A un paso de lo oficial (1)

“Dear Prudence, won’t you come out to play”
John Lennon

Quizás haya que partir dando las explicaciones del caso. Existen y hay que sostener y defender las grandes diferencias que se dan cuando usamos términos, que en definitiva sí funcionan como conceptos que se mueven por sí solos. Estado, como idea, hace referencia a toda la colectividad, a nosotros los que vivimos en este pedazo de país. Gobierno simplemente es el grupo de personas que se dedican a dictar y normar las políticas públicas parta administras ese Estado, y gobiernistas son aquellos que ven en el Gobierno su biblia o camino a seguir.

De los tres, al último hay que temerle. A los dos primeros, pues ponerles el ojo y tratar de revisar si están haciendo bien las cosas. Eso es todo. ¿El Estado o lo estatal es malo de por sí? No, pero la experiencia que hemos tenido en latitudes como la ecuatoriana nos hace suponer que utilizar dicho término puede ser sinónimo de incapacidad, trampa, engaño, hurto y desamparo (sobre todo por la linda burocracia que hemos manejado). Por eso, el Estado tiene un ligero sesgo de incredulidad en todos y me incluyo. Pero trato de pensar en la dirección que debieran tomar las cosas y creer (como un pequeño incrédulo) que de cierta manera las cosas puedan funcionar como debieran hacerlo. Esa es la razón que hay detrás de mi colaboración en el diario El Telégrafo, diario estatal, público, que no por eso debiera ser considerado un desastre, sino más bien por sus frutos y hasta ahora (que el diario está en el ojo de la tormenta y cualquier cosa que publica termina teniendo un sentido progobiernista, cuando en muchas ocasiones no es así) sale ganando y perdiendo, como todos.

El poeta Paúl Puma, invitado a la FILVEN, imagen tomada de telegrafo.com.ec

A lo que quiero llegar es que justamente leyendo el diario, en particular las notas que están haciendo desde la FILVEN 2008, en que hay una delegación ecuatoriana, me saltan dudas sobre la necesidad de que un discurso oficial se vaya gestando desde el arte. Inicia una de esas notas con una afirmación del ministro de Cultura de Venezuela, Héctor Soto, la que me suena a oxymoron: El libro como herramienta de defensa de la identidad y la diversidad cultural es la consigna… pero bueno, quién soy yo para criticar oraciones de ministros extranjeros.

Peor si es el Ministro local. Transcribo: “Por su parte, Galo Mora abogó por “empezar a cambiar las palabras: antes se decía ‘no hay que perder el norte’, cuando era el norte el que nos había perdido a nosotros. Lo que no debemos perder es el destino común de América Latina”. “El ajuste de cuentas con la historia tiene que empezar por revisar nuestra propia memoria”, agregó Mora durante la presentación de la feria en el céntrico parque de Los Caobos, de la capital venezolana”. Creo que cuando se encuentra uno con oraciones como esta, especialmente si tienes criterios distintos, sientes que caes en la demagogia de la búsqueda de algo que ya está perdido y que no vale encontrar, o que quizás está ahí: la memoria ‘nuestra’ es la memoria de los individuos… pero bueno, tampoco se trata de polemizar por todo.

imagen tomada de telegrafo.com.ec

Se trata, en definitiva de reconocer que si bien es cierto que se ha hecho muy poco o nada a nivel de Estado por las artes, en especial de la literatura, lo que se está haciendo ahora es un intento por ravlidar aquello que ya otros lugares han revalidado hace 60 años y ya ahora no lo necesitan. Entonces, ¿vivimos en ese atraso cultural? ¿Necesitamos seguir el camino que otras culturas han llevado adelante para generar identidad? Lo más gracioso de esto es que la identidad no se la genera… está ahí, presente… pero a nivel oficial hay que seguir buscándola. Especialmente cuando en nombre de una idea de región, de reconocimiento, celebramos algo sin ver su total dimensión: “En 2005, como conmemoración a los 400 años de la primera edición de “El Quijote”, de Miguel de Cervantes, se editaron y distribuyeron gratuitamente un millón de ejemplares del libro en todas las plazas Bolívar del país caribeño”, sin reconocer que ese libro entregado fue un pedido del Gobierno de Chávez a Alfaguara, pero con una condición: que quitaran el prólogo de Mario Vargas Llosa y pusieran otro, en este caso de José Saramago.

