La isla de la fantasía

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imagen tomada de elresumen.com

La historia es sencilla y a la vez se mueve en una complejidad propia de la mano que la creó. Adolfo Bioy Casares idea un relato de ciencia ficción en el que un hombre que busca y se permite escapar de prisión, y llega en su escape a una isla en la que algo está pasando. “La invención de Morel” es una de las grandes novelas cortas que se han escrito y es a su vez un tratado sobre cómo eso que uno desea se convierte en su principal imposibilidad. Y si digo tratado es porque lo fantástico de la novela se sustenta con una explicación sobre las presencias: el hombre que quiere no ser nada para nadie se descubre en medio de una isla con individuos que aparecen, sobre los que no tiene posesión.

Uno es lo que obtiene de otro y si no lo puede hacer, ¿qué sucede?

Bioy Casares juega a las elucubraciones. En “La invención…” sabemos muy pocas cosas, si nos ponemos a pensar bien en todo lo que hay alrededor de las líneas veremos que casi nada. Sabemos lo que ese personaje narrador, culto, casi literato, consigue trasladar por escrito, como un informe para la persona que llegue a encontrarlo, como una guía, un mapa a seguir. Leemos ese mapa, estamos en la misma posición, la literatura es una isla también, rodeada de seres a los que vemos y con los que podemos interactuar por medio de la lectura… casi los podemos ver, pero no nos cruzamos con ellos.

“La invención de Morel” es ua forma de ver la lectura, de encarar a la ciencia ficción como transformación de la ficción. O al menos como fuente para sus diversas narraciones, posibilidades. En esa isla de la fantasía no tenemos opción. Así como el personaje de Bioy, que escapa de un crimen y se enfrenta a otro, al del trabajo de Morel, quien decide crear el disco eterno, sacar todo de contexto y así jugar a la eternidad. La mejor manera es dejar que todo abandone algún sentido y con eso no hay problema para vivir eternamente. Morel lo supo y crea su máquina. El personaje está ahí. Morel es el creador y el narrador es el lector. Luego somos nosotros los que leemos las posibilidades y jugamos a lo mismo. Entramos en el juego y así creamos el arte, con el contexto que le damos.

Para esa eternidad en la isla de la fantasía lo único que queda es crear el fondo.

imagen tomada de letrasgraficas.files.wordpress.com

La historia da su vuelco cuando el personaje que narra sus vivencias en esa isla que pensaba abandonada, con instalaciones para habitaciones, pileta y museo, se enamora de Faustine, una mujer que ignora todos sus intentos de cercanía y que él detalla con precisión en este ‘diario de una novela’. Luego descubre la razón, la invención de Morel, que la hace vivir todo el tiempo, repetirse hasta el infinito, pero en una sola perspectiva, sin importar lo que hay alrededor. ¿Cuál es la eternidad acá? El personaje debe enfrentarse a eso, a una decisión importante cuando llega a la mitad de su trayecto. Como todo lector, ¿llego o no hasta el final de la historia? No hay más vueltas. Morel y sus amigos han estado ahí quién sabe cuánto tiempo, el narrador sólo nos los trae a la cabeza, a la lectura, y así somos testigos de la creación, de la recreación, de la memoria.

“La invención de Morel” es la mejor metáfora sobre el lector como el ente fundamental de todo proceso literario. Y es una novela del carajo.

2 comentarios en “La isla de la fantasía

  1. Realmente me resultó muy interesante tu visión de esta gran novela de Bioy.
    Yo la leí hace mucho y para el colegio… Pero más allá de lo genial de la novela, recuerdo que la edición que había comprado mi mamá tenía un facsimíl de puño y letra de Bioy en el que decía algo así como, para el alumno, leelo si te gusta y tenés ganas y para el maestro, si el alumno no quiere leerlo no lo obligue.

    Leer tu nota sobre la novela-lector-autor me hizo recordar eso.

    Saludos.

  2. Realmente me resultó muy interesante tu visión de esta gran novela de Bioy.
    Yo la leí hace mucho y para el colegio… Pero más allá de lo genial de la novela, recuerdo que la edición que había comprado mi mamá tenía un facsimíl de puño y letra de Bioy en el que decía algo así como, para el alumno, leelo si te gusta y tenés ganas y para el maestro, si el alumno no quiere leerlo no lo obligue.

    Leer tu nota sobre la novela-lector-autor me hizo recordar eso.

    Saludos.

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