La bienvenida

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El retorno a Quito luego de las fiestas de fin de año es un acto de reconocimiento del complejo de algunos. Existe, es, lastimosamente es. El escenario es el siguiente: sala de equipajes, luego de bajar del avión repleto de turistas extranjeros, su mayoría de Canadá (por sus maletas de mano se puede observar de dónde son), que han pasado varios días en Galápagos, disfrutando de unas vacaciones al inicio del 2009.

Agradables, se ríen entre ellos. No gritan, ni dicen cosas en voz alta, no molestan a nadie más que a ellos. La figura del visitante controlado. Nada del otro mundo, algo simplemente reconfortante.

El otro extremo. Al inicio del carrusel que lleva las maletas en vueltas infinitas para que venga el dueño y las reconozca, está un señor local. Un gordito, diríamos, horroroso, de lentes, cabello que se ensortija de cierta forma. Lleva un caki y una camisa de cuadros entre blancos, melón y algo de amarillo. El tipo no dice nada, está en su mundo, alguno que debe tener probabilidades de ser nauseabundo.

Sucede el “accidente”: un par de acomedidos que buscan su maleta entre las que se “parecen” y no certifican con el ticket que te dan en el counter, generan un caos que tiene su corolario en un par de maletas que caen fuera del carrusel, por el borde interno. Por una obvia actividad mental se puede descubrir que esas maletas, si no son regresadas a esa estructura media circular que da vueltas, no podrán encontrarse con sus dueños reales. ¿Qué queda por hacer? Regresarlas, desde luego.

imagen tomada de streetlessons.com

El gordito local está a menos de un metro del “accidente”. Él es el indicado para agacharse con un simple movimiento y recuperar las maletas. No se mueve, no se inmuta, no respira. Está muerto en su propia grasa maligna. Un canadiense pelado, sin nada de pelo sobre su reluciente calva, lo mira, le dice “Hey!” y señala las maletas. Con el gesto le pide que las levante, porque ya sabemos que nadie podrá obtenerlas con tanta facilidad como el resto. El gordo mira al canadiense, solo lo observa con cierto desdén y no se mueve.

“Baldy” se molesta un poco ante esa impaidez mortal del, digamos, “longo fiero”, que se hace el que no entiende, pero todos entendemos lo que pasa ahí. “Baldy” se mueve de dónde está y con fuerza recoge las maletas él mismo y las coloca en el carrusel y al terminar regresa una mirada de rechazo ante esa inactividad ante el problema del que está a su lado. El gordito decide ofenderse y grita, vocifera, lanza toda su inteligencia local al caño con frases como: “¿Qué quieres?”, “¿Qué te pasa?”, “¿Qué te crees?”. “Baldy”, de Canadá, dice una palabra en español con fuerte acento, “ayuda”, pronuncia. El gordo se queda callado un segundo y sigue hablando. Esta vez lo hace en inglés. Nos mira a los locales que estamos a su alrededor y busca nuestra aprobación. Todos lo miramos con cierto desprecio. ¿Qué le pasa a la gente de acá”, pienso.

Los canadienses se acercan a “Baldy”, le preguntan qué le pasa y él explica, con obvia decepción y coraje lo que acaba de pasar. La falta de actitud de un gordo quiteño con relación a los problemas que se le pueden gestar a otros. Son ya siete ellos y los siete lanzan comentarios en desaprobación. El gordito, que ha seguido hablando, pronuncia en un inglés de mierda “¿Y qué me vienes a decir que hiciera?”. “Baldy” responde: “Que ayudes a alguien porque esa maleta debe ser de alguien”. Luego llega la antología de la estupidez. El colmo de los absurdos, la metonimia ridícula. La representación de los criminales:

Gordo de mierda: “No pueden venir acá a darle órdenes a la gente. ¡Qué se creen! Por eso los odiamos. Fuck you, fuck you, fuck you”.

imagen tomada de alwaysurluv.blogspot.com

“Baldy” y sus amigos se quedan callados. Yo me quedo de una pieza. Ellos no lo pueden creer, ni yo. Una señora en silla de ruedas mira al gordo y lo desprecia con un simple gesto. Ante esos casos me congelo para no reaccionar mal. Es algo que no se cree. Miss K está a mi lado y se horroriza, mira a uno de los canadienses y pide disculpas por el acto basado en el complejo de un animal que no puede darse cuenta que estamos ante personas curiosas que vienen a gastar dinero en nuestro país, a pasarla bien porque les interesa, que pueden hablar maravillas a otros que en similares características y así generar un real conocimiento del país. Quererlo como es. No, el gordo acomplejado se enoja porque le dieron una lección de solidaridad. El gordo de mierda se toma la atribución de representarnos como acomplejados.