Ese paseo por lo oficial es lo que hay que reconocer como peligroso, de cierta manera. En especial si los discursos derraman un deseo de identidad que existe ya en el pueblo, en sus habitantes, y de cuyo interés político debemos partir. ¿El Estado debe ayudar a la creación? Desde luego, es su deber, pero a una creación libre, porque en esa creación libre está el individuo creador que es parte de un colectivo. De una identidad definida no podemos pasar a una diversidad cultural… pero sí viceversa….

imagen tomada de telegrafo.com.ec

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6 comentarios en “A un paso de lo oficial (1)

  1. Hay muchas observaciones agudas en tu artículo, me atrevo a decir que te entiendo ya que estoy relacionada con lo que es gestión cultural, en mi caso, la música rock.
    En este contexto se critica mucho el festival que estos momentos se está realizando en Quito, el Quitu Raymi, que tiene una línea ideológica definida y que precisamente, proclama que uno de sus objetivos es homenajear los años de resistencia cultural de nuestros pueblos, en otras palabras, celebrar la propia identidad.

    Concuerdo contigo en que la identidad está ahí, es algo dado, algo real, no algo que esté esperando por ser creado y sin embargo me parece que lo que nos falta es reconocerla. Todavía hay rasgos de nuestro imaginario colectivo que nos averguenzan, que negamos, que procuramos no ver. En ese sentido sí es importante la gestión estatal porque al no ser la cultura un producto altamente rentable, la empresa privada no se interesará en impulsarla o protegerla.

    El Estado tendría que intervenir ante todo con políticas de difusión y campañas por la tolerancia, acceso a los espacios públicos, reducción de la burocracia cultural y reestructuración de los gremios de artistas y de gestión colectiva de derechos de autor.

    De cualquier manera hay que recordar que no somos apolíticos nunca, y más bien ha sido la indiferencia política la que ha empobrecido nuestra capacidad artística, en un círculo vicioso.

  2. Hay muchas observaciones agudas en tu artículo, me atrevo a decir que te entiendo ya que estoy relacionada con lo que es gestión cultural, en mi caso, la música rock.
    En este contexto se critica mucho el festival que estos momentos se está realizando en Quito, el Quitu Raymi, que tiene una línea ideológica definida y que precisamente, proclama que uno de sus objetivos es homenajear los años de resistencia cultural de nuestros pueblos, en otras palabras, celebrar la propia identidad.

    Concuerdo contigo en que la identidad está ahí, es algo dado, algo real, no algo que esté esperando por ser creado y sin embargo me parece que lo que nos falta es reconocerla. Todavía hay rasgos de nuestro imaginario colectivo que nos averguenzan, que negamos, que procuramos no ver. En ese sentido sí es importante la gestión estatal porque al no ser la cultura un producto altamente rentable, la empresa privada no se interesará en impulsarla o protegerla.

    El Estado tendría que intervenir ante todo con políticas de difusión y campañas por la tolerancia, acceso a los espacios públicos, reducción de la burocracia cultural y reestructuración de los gremios de artistas y de gestión colectiva de derechos de autor.

    De cualquier manera hay que recordar que no somos apolíticos nunca, y más bien ha sido la indiferencia política la que ha empobrecido nuestra capacidad artística, en un círculo vicioso.

  3. Silvi, gracias por tu visita y reflexión…

    Dándole vueltas a la idea, especialmente a la resistencia, creo que en cierta medida el término es que le da una categoría que no debería tener todo acto de revalidación o celebración de una forma de ver lo que somos. Creo que la identidad y sus prácticas (parciales, y con esto me refiero las que son parte de una colectvidad específica) no resisten: persisten… y eso es de por sí una postura política (porque estoy de acuerdo contigo, todo el mundo es político… y yo, viniendo de una ciudad de derecha como Guayaquil no podía ser de derecha, y viviendo en una marcadamente de izquierda, como Quito, tampoco podría serlo… el ser humano no es cara o sello).

    En esa persistencia está el recuerdo, la exhaltación, el mantenimiento de una mirada de mundo que para ciertos colectivos no debería desaparecer. Y probablemente no desaparezca.

    En ese campo es en el que debe intervenir el Estado, de cierta forma como un apoyo a gestores de ciertos procesos de identidad. Que para esto no podrían ser nacionales completamente.

