Un justo y necesario popcorn

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imagen tomada de wikipedia.com

Hacía mucho tiempo que no salía de una sala de cine con una emoción considerable. Y eso significa que cada cierto tiempo viene bien entrar a uno de esos recintos oscuros, ver imágenes previas (entre ellas las de un Presidente de la República hablándole a sus conciudadanos), reconocer que hay otros a tu lado que van con esa misma inquietud y simplemente ver una película porque quieres verla… sin ninguna otra pretensión. El cine, cuando no pretende nada más que mostrarte una película, puede funcionar.

Para muchos críticos, “Eagle Eye” es una tontería. Y de seguro que para quien esté leyendo estas líneas y haya visto el filme, también. ¿Cuál es su mérito, entonces? Pues muchos filmes han jugado con esa idea del “Gran Hermano” que lo ve y sabe todo. Este no es la excepción. Jerry Shaw (Shia Lebauf) es acusado de terrorismo y debe escapar a toda costa del FBI que lo anda siguiendo. Para esto es ayudado por una voz femenina a través de todo artefacto electrónico posible y eso en esta época supone ser un plus, una ventaja.

Y claro, también lo ayuda Michelle Monaghan (ooh la la). Eso ya es elevar la apuesta.

imagen tomada de platinum-celebs.com

El asunto, repito, está en definir por qué me ha gustado la película. Simplemente porque es un filme de acción y suspenso que sabe aprovechar lo mejor de los géneros: una amenaza superior, hay algo que los protagonistas no saben, los gobiernos están involucrados, hay muchos eslabones que van apareciendo, y no hay forma de escapar. Luego está el suspenso, que se maneja con eso de que todos sabemos lo que va a pasar, simplemente no cuándo ni dónde, peor el cómo. Después está el falso final (hay un momento en que parece que todo se va al diablo, por ejemplo) y un obvio y preciso homenaje a Hitchcock que no hay que dejar de lado.

“Eagle Eye” tiene, al mismo tiempo, una de las ediciones y ritmos más trepidantes que haya visto en mucho tiempo. Las persecusiones y secuencias de acción, a más de estar bien coreografiadas y filmadas, tienen un montaje que crea la ilusión, el juego con el espectador, la confidencia. No hay grandes actuaciones, no tienen por qué existir, necesariamente. Hay un ambiente, un espíritu que se desarrolla en todo el filme fichas que se sueltan y que poco a poco se van armando. A veces resulta interesante armar grandes rompecabezas.

El problema de la película, el grave problema, es que se la anuncia como algo gigante, cuando no lo es. La mejor expectativa es no tenerla. Lo que intento con esto que escribo es que si alguien va a verla, pues que busque divertirse y dejarse llevar. Obvio, hay gratuidades (difícilmente el cine de Hollywood va a abandonar las recetas de explosión al minuto 30 o muerte en el 46, por ejemplo), pero son parte del convenio que se tiene cuando vas a ver una de esas películas. Creo que ahí existe un acto de honestidad brutal: no vas al cine común y silvestre a ver una película como esa esperando la solución cósmica de algo. Sabes las reglas, a tal punto que puedes disfrutar de las excepciones. A veces muchos dejan de lado a las películas de acción porque las consideran burdas per se. Cuando en realidad esa característica va por otro lado, uno muy lejano… Sabes las reglas y te riges con ellas para disfrutar la experiencia.

imagen tomada de arm4.static.flickr.com

Si no esperas nada y te dan más, hay un sentido de gratitud envidiable.

D. J. Caruso es el director de este filme que más allá de su típico final feliz tiene un cierre directo: ya no importa ver nada más y la imagen se va a negro. Se supone que todo es revisado por una mente superior, un HAL que decide que es hora de pagar por las culpas y arma toda una estrategia para lograr su justicia, su momento de revancha… algo que la economía gringa se ha encargado de hacer. La historia es original de Steven Spielberg (así que no esperen algo más allá que una película bien hecha y sin pretenciones… ¡Vamos! Hablamos del tipo que consiguió que A.I. se convirtiera en un capítulo filosófico de los Súper campeones… el mismo que puso a la niña de rojo en La lista de Shindler) y él mismo se ha encargado de la producción ejecutiva. Iba a ser el director, pero se metió a hacer esa cuarta e innecesaria entrega de Indiana Jones y delegó el puesto… para nuestro bien.

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