Nobel y final

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imagen tomada de eluniverso.com

José “Pipo” Martínez Queirolo ha muerto, ayer al mediodía, en Guayaquil. En otro diario se duice que falleció a las 15:00, víctima de un infarto. Bueno, no importa la precisión, sino el hecho quje en definitiva se traduce en el final. Tenía 77 años y un cáncer que no lo dejó en paz por mucho tiempo. Los obituarios de los diarios hablan de la calidad de sus obras, de las 50 que creó y que fueron representadas en diversos escenarios del país, por agurpaciones que él mimso fundó. La característica principal que le otorgan es la de ser “el dramaturgo ecuatoriano más representado del país”.

Alguna vez estuve a punto de conocerlo. Creo que debí hablar por teléfono con él cierta ocasión para una nota periodística. Lo que sí tengo clavado en mi memoria es el trabajo final en la clase de teatro que recibí en la Universidad, que significó la puesta en escena de su obra “La Dama Meona”. Le pedimos permiso para hacerlo. En particular, lo hizo una compañera, Lorena Ortiz, y fue ella la que se nos acercó y nos dijo: “La podemos hacer, tenemos su permiso, pero él no va a poder venir porque está enfermo”. La primera llamada.

La segunda llamada fue el ensayo, en la aula de teatro de la Universidad. Yo me encargaba de la musicalización. Ese puesto lo tuve por dos de las tres semanas de ensayo, hasta que el querido Galo, quien hacía del personaje principal, Homero Barriga, viudo de María Fernanda Insuasti de Barriga, fallecida dama de una de las tantas organizaciones de beneficencia de la ciudad. Todo sucede en un acto público de esa institución. Los ensayos nos revelaban lo divertido del texto, me encantaba verlo representar… hasta que tuve que dejar de verlo. Galo, simplemente, decidió retirarse de la carrera y el único hombre que quedaba en el grupo era yo. Hice de ese Homero (¿ese era el nombre del personaje?), tuve un par de días para aprender el texto y lo llevé adelante.

Recuerdo que la gente se reía. La sensación de la diversión, que alguien se carcajea con lo que uno hace, no tiene comparación. Cuando terminamos la obra, en la que se deja en evidencia el absurdo y cierta hipocresía en elementos de la sociedad que fungen de otra cosa. Homero trata de ‘cagarse’ en todo eso y dejar en evidencia ese absurdo, es un personaje que disfruté interpretar (el único que he hecho y haré). Al final, en los camerinos del teatro Sarao, nos abrazamos todos y empezamos a reírnos. El espectáculo había salido genial. Un gran texto llevado a un poco menos por un grupo de amateurs que no le tembló el pulso.

Creo que Lorena llamó luego a Pipo y le contó lo que había pasado. Él se mostró complacido y nosotros celebramos aquello, como ahora celebro una vida y una dramaturgia… El obituario más completo lo pueden leer acá.

imagen tomada de telegrafo.com.ec

Por otro lado, el francés Jean Marie Gustave Le Clezio ganó el Nobel de Literatura, por una obra que, según la Academia Sueca, ofrece “nuevos arranques, aventura poética y éxtasis sensual, explorador de una humanidad más allá y por debajo de la civilización reinante”, acorde a lo que dicen los diarios.

No sé qué decir porque no conocía de su existencia. Pero bueno, todos los días se conoce algo. El punto acá es que siguen siendo los europeos los ganadores y quizás es lo único que se puede obtener como primera reflexión… aunque esta vez, al parecer, hay cierto guiño con América, al ser uno de sus temas y espacios recurrentes en su obra.

imagen tomada de elpais.com

4 comentarios en “Nobel y final

  1. Siempre asumí que lo iba a conocer, quizás porque lo veía en estrenos o reestrenos cada ciertos meses i cosas así. Odiaba que daba clases en otra universidad i no la nuestra, me quejé tropecientas veces por eso. Puf… Me acabo de enterar leyéndote, E. Aún recuerdo las líneas que me memoricé de las partes que me tocaban, tan precisas, tan graciosas. Mierda.

  2. Siempre asumí que lo iba a conocer, quizás porque lo veía en estrenos o reestrenos cada ciertos meses i cosas así. Odiaba que daba clases en otra universidad i no la nuestra, me quejé tropecientas veces por eso. Puf… Me acabo de enterar leyéndote, E. Aún recuerdo las líneas que me memoricé de las partes que me tocaban, tan precisas, tan graciosas. Mierda.

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