Vicecampeón y la mentalidad de nuestras autoridades

Sin categoría
Quito es una ciudad que celebra a lo grande sus fiestas de fundación española. También es una ciudad que saca lo que puede contemplarse como lo más extremo de su mestizaje en esos días, y con eso no intento ser peyorativo (pues adoro la ciudad y a sus personas, por eso vivo acá, por eso celebro haber encontrado a Miss K en sus calles), sino evidenciar algo que no logro entender. Ese deseo de celebración es manifiesto, claro, evidente. Todo lo delata. Esa España corrosiva que se muestra en gente lanzándose tomates en Buñol, o que encierra en Pamplona, para ser perseguida por toros que corren sin entender lo que pasa. Sí, tradiciones, pero alguien debe preguntarse por qué pasan, ¿no?

imagen tomada de patricio00.com

Esas cosas sin sentido y que no dejan de ser secuencias de lo curioso y extraño que puede ser el ser humano.

También hay una gran carga indígena que se hace cuerpo con los miles de litros de alcohol que pululan por ahí, que se toman, se beben, se chupan y que últimamente han intentado erradicar con cierto éxito (lo real es que no he visto mares de personas en las calles, en completa ebriedad, como me han contado que solía pasar). Y esa gran carga, que no intenta ser de mi parte una categorización de cierta ‘mala costumbre’ o de ‘estigma de ebriedad’ para una de las razas del país, sino más bien una reflexión sobre aquello que se había transformado en normalidad disfrazada de buena actitud por parte de grandes terratenientes, que durante siglos los tuvieron bajo su tutelaje y obsequiaban alcohol como un sistema de control, sometimiento y de alegría, a su vez (algo que de seguro sigue pasando), se presenta para muchos como único horizonte en medio de una vida dura y llena de dificultades. El único método de supervivencia. Sí, he visto y he palpado cómo por estas fechas los padres permiten y fomentan que sus hijos menores de edad beban hasta quedar en ebriedad total. No lo ven mal, es parte de la vida… talvez dura.

Esto, más que una crítica, es un intento por clarificar de lo que pasa ante mí.

Y lo primordial en estos días es la lucha que he visto en ciertos sectores, sobre todo los más altos, por ser más españoles que indios. El mestizaje como excusa de su negación. Gente que en estado de ebriedad se ponen a hablar con lo que suponen acento español, que termina siendo ridículo y hasta insoportable.

Pero no solo eso. Hay un violencia ligada con el alcohol y el festejo. He visto seres que se caen de las ‘chivas’ (vehículos con estucturas de madera, en el que la gente se sube, recorre la ciudad bebe, con una banda de pueblo en la parte superior, tocando hasta el cansancio) y terminan en el suelo, heridos, ebrios, inacabados. Con el sonido de una ambulancia de fondo.

Las fiestas pueden ser algo extraño, a medida que lo pienso.

Sin embargo hay experiencias interesantes, como un juego de cartas que es casi sinónimo de país. Jugar cuarenta es una de esas experiencias que suenan a extrañas y estrafalarias para alguien que de seguro no lo ha jugado tanto, peor con el rito que existe en Quito. Una casa llena de personas, todas listas para jugar en un campeonato, excusa de fiestas generales. Diversión, sin duda, las fiestas deben ser eso. Entro a jugar con el primo de Miss K. Aprendes las reglas y tienes el coraje suficiente para saber que puedes hacer algo. Juegas, ganas sin saber cómo y al final, sin que menos lo esperes, hay gente a tu alrededor, vitoreándote. El extranjero, el que nunca ha jugado (quizás sí, pero no lo recuerdo… aunque por lo general soy tan malo para las cartas), el que ve todo con ojos de extraterrestre, empieza a ganar y consigue llegar a la final del campeonato. Y como buena película de Hollywood, pues no ganamos, como Rocky. El triunfo fue ese detalle, esa experiencia de reconocer algo que suena a propio, a local (y no por un sentimiento de protección u orgullo naciona, sino de pertenencia) que te obliga a pensar que las fiestas son para celebrar, no para perder destellos de uno mismo, ya sean mentales (por el alcohol) o de identidad (como esos que quieren ser españoles antes que mestizos).

imagen tomada de dailyfunk.com

No lo digo como guayaquileño en Quito, lo digo como ser humano que tiene una percepción definida y una forma de ver las cosas, con todo el derecho de opinar lo que quiera. Y ese derecho se forja, tiene cuerpo gracias a los procesos mentales que promovemos. Incluso las estupideces nos permiten tener esas precisiones. Y por eso, hablando también de Guayaquil, me entero de la censura en una exposición de arte dentro de la Universidad Católica de la ciudad. Betto Villacís, como parte del colectivo La Vanguardia, iba a presentar un cuadro (“Corvus corax”) en el que retrataba a un vigilante de tránsito con cara de cuervo. Para quienes viven fuera de la ciudad y del país, vale esta aclaración importante: El vigilante de tránsito es el agente que se encarga de controlar y regular el recorrido de los vehículos únicamente en la provincia del Guayas (donde funciona la Comisión de Tránsito del Guayas) y que por mucho tiempo ha sido considerado uno de los funcionarios más corruptos de la provincia, identificándolo con el cuervo (o el buitre, en su defecto), siempre al acecho de alguien para sacarle dinero.

Esa es una de las verdades que todo guayaquileño reconoce como propia.