    Cuando escucho que Ecuador es un país andino, por ejemplo, siento que están cortando identidad, dando la idea equivocada. Ecuador es en parte andino, en parte costero, en parte insular y en parte amazónico. Ni siquiera el mayor porcentaje de población del país se ubica en la zona andina. Entonces el mensaje, lo sostengo y lo seguiré sosteniendo, no es del todo correcto. Cruzan Los Andes por el país, pero eso no lo hace país.

    Las identidades locales existen, son las que crean la identidad nacional. Y son entes que cambian y se mantienen. El sincretismo es parte de la vida, especialmente hoy, que el tiempo y las distancias no existen y que quizás sea necesario reconocer lo que somos para ‘jugar mejor el partido’.

    Pero si el término es resistencia, tendríamos que ver ante qué. Porque en ese sentido, en la Sierra podría ser esa resistencia ante estados culturales que no son ‘los nuestros’. Mientras que en la Costa o en la Amazonía podría ser esa resistencia, también cultural, de que el centro del país es la Sierra… Mentalidades que no llevan a ningún lado.

    Entonces persisten y somos parte de eso…

    Muchas gracias por la visita

  4. Silvi, gracias por tu visita y reflexión…

    Dándole vueltas a la idea, especialmente a la resistencia, creo que en cierta medida el término es que le da una categoría que no debería tener todo acto de revalidación o celebración de una forma de ver lo que somos. Creo que la identidad y sus prácticas (parciales, y con esto me refiero las que son parte de una colectvidad específica) no resisten: persisten… y eso es de por sí una postura política (porque estoy de acuerdo contigo, todo el mundo es político… y yo, viniendo de una ciudad de derecha como Guayaquil no podía ser de derecha, y viviendo en una marcadamente de izquierda, como Quito, tampoco podría serlo… el ser humano no es cara o sello).

    En esa persistencia está el recuerdo, la exhaltación, el mantenimiento de una mirada de mundo que para ciertos colectivos no debería desaparecer. Y probablemente no desaparezca.

    En ese campo es en el que debe intervenir el Estado, de cierta forma como un apoyo a gestores de ciertos procesos de identidad. Que para esto no podrían ser nacionales completamente.

    Cuando escucho que Ecuador es un país andino, por ejemplo, siento que están cortando identidad, dando la idea equivocada. Ecuador es en parte andino, en parte costero, en parte insular y en parte amazónico. Ni siquiera el mayor porcentaje de población del país se ubica en la zona andina. Entonces el mensaje, lo sostengo y lo seguiré sosteniendo, no es del todo correcto. Cruzan Los Andes por el país, pero eso no lo hace país.

    Las identidades locales existen, son las que crean la identidad nacional. Y son entes que cambian y se mantienen. El sincretismo es parte de la vida, especialmente hoy, que el tiempo y las distancias no existen y que quizás sea necesario reconocer lo que somos para ‘jugar mejor el partido’.

    Pero si el término es resistencia, tendríamos que ver ante qué. Porque en ese sentido, en la Sierra podría ser esa resistencia ante estados culturales que no son ‘los nuestros’. Mientras que en la Costa o en la Amazonía podría ser esa resistencia, también cultural, de que el centro del país es la Sierra… Mentalidades que no llevan a ningún lado.

    Entonces persisten y somos parte de eso…

    Muchas gracias por la visita

  5. Supongo, ya que en realidad no estoy directamente relacionada, en este caso, con la organización del festival que mencioné, que el término “resistencia” tiene qué ver con la testarudez de nuestros rasgos culturales frente a toda tentativa de aculturización… sobre todo ante la influencia de la potencia norteamericana.
    Pero claro, es evidente, y te doy toda la razón, en que estamos hablando de la “resistencia” de un sector de la cultura, de un sector de la identidad. Nuestro país es diverso, es cierto, pero es natural que cada grupo, cada subcultura, busque reafirmar sus propios valores y su propia cosmovisión como objetivo de todo activismo cultural.

  6. Supongo, ya que en realidad no estoy directamente relacionada, en este caso, con la organización del festival que mencioné, que el término “resistencia” tiene qué ver con la testarudez de nuestros rasgos culturales frente a toda tentativa de aculturización… sobre todo ante la influencia de la potencia norteamericana.
    Pero claro, es evidente, y te doy toda la razón, en que estamos hablando de la “resistencia” de un sector de la cultura, de un sector de la identidad. Nuestro país es diverso, es cierto, pero es natural que cada grupo, cada subcultura, busque reafirmar sus propios valores y su propia cosmovisión como objetivo de todo activismo cultural.

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