Lamborghini Superstar

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Anuncian en el suplemento ADN Cultura, de la Nación la publicación del libro Osvaldo Lamborghini, una biografía (de Ricardo Strafacce) y esto se supone todo un acontecimiento. De esa parte de la nota, pues estoy de acuerdo.

Dice el texto periodístico: “Una de las razones de la importancia del libro radica en que, por algún pudor heredado, en la Argentina las biografías de escritores se han destacado por su pobreza o, lisa y llanamente, por su inexistencia. La otra se relaciona con su protagonista: Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940 – Barcelona, 1985) tiene la ventaja de su relativa cercanía en el tiempo, pero también el inconveniente de encontrarse auroleado, desde antes incluso de su muerte, por las contradictorias versiones de un mito que él mismo alentó a construir. Ese mito personal se ve acompañado por la irradiación de una obra transgresora y radical, que todavía hoy parece anonadar a parte de la crítica. Ninguna de las asociaciones a mano, aquellas que para explicarlo lo vinculan a Sade o Jean Genet, a Macedonio o el Oliverio Girondo de En la masmédula (influencias seguras, pero parciales) alcanzan para reflejar la dureza (y la cruda belleza) de esos textos. En gran medida póstumos, aparecen atravesados por las tensiones políticas y las ideas de vanguardia que imperaban a fines de los años sesenta y los setenta, pero al mismo tiempo muestran un fraseo insobornable, una textura irreductible, una magnífica desconsideración por todo género. La actualidad de ese influjo se ve confirmada también por otros dos lanzamientos recientes: la publicación en España, por primera vez, del Teatro proletario de cámara (la obra en que Lamborghini trabajaba al morir, una original combinatoria de textos e imágenes) y la edición local de Y todo el resto es literatura (Interzona), que reúne artículos de varios especialistas dedicados al autor de El fiord”.

Lamborghini es uno de esos autores que forman parte del consciente colectivo de muchos argentinos, es parte de su discurso, de sus universos, muchos lo han apropiado. Recuerdo mi primer contacto con él (Alan Pauls hace un resumen de cómo era obtener su obra en Argentina en los tiempos en que no era pubicado como debía ser -gracias a los movimiento de Fogwill, otro grande-: “ediciones casi clandestinas de Chinatown (El fiord) y de Noé (Sebregondi retrocede), en revistas exquisitas pero extinguidas (Innombrable publicó “La causa justa”) o en fotocopias mugrientas (“Matinales”, “Neibis”)”, por ejemplo). Fito Páez compone en su disco del 2000, “Rey Sol”, el tema “Acerca del niño proletario”, basado en el cuento “El niño proletario”, de Lamborghini. Luego accedo al cuento. Texto siniestro y fabuloso, una joya por donde se lo lea. Ese cuento me parece el everest de una psicopatología, una idea de la sociedad llevada al extremo… una canción desesperada, qué se yo,

Lamborghini es capaz de manera atroz de un alumbramiento/acto sexual. Y así, leyendo esta versión argentina de un Chuck Palahniuk (muy adelantado, por cierto. Lamborghini vivió un poco más de 40 años y murió en Barcelona, donde estaba haciendo lo que le encantaba: escribir) uno percibe que lo terrible, lo pernicioso no es enemigo de lo bello, pero no desde una evidente malformación en el sentido común, porque podría ser, sino de una ventana hacia lo terrible, abriendo el espacio a la crítica, pero subvertida a ese espacio estético repulsivo (el Fiord, uno de sus cuentos, es leer una mezcla perfecta entre el Marqués de Sade y Bataille).

¿Una biografía de 1200 paginas para esto? Sí, eso es lo mejor. Una crítica estética, crítica, pero estética ante todo. Sin otro tipo de imprecaciones. Arte, ofensivo, quizás, pero arte, en definitiva.

Sigue la nota de adn: “Pero la figura central es siempre Lamborghini. En su andar cronológico, la biografía desmitifica a su personaje para, al mismo tiempo, hacerlo ingresar en la leyenda viva. De la infancia en Villa del Parque y la admirativa relación con su hermano mayor (el poeta Leónidas Lamborghini), de la adolescencia en Necochea al casamiento en la juventud, del acercamiento al peronismo ortodoxo a la bohemia posterior a El fiord , de Mar del Plata y Pringles al último refugio en Barcelona, va surgiendo el perfil de un escritor convencido de su genialidad y, más tarde, de su inevitable destino póstumo, incapaz casi siempre de conservar un trabajo, ciclotímico en sus relaciones y con un eterno aire desamparado. Esa vida nómada y desordenada, agobiada por el alcohol, por el recurrente cambio de parejas (principalmente heterosexuales, a pesar de lo que podría sugerir parte de su literatura), está impregnada por una sensación de fracaso y esterilidad que recuerda una frase de su relato “El niño proletario”: “La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra”. Por lo poco que se conocía de esos períodos, es imprescindible referirse a dos partes de esta monumental biografía. Por un lado, la estancia de Lamborghini en Mar del Plata, adonde fue tras el golpe de 1976 a refugiarse en su familia y donde se embarcó en la aventura de fundar la Escuela Freudiana local (compuesta por una única persona: él mismo). Esa estancia en “el páramo”, como denominaba al balneario Atlántico por el aislamiento, lo convirtió en un compulsivo escritor de cartas (a Héctor Libertella, Tamara Kamenszain, César Aira, Fogwill). La reproducción de muchas de esas misivas incluidas en Osvaldo Lamborghini… , reveladoras pero también magníficamente escritas, representan, por sí mismas, un acontecimiento. La otra sección, que conjuga alegrías y tristezas, es la última, en que se narra el exilio del escritor en Barcelona, a comienzos de los años 80. La muerte lo encontró allí, a los 45 años, con el cuerpo maltrecho, después de vivir los últimos meses recluido en un departamento. Antes, sin embargo, había podido tener un atisbo del paraíso. Fue en la capital catalana donde encontró, gracias a los buenos oficios de su pareja de entonces, Hanna Muck, las condiciones para dedicarse a escribir sin pensar en cómo ganarse la vida. Y escribió, por cierto. Que Strafacce termine su libro evocando esa circunstancia -y las despedidas que poco después publicarían algunos amigos cercanos- es un acto de justicia poética”.

imagen de andcultura.lanacion.com.ar

Lamborghini es uno de los imprescindibles.

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