Sigamos. Villacís iba a presentar ese cuadro hasta que apareció en la prensa, en diario El Expreso, ilustrando la nota. Ricardo Antón, director de la Comisión de Tránsito, vio la imagen y pidió a la Universidad que la sacara porque era ofensiva a su institución; además de ir a la galería en la que se exponía y exigir su salida de la muestra, que lleva el título, gracioso bajo estas circunstancias, de “Parto sin dolor”.

el cuadro de la discordia, tomado de expreso.com.ec

Muchas personas han rechazado esto. Es censura, claro está (y eso valdría otro tipo de reflexión, pues la censura es que lo que nos ha permitido la vida social… siempre vivimos calmando nuestras acciones, controlándonos, poniéndonos límites, etc. Pero insisto, de eso hay que hablar en otro momento) y en este caso en particular es una de las estupideces más grandes que he podido descubrir por parte de un funcionario público. Cuadros que se borran de una muestra: la estupidez es actual, guayaquileña y cretina. Un cuadro va a dañar la dignidad de una Institución que se ha venido a menos por parte de sus propios miembros… yeah, right.

Luego de esto, no te queda más remedio que pensar en cómo el poder puede ser sinónimo de absurdos, en una ciudad que es ya un absurdo, signada por autoridades del Estado, como de una Universidad, que no conciben un mundo que no sea el que ellos quieran pintar… Y eso sí que es la mierda de la censura.

6 comentarios en “Vicecampeón y la mentalidad de nuestras autoridades

  1. Sobre el tema de la censura a la obra de Villacís: Ahi los culpables son la Universidad Católica y el propio Villacís. Por favor que puede hacer Antón para censurar algo? NADA. Y si lo hiciera, si verdaderamente se cree en algo, se tiene que defenderlo con uñas y dientes.

    Si le dicen que tienen que quitarlo, existen medidas legales para hacer respetar tu derecho a la libre expresion, pero si voluntariamente retiro la obra significa que ya no existe el “acto ilegítimo de autoridad pública”, sino que te rendiste a una “advertencia”, lo cual no significa una censura.

  2. ¿y no será que rendirse a la advertencia pueda ser autocensura? y como tal, ¿uno de los mecanismos que nos permiten la vida en sociedad, como dice el post? venga ese post que anuncias, es muy muy interesante.

    bahiana

  3. Princesa, en estos casos una advertencia es suficiente, me imagino. Si lees una nota que le hacen al rector encargado de la Universidad en la que él se hace responsable de la decisión de quitar el cuadro. Ahí creo que no más que medidas legales para haer respetar la expresión es definir de qué parte o desde dónde se toman las decisiones.

    TAmbién creo que hay distintas posibilidades de defensa y en cierta medida la denuncia pública es parte de eso. Al final, retiro voluntario o no (que en este caso no fue así… incluso si lees la nota con Toscanini te puedes dar cuenta de cierta minimización que hace sobre sus empleados que piensan en carácter artístico y no en términos genereales)… hay una intervención ahí y eso es lo que jode, de autoridades que no tienen más que dos dedos de frente.

    Yo lo que haría sería demandar a las autoridades de la Universidad y a Antón. Así de simple.

    Un saludo

  4. Bahiana, primero ahora asumo que no fue una simple advertencia, sino ya un acto de censura claro y obvio. Segundo, estoy convencido de que los mecanismos que reinan la vida del ser humano están basados en los límites. La única manera de ser civilizados no está en la conciencia del otro, sino en la protección legal de todos; es decir, en la normativa que impide que cada tarado haga lo que le dé la gana.

    Somos así, necesitamos algo superior a nosotros para vivir con estabilidad. Y en ese caso, los límites (que se suelen manifestar exageradamente con la censura) son estructuras humanas, que nos dan posibilidad de movernos por la vida.

    La censura hay que contrarrestarla como concepto básico de cualquier autoritarismo, pero en cada caso hay que analizarlo y descubrir lo que hay detrás…

    El post se viene, se viene y pronto.

    Por otro lado, en otro post creo que me preguntabas o me pedías que pusiera ejemplos de dedicatorias que había recibido… Pues me las reservo (me autocensuro) porque tampoco se trata de poner a qué escritores he conocido o las circunstancias alrededor.

    No sé, se me hace muy presuntuoso aquello.

    Gracias por la visita

  5. eduardo,

    sí, creo que vale la distinción. si me contengo rendida ante la advertencia puedo alegar censura externa. distinto es cuando me ‘autocensuro’ si lo hago porque reconozco en eso un deber de civilidad.

    en cuanto a lo otro, creo que me expliqué mal. no te pedía que compartieras las dedicatorias que te han hecho sino que recordaras alguna que tú has escrito al dedicar tus libros. eso porque creo que decías que eras muy malo para aquéllo de las dedicatorias y bueno, a las finales no eres tan malo solo muy exigente. o quizás sí eres muy malo. lo que pasa es que no podemos juzgar si no hemos visto. pero claro, esto puede tomarse como curiosa indiscreción y lo entiendo.no big deal.

    y, en todo caso, gracias a ti por el espacio y la acogida. nos dejas a la espera de ese post sobre censura, autocensura, límites, etc.

    salu2,

    bahiana

  6. … Pues gracias por la aclaración, bahiana…

    Te aseguro que mis dedicatorias son un completo desastre, así que no valdría la pena traerlas a colación…

    Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s