere ser eso. Frank no sabe si serlo o no. Entonces, al borde de una gran discusión, deciden recuperar un sueño de recién casados y viajar a París, vivir allá, tener la opción de estar un sitio que se supone tiene más vitalidad. Durante una hora, el filme se centra el el reconocimiento de que ambos personajes están reencontrándose con algo perdido. Sin embargo algo cambia, lo dulce se pierde y el dolor llega. Porque no existe tal cosa como el sueño de la estabilidad. La única vida posible es aquella que se puede jugar con cierto desconcierto. Por eso hacen todos lo que hacen, por eso viven ciertas cosas ocultas, para sentirse más vivos. ¿Dónde está la vida? ¿En su presencia? ¿En su sofocación? ¿En su ausencia?

Para mucho críticos, la película de Mendes no logra captar del todo lo que Yates imprimió en su novela, su primera, en 1961. A pesar de eso hay algo grande en su proyección: en el hecho de que la desesperación de los dos personajes centrales está bien trabajada, desde lo pequeño, lo discreto, lo que se ve al interior del hogar. El trabajo de Mendes en teatro se hace evidente, sobre todo cuando Winslet y DiCaprio se enfrentan en una misma escena. ¿Los hijos? Probablemente el espectador juega a ser el hijo de la pareja, el que ve toda la acción y encuentra el desencadenamiento, la dureza y el dolor de por medio. Mendes toca y a la vez Mendes ahuyenta.

Un camino revolucionario no es siempre el mejor. O quizás hay que tener cierta conciencia para llevarlo adelante.

imagen tomada de allmoviephoto.com

Esta película marca la segunda vez en pantalla para un equipo integrado por Kate Winslet, Leonardo DiCaprio y Kathy Bathes. Sin embargo, ese personaje que funciona como conciencia disfuncional, el loco, el que es capaz de entender que toda salubridad es totalmente complicada, es quien hace del filme una vitrina de buenas actuaciones. Michael Shannon (que viene del teatro, específicamente de la Compañía de Teatro Steppenwolf, de donde han salido actores como Gary Sinise y John Malkovich), interpreta a John Givings, el coro, el oráculo, la cordura.

Tanta liviandad es una patología y Mendes busca reflejar eso con un final que más que cerrar una historia, la extirpa.

4 comentarios en “Camino a la perdición

  1. yo no he adentrado al mundo del cine independiente por completo, pero está clara la sinopsis que relata el artículo, la leí y me ha dado curiosidad verla…

  2. yo no he adentrado al mundo del cine independiente por completo, pero está clara la sinopsis que relata el artículo, la leí y me ha dado curiosidad verla…

  3. la vi junto a mi esposa una noche de desasosiego acá en manta, nos dejó callados, silenciosos, y nos hizo un favor, algo de esa vida en Revolutionary Road se nos quedó impregnado…

    y sí, no te dan ganas de volver a verla

  4. la vi junto a mi esposa una noche de desasosiego acá en manta, nos dejó callados, silenciosos, y nos hizo un favor, algo de esa vida en Revolutionary Road se nos quedó impregnado…

    y sí, no te dan ganas de volver a verla

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