Cómo definir el arte

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imagen tomada de treehugger.com

Vargas Llosa ha escrito uno de los artículos más críticos y concretos con relación a esa subasta que ha transformado a Damien Hirst en ya un integrante de la historia. Para muchos, el evento del siglo; para otros, el signo de los tiempos. Y es el viejo escritor quien se lanza a establecer un panorama de la realidad del arte actual y cómo, en definitiva, existe un discreto desfase entre lo estético, la obra y las subjetividades en juego.
Hirst puso en venta varias de sus obras a través de la casa de subastas Sotheby’s, en Londres, lo que le significaron 198 millones de dólares. Eso, desde luego, que es un mérito por dónde se lo vea… pero qué fue lo que se vendió con tanto dinero. ¿La obra de Hirst? ¿Su figura? ¿Lo que él significa? Vargas Llosa ensaya una respuesta que también habla de otras cosas. En ella explica:
“La verdad es que no hay que sorprenderse de lo ocurrido con Hirst y su operación especulativa en Sotheby’s. El arte moderno es un gran carnaval en el que todo anda revuelto, el talento y la pillería, lo genuino y lo falso, los creadores y los payasos. Y –esto es lo más grave– no hay manera de discriminar, de separar la escoria vil del puro metal. Porque todos los patrones tradicionales, los cánones o tablas de valores que existían a partir de ciertos consensos estéticos, han ido siendo derribados por una beligerante vanguardia que, a la postre, ha sustituido aquello que consideraba añoso, académico, conformista, retrógrado y burgués por una amalgama confusa donde los extremos se equivalen: todo vale y nada vale. Y, precisamente porque no hay ya denominadores comunes estéticos que permitan distinguir lo bello de lo feo, lo audaz de lo trillado, el producto auténtico del postizo, el éxito de un artista ya no dependa de sus propios méritos artísticos sino de factores tan ajenos al arte como sus aptitudes histriónicas y los escándalos y espectáculos que sea capaz de generar o de las manipulaciones mafiosas de galeristas, coleccionistas y ‘marchands’ y la ingenuidad de un público extraviado y sometido.


Yo estoy convencido de que las mariposas muertas, los frascos farmacéuticos y los animales disecados de Hirst no tienen nada que ver con el arte, la belleza, la inteligencia, ni siquiera con la destreza artesanal –entre otras cosas porque él ni siquiera trabaja esas obras que fabrican los 120 artesanos que, según leo en su biografía, trabajan en su taller–pero no tengo manera alguna de demostrarlo. Como tampoco podría ninguno de sus admiradores probar que sus obras son originales, profundas y portadoras de emociones estéticas. Como hemos renunciado a los cánones y a las tablas de valores en el dominio del arte, en este no hay otro criterio vigente que el de los precios de las obras de arte en el mercado, un mercado, digamos de inmediato, susceptible de ser manipulado, inflando y desinflando a un artista, en función de los intereses invertidos en él. Ese proceso explica que uno de esos productos ridículos que salen de los talleres de Damien Hirst llegue a valorizarse en doce millones de dólares. ¿Pero, es menos disparatado que se pague 33 millones de dólares por una pintura de Lucien Freud y 86 millones por un tríptico de Francis Bacon, por más que en este caso se trate de genuinos creadores, como hizo el millonario ruso Roman Abramovich en una subasta en Nueva York el pasado mayo?

El otro criterio para juzgar al arte de nuestros días es el del puro subjetivismo, el derecho que tiene cada cual de decidir, por sí mismo, de acuerdo con sus gustos y disgustos, si aquel cuadro, escultura o instalación es magnífica, buena, regular, mala o malísima. Desde mi punto de vista, la única forma de salir de la behetría en la que nos hemos metido por nuestra generosa disposición a alentar la demolición de todas las certidumbres y valores estéticos por las vanguardias de los últimos ochenta años es propagar aquel subjetivismo y exhortar al público que todavía no ha renunciado a ver arte moderno a emanciparse de la frivolidad y la tolerancia con las fraudulentas operaciones que imponen valores y falsos valores por igual, tratando de juzgar por cuenta propia, en contra las modas y consignas, y afirmando que un cuadro, una exposición, un artista, le gusta o no le gusta, pero de verdad, no porque haya oído y leído que deba ser así. De esta manera, tal vez, poco a poco, apoyado y asesorado por los críticos y artistas que se atreven a rebelarse contra las bravatas y desplantes que la civilización del espectáculo exige a sus ídolos, vuelva a surgir un esquema de valores que permita al público, como antaño, discernir, desde la autenticidad de lo sentido y vivido, lo que es el arte verdaderamente creativo de nuestro tiempo y lo que no es más que simulacro o mojiganga”.


Entonces, ahora sí, a la caza de lo real y a definir qué es ese simulacro… 

2 comentarios en “Cómo definir el arte

  1. Ooooohhhh Hirst Hirst… estudio en el mismo instituto de mi Graham jeje…y con este tema del arte moderno todos somos artistas, todo es como un reality en que se puede exponer (se), vender (se), subastar (se) sin mayor complejo porque nadie puede senalarte…o si lo hacen -de antiestetico o lo q sea pues tu le pones la etiqueta de arte posmoderno y punto ya esta-. Concuerdo con un gran amigo mio en que el arte moderno esta sobrevalorado por eso el se queda con las obras renacentistas o del medioevo. Yo? yo me quedo con lo que me gusta con lo q me hace sentir algo…como cuando me gusta la tapa de un libro y solo por eso lo compro..abrazos desde Gianesville

  2. Ooooohhhh Hirst Hirst… estudio en el mismo instituto de mi Graham jeje…y con este tema del arte moderno todos somos artistas, todo es como un reality en que se puede exponer (se), vender (se), subastar (se) sin mayor complejo porque nadie puede senalarte…o si lo hacen -de antiestetico o lo q sea pues tu le pones la etiqueta de arte posmoderno y punto ya esta-. Concuerdo con un gran amigo mio en que el arte moderno esta sobrevalorado por eso el se queda con las obras renacentistas o del medioevo. Yo? yo me quedo con lo que me gusta con lo q me hace sentir algo…como cuando me gusta la tapa de un libro y solo por eso lo compro..abrazos desde Gianesville

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