Los vampiros, versión Fresán

imagen tomada de zeus.coapa.unam.mx

Fresán suele ser preciso, una mira láser para lanzar sus disparos y acabar con cualquier precisión. En sus artículos rara vez hay algo que no suene a prolijidad y no sé cómo lo hace. El tipo, sin duda, es una biblioteca humana, wikipedia con pies, y cada cosa que aclara tiene mucho que ver con lo que está contando. Siempre que tengo la oportunidad recomiendo sus textos.
Y esta vez habla de los vampiros, de esos seres que continúan despertando interés en constantes reinvenciones, necesarias o no, de su tradición cultural. Fresán se centra en dos fenómenos actuales que tienen que ver con la cultura de masas. Las novelas de Stepahnie Meyer y la serie “True Blood”. Escribe Fresán: “Poco y nada bueno se puede decir de las cuatro novelas juveniles de Stephenie Meyer salvo admirar -pero no respetar- la maquiavélica agudeza de sus mordidas. La ecuación que resolvió Meyer -quien, casi orgullosa, ha declarado no haber leído nunca Drácula porque le da miedo la sangre- fue la de intuir que, cerradas las puertas de la academia de Harry Potter, quedaba sin nada que hacer un nutrido grupo de egresados en una edad donde los infantiles trucos de magia ya se ven superados por las tretas misteriosas de la adolescencia y del despertar del sexo. Lo que ha hecho -o deshecho, con pésima prosa- Meyer es trasladar el imaginario de Shakespeare, Austen y las hermanas Brontë a un contexto de High School Musical con vampiros diurnos, guapísimos, sin dentaduras afiladas, conservadores más que bien conservados y muy respetuosos de los ritos matrimoniales. True Blood, serie creada por Alan «A dos metros bajo tierra» Ball a partir de las hasta la fecha ocho novelas de Charlaine Harris -a las que la adaptación televisiva priva, por suerte, de una primera persona narradora en plan Bridget Jones versión white trash-, tiene intenciones más serias y al mismo tiempo mucho más divertidas. Más allá de una endeble intriga policial, lo que aquí vale es la sátira político-social, donde los vampiros han «salido del ataúd», beben sangre artificial made in Japan para no atacar a humanos (idea ya presente en los cómics de la curvilínea Vampirella) y son atacados por humanos que trafican con sangre de vampiro (poderoso y alucinógeno afrodisíaco), mientras la telépata Sookie Stackhouse y el vampiro Bill Compton sólo desean que los dejen amarse en paz entre las ciénagas y tugurios de Bon Temps, Louisiana”.

imagen tomada de quepasa.cl


El mito se trasluce, y termina por convertirse en un remiendo de lo que fue en su momento. “Crepúsculo”, la película basada en la novela de Meyer es prácticamente ver a vampiros republicanos que no muerden a personas, son “vegetarianos”. Tratados, a su vez, de una manera pobre, primeros planos y magia adolescente. Fresán afirma que todo esto no es más que aprovechar el punto donde se cierra el capítulo Potter y generar una nueva posibilidad de creación de universos. Sin embargo, ¿hasta qué punto está permitido crear universos que van a destrozar las capacidades que la misma literatura se encragó de unificar? Drácula, o el mito del vampiro, no solo que atrapa, sino que es el más fácil de visitar porque permite un desmitificación constante, sin que se pierda ningún atributo. It’s the easy way out, sin duda.

Muchas veces se deben correr riesgos y sospecho que eso es lo que pide Fresán en su artículo.Y detrás de todo esto no existe un pedido por respetar los mitos, sino de rehacerlos, pero a la altura de sus inicios, algo que quizás no sea complicado. No sé, pero pienso en John Landis y su “Innocent Blood”, que para mí se reviste de elementos de Coppola con algo de acierto; o “30 days of night”, donde una buena idea se rompe por una pésima resolución. Hay maneras, de seguro, mientras tanto habrá que soportar todo tipo de vampiros.

imagen tomada de media.newtimes.com

Por lo pronto, el artículo está muy bueno, léanlo acá.
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2 comentarios en “Los vampiros, versión Fresán

  1. Yo había pensado eso también. La man aplicó la del oportunista, los “children” harrypoteros se volvieron “teenagers”, entonces “hay que ofrecerles papa”. Es literatura, pero también es comercio. Quién sabe si la man tenía a algún marketero atrás de ella diciéndole: “aprovecha la coyuntura loca”. Y salió Crepúsculo y todos esos bodrios. De q los enanos han empezado a leer más, están leyendo más. Ahora la cuestión es que siguen leyendo mierda. Es Caja Boba versión literatura.

  2. Yo había pensado eso también. La man aplicó la del oportunista, los “children” harrypoteros se volvieron “teenagers”, entonces “hay que ofrecerles papa”. Es literatura, pero también es comercio. Quién sabe si la man tenía a algún marketero atrás de ella diciéndole: “aprovecha la coyuntura loca”. Y salió Crepúsculo y todos esos bodrios. De q los enanos han empezado a leer más, están leyendo más. Ahora la cuestión es que siguen leyendo mierda. Es Caja Boba versión literatura.

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