“We don’t hate you”, les dice Miss K a los canadienses, pero las palabras ya fueron lanzadas. Mierda de gente…

15 comentarios en “La bienvenida

  1. Lo que viste no es mas que otro logro de la “revolución ciudadana”.

    Mientras eso pasa en Quito, la perla se llena cada vez más de turistas bien atendidos por los sorprendidos guayacos que jamás han tenido tal suerte.

  2. Lo que viste no es mas que otro logro de la “revolución ciudadana”.

    Mientras eso pasa en Quito, la perla se llena cada vez más de turistas bien atendidos por los sorprendidos guayacos que jamás han tenido tal suerte.

  3. Tenaz lo que ha sucedido; en todo lado existen personas estúpidas y malcriadas, hasta en sus casas y con su familia son así. Qué pena que hayas tenido que vivir esos momentos desagrdables. A propósito te deseo un año lleno de éxitos.
    lo que no comprendo es qué tiene que ver el energúmeno del que relatas con la “revolución ciudadana”. saludos

  4. Tenaz lo que ha sucedido; en todo lado existen personas estúpidas y malcriadas, hasta en sus casas y con su familia son así. Qué pena que hayas tenido que vivir esos momentos desagrdables. A propósito te deseo un año lleno de éxitos.
    lo que no comprendo es qué tiene que ver el energúmeno del que relatas con la “revolución ciudadana”. saludos

  5. La revolucion ciudadana tiene muchísimo de ultra nacionalismo ciego, y el lider Rafael enseña a odiar lo foráneo, especialmente aquello que parezca “gringo”. Más que seguro que el energúmeno no sabía que los visitantes eran canadienses, o le importaba un pito de dónde eran. Basta que hablen inglés y sean “blanquitos” para el el revolucionario del siglo XXI promedio los odie.

  6. La revolucion ciudadana tiene muchísimo de ultra nacionalismo ciego, y el lider Rafael enseña a odiar lo foráneo, especialmente aquello que parezca “gringo”. Más que seguro que el energúmeno no sabía que los visitantes eran canadienses, o le importaba un pito de dónde eran. Basta que hablen inglés y sean “blanquitos” para el el revolucionario del siglo XXI promedio los odie.

  7. Saludos Roberto….

    No sé hasta qué punto pueda decir que la revolución ciudadana tenga que ver de manera directa.

    Las circunstancias actuales a nivel político de la región pueden ser vistas como el germen que señalas… Aunque no sé si del todo.

    Ese abusrdo es generalizado y tiene mucho tiempo dando vueltas por ahí. En definitiva.

    Saludos y gracias por la visita

  8. Saludos Roberto….

    No sé hasta qué punto pueda decir que la revolución ciudadana tenga que ver de manera directa.

    Las circunstancias actuales a nivel político de la región pueden ser vistas como el germen que señalas… Aunque no sé si del todo.

    Ese abusrdo es generalizado y tiene mucho tiempo dando vueltas por ahí. En definitiva.

    Saludos y gracias por la visita

  9. Yo tampoco creo que lo de la ‘Re-bolú-ción’ tenga mucho que ver. Es más una cuestión de costumbres.

    Por eso me molesta cuando el Paco Velasco, ejemplo de periodismo imbéstigativo (sic), se pone a ladrar en la radio sobre lo forajidos y rebeldes que son en Quito, cuando en realidad la gente de esta ciudad, en general, tiende a ser pasiva, apática, crédula e indolente. Es hasta contagioso. Nomás vean si algún usuario reacciona o hace algo al presenciar un robo en un autobus popular o en un sitio público. O vayan a la oficina del servicio al cliente del trolebús y chequeen el número de quejas registradas desde que se inició el servicio. Cómo será de grave que cuando vas a presentar un reclamo la encargada te ruega que convoques a tus familiares o amigos que usan el servicio a que vengan más seguido a quejarse, que si las cosas no cambian demasiado es también porque la gente no reclama ni dice nada. Es en esos escenarios cotidianos en los que valdría la pena ver en acción a los tira piedras o forajidos que dizque no se ahuevan, no cuando un populista idiota lo pone de moda en la radio.

    hablen inglés y sean “blanquitos” para el el revolucionario del siglo XXI promedio los odie.

    Yo en cambio lo que veo en la gente es que a los extranjeros que se pintan como doctos les tienen una suerte de reverencia estúpida. Mexicanos, colombianos, argentinitos pelmazos o hasta cubanos que en muchos casos son unos chantas de mierda, la gente se deja ver la cara por ellos en casos en los que más bien deberían tener cuidado. “Es que ese médico es cubano, ves, esos sí saben”, “es que ese conferencista, verás que viene de México, ha de saber bastante”… Prejuicios que a veces les salen caros.

