LFC (y no precisamente Los Fabulosos Cadillacs)

caricatura de bonil, imagen tomada de bonilperiodismo.blogspot.com

¿Por qué la muerte de Febres Cordero, ex Presidente del país, significó el llanto del Ecuador, según la mayoría de los medios de comunicación? La respuesta a esta pregunta es muy obvia: Los medios, enfrentados al mandatario de turno, Rafael Correa, por la necesidad que tiene el Presidente de polarizar a sus enemigos en un solo punto (leer los principios de comunicación política de Goebbels), lo que se ha definido en la frase del momento, “La prensa corrupta”, han caído en el juego y con la circunstancia humana evidente como la muerte han encontrado la excusa para crear un mito, una figura que pueda enfrentarlo, un personaje que llega al nivel de la leyenda con su muerte. Sí, un digno contrincante.

Cualquier prensamiento alrededor de títulos como “El país llora a León”, por ejemplo, no puede ser tomado como una literalidad. “Mientras unos se reorganizaban en La Canoa e imploraban al pueblo que no les dé la espalda en este desesperado momento, otra declaraba en TV que tal vez el líder, con su muerte, podría ser un impulso para su eventual candidatura…”, escribe Héctor Chiriboga en un artículo de diario El Telégrafo. Y yo me pregunto: ¿eso es extraño? No, era obvio, era lo inmediato, la consecuencia de una forma de hacer política que hasta el momento ha generado filiaciones pasionales y nada razonables (la frase: “Esta es la primera vez que un Gobierno se preocupa por los pobres” es una constante en estos momentos, y detrás de ella nada más importa, nada) y hasta excusas y justificaciones de lo que sucede a nivel de administración. Lo peor que le pudo pasar a Rafael Correa, a nivel político, es la muerte de un ser que él mismo se encargó de revivir.

León Febres Cordero había visto su poder diezmado. En las últimas elecciones que participó (de seguro porque sintió que nadie más podía hacer el trabajo necesario para limpiar el país) llegó al Congreso con lo mínimo necesario. Incluso recuerdo el revuelo que se armó porque una presentadora de televisión había tenido más votos que él (pero gracias a un sistema de asignación de escaños, ella no llegó, pero él sí). Esto, si tomamos en cuenta que en su anterior candidatura a diputado fue el más votado, fue señal de disminución absoluta de su poder, así como de su presencia en el partido que él se había encargado de poner en lo más arriba. Sí, León Febres Cordero estaba perdiendo adeptos, presencia y poder. Su última gran maniobra fue sin duda en la salida de Lucio Gutiérrez del poder. Luego, su propia salud se encargaría de dejarlo de lado, de ensimismarlo y enviarlo al silencio, hasta recuperarse.

caricatura de bonil, imagen tomada de bonilperiodismo.blogspot.com

Rafael Correa llega y aún cuando hasta hace poco hablaba de LFC se refería a él como su “adversario político”. Pienso en esa frase, él mismo presidente establece a su contrario, a todos por el mismo sitio, desde luego, y esa persona está diezmada en su poder y salud. ¿Cómo se lo fortalece? Removiendo el avispero del pasado. En un país acostumbrado a olvidar, eso ha resultado ser un arma de importancia y consiguió su objetivo. Para el Gobierno de la Revolución Ciudadana, LFC representaba el daño al país. Probablemente haya sido así, no quiero entrar a poner en duda aquello. La famosa Comisión de la Verdad (que tuvo la oportunidad de dar los elementos para enjuiciar en vida a un ser que cometió atropellos contra muchas personas, en nombre de un bien superior -según lo que creía-, pues se quedó de año: ahora presentará un informe en junio, con LFC enterrado y bien enterrado) se convirtió en vehículo de aquello. El ataque a la administración del Partido Social Cristiano en Guayaquil (el partido de LFC), también fue una constante (y quizás siga siendo) con la misma idea de teerminar un poderío que es necesario para encontrar culpables de la debacle y justificaciones para la solución (el problema de esto es que el Gobierno central, con una ceguera evidente, intentó bajo todos los motivos unificar la figura del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, a la de León Febres Cordero, cuando en la ciudad llevaban muchos años de separación, de distancia. Nebot no era del PSC en Guayaquil, Nebot era Nebot). Y por último, en medio de otros causantes de la crisis, el Gobierno se encargó de acusar a la prensa de ser corresponsables de la larga noche neolibreal.

El Presidente y sus ministros han criticado a los medios en función de sus aspiraciones. ¿Si quiero cambiar el país, según mi visión del mundo o lo que creo que es mejor, pues debería también transformar el reflejo de ese mundo? Desde luego, el control de medios se hace necesario y así, al existir medios estatales (que deberían ser eso en su totalidad, estatales), se corre el riesgo de que se transformen en gobiernistas… un riesgo posible en un país con problemas de gobernabilidad. Claro, pero el punto más elevado de esta confrontación está en acusar de corruptos a ciertos medios y periodistas, sobre todo a quienes manifiestan algún tipo de cuestionamiento a la administración. Llegando a acusarlos de manera simplista (y escudándose en eso de que “la gente me ha dicho”) de comprar testimonios, de mentir (cuando el mismo Presidente no resiste una toma de archivo porque suss contradicciones son evidentes… contradicciones, no errores), de buscar desestabilizar y de mantener los intereses de esa partidocracia que ha causado el daño del país.

Los medios han entrado en el juego.

LFC junto a Fidel Castro, imagen tomada de desconexioncubana.com

Y así, en este momento duro del país, con un petróleo que se vende a menos de 20 dólares le barril, que se habla de días complicados en el horizonte, que el Gobierno busca reducir gastos porque hay que proteger la economía del país (que hasta el momento no ha tenido nada más que precisiones de campaña política… El movimiento que está en la Presidencia ha hecho mucho por muchas personas del país, pero con un claro motivo de continuar en el poder, por ejemplo), que se hace evidente que la corrupción es una forma de hacer política en Ecuador incluso para los gobiernos que dicen que van a cambiar las cosas… pues el enemigo en común, unificado en una sola cosa, entra al ataque y trata de generar esa figura de oposición con fortaleza, que sea la que manifieste en frente en común y al final del día parece que lo consiguen.

Lo peor, dentro de la dinámica del mundo, que le pudo pasar a Correa, es la muerte de León Febres Cordero, su rival político, y que como toda perspectiva del némesis, es su mismo yo, frente al espejo.

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