Fuera de las manos

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imagen tomada de farm3.static.flickr.com

La historia es sencilla, casi evidente, tanto que parece salida de la mente de un publicista y no de un escritor. “Drácula: The Un-dead” vendría a ser lo que muchas voces denominarían como una continuación, basada en las anotaciones que quedaron afuera de la novela original de Bram Stoker, porque simplemente no debían ir. Resulta que el sobrino tataranieto de Stoker, Drace, ‘adecuadamente’ las ‘encontró’ en una limpieza de desván y se alió con el un experto en la obra de su pariente, Ian Holt para que el libro esté listo el 2009, así como una película basada en el mismo.

Sinopsis: Años después de haber acabado con el Conde, los sobrevivientes de aquella expedición son asechados por ‘alguien’. ¿Quién será ese alguien? El protagonista es Quincy Harker, hijo de Mina y Jonathan, quien se pone a investigar quién está detrás del asesinato de su padre.

De eso se trata todo, de dejar que las historias se salgan de las manos de los autores. Con el riesgo que eso significa.

Y aquí ‘riesgo’ está ligado a destruir una historia que aparentemente ya tenía su universo cerrado. Siempre existe aquello. Cervantes decidió matar al Quijote, en la segunda parte que escribió de las aventuras de su personaje insigne, para que nadie más se sintiera con el derecho de continuar con sus andanzas, de no ser él (habían aparecido varias luego de la salida y del éxito de la primera parte que escribiera Cervantes). ¿Solución? Para nada, hay muchas formas de aproximación a una historia. Como sentencia: Juan Montalvo tiene un maravilloso texto que titula “Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, prueba del ingenio de la continuidad interminable de las historias, que pueden soportar las muertes, inclusive.

imagen tomada de jamillan.com

Cada vez que me encuentro con esas ideas, recuerdo que uno de mis primeros intereses en contar historias estaba en continuarlas. Películas que veía y el engaño que lograba anticipar con ciertos amigos del colegio (en los dos primeros años) de segundas y terceras partes inexistentes (que para esto tenían gran ritmo y conseguían llamar la atención de muchos). Luego haría de eso sentencias para dedicarme a la escritura, al tal punto que tengo en algún lugar de esta computadoras, desde la que escribo, una serie de relatos y anotaciones que he dado por llamar “Secuelas”, como si el título me reafirmara algo. Más que falta de creatividad, lo siento como celebración del ingenio, ajeno y propio.

Por esa razón, cuando encuentro que una historia resulta ser la continuidad de otra, o la extrapolación o descontextualización (relectura, también), me siento y la disfruto con ese mismo deseo de descubrir aquello que suena a novedad en medio de las ideas que van y vuelven. Porque siempre hay algo para contarse, porque siempre hay algo que puede ser contado varias veces… porque el Cuarteto de Alejandría, de Durrell, me trastornó en su momento.

Lawrence Durrell, imagen tomada de media-2.web.britannica.com

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