  10. Yo tampoco creo que lo de la ‘Re-bolú-ción’ tenga mucho que ver. Es más una cuestión de costumbres.

    Por eso me molesta cuando el Paco Velasco, ejemplo de periodismo imbéstigativo (sic), se pone a ladrar en la radio sobre lo forajidos y rebeldes que son en Quito, cuando en realidad la gente de esta ciudad, en general, tiende a ser pasiva, apática, crédula e indolente. Es hasta contagioso. Nomás vean si algún usuario reacciona o hace algo al presenciar un robo en un autobus popular o en un sitio público. O vayan a la oficina del servicio al cliente del trolebús y chequeen el número de quejas registradas desde que se inició el servicio. Cómo será de grave que cuando vas a presentar un reclamo la encargada te ruega que convoques a tus familiares o amigos que usan el servicio a que vengan más seguido a quejarse, que si las cosas no cambian demasiado es también porque la gente no reclama ni dice nada. Es en esos escenarios cotidianos en los que valdría la pena ver en acción a los tira piedras o forajidos que dizque no se ahuevan, no cuando un populista idiota lo pone de moda en la radio.

    hablen inglés y sean “blanquitos” para el el revolucionario del siglo XXI promedio los odie.

    Yo en cambio lo que veo en la gente es que a los extranjeros que se pintan como doctos les tienen una suerte de reverencia estúpida. Mexicanos, colombianos, argentinitos pelmazos o hasta cubanos que en muchos casos son unos chantas de mierda, la gente se deja ver la cara por ellos en casos en los que más bien deberían tener cuidado. “Es que ese médico es cubano, ves, esos sí saben”, “es que ese conferencista, verás que viene de México, ha de saber bastante”… Prejuicios que a veces les salen caros.

  11. Es, por lo menos, exagerado pretender que la grosería, el complejo de inferioridad y el facilismo de culpar a otros que nos corroen desde hace tieeempo sean culpa de este gobierno.

    Sí es cierto que el discurso populista de nuestro caudillo promueve el odio y el complejo de clases y nos ofrece la comodidad de culpar a los otros de nuestros problemas, así que ayuda a que esta actitud se siga perpetuando. Pero no es el único que hace esto y tampoco es patrimonio de la izquierda ni de Quito este tipo de retórica (por ejemplo, LFC fue un gran promotor del regionalismo, porque le daba una imagen que captaba votos. Así es la ceguera y el inmediatismo político de nuestros líderes que no cambian)

    En cuanto a la anécdota, me espanta, me deprime, me desesperanza. Hay tantos elementos ahí: el complejo, una falta de solidaridad y de respeto elementales, y el sentirse bacansísimo porque se insulta a los “poderosos”. Y una visión a tan corto plazo que se cae sola.

    No sé, dan hasta ganas de preguntarte por qué no le caíste encima al sujeto de tu historia, pero es solamente una reacción visceral.

    Saludos.

  12. Es, por lo menos, exagerado pretender que la grosería, el complejo de inferioridad y el facilismo de culpar a otros que nos corroen desde hace tieeempo sean culpa de este gobierno.

    Sí es cierto que el discurso populista de nuestro caudillo promueve el odio y el complejo de clases y nos ofrece la comodidad de culpar a los otros de nuestros problemas, así que ayuda a que esta actitud se siga perpetuando. Pero no es el único que hace esto y tampoco es patrimonio de la izquierda ni de Quito este tipo de retórica (por ejemplo, LFC fue un gran promotor del regionalismo, porque le daba una imagen que captaba votos. Así es la ceguera y el inmediatismo político de nuestros líderes que no cambian)

    En cuanto a la anécdota, me espanta, me deprime, me desesperanza. Hay tantos elementos ahí: el complejo, una falta de solidaridad y de respeto elementales, y el sentirse bacansísimo porque se insulta a los “poderosos”. Y una visión a tan corto plazo que se cae sola.

    No sé, dan hasta ganas de preguntarte por qué no le caíste encima al sujeto de tu historia, pero es solamente una reacción visceral.

    Saludos.

  13. Comprendo tu indignación por lo ocurrido
    pero no con los apelativos que has utilizado para tu crónica…..
    pero intuyo por donde van los tiros……..
    longo fiero
    El gordito local
    La falta de actitud de un gordo quiteño
    Un gordito, diríamos, horroroso, de lentes, cabello que se ensortija de cierta forma.
    Gordo de mierda
    comprendo tu indignación por lo ocurrido
    pero no con los apelativos que has utilizado para tu crónica…..

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