Juguemos al supremo

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tomada de elpais.com

Es fácil caer en categorías o dilucidar ciertas intenciones detrás de las palabras. Hace un par de años, quizás tres, recuerdo haber estado en la que entonces era mi casa y ver un programa de televisión en el que Augusto Roa Bastos, todavía vivo (obviedad) hablaba sobre la cocina paraguaya. Y mientras lo hacía recuerdo que lanzaba referencias al momento en el que escribió su suprema obra sobre los seres supremos de la naturaleza, del poder, “Yo, el Supremo”.

Y recuerdo haber visto con atención el programa, pero no recuerdo ninguna frase de su boca, sólo su imagen ya de adulto mayor (los eufemismos de siempre) y la idea de que había una certeza en su mirada, quizás la misma experiencia de los años en los que se gestó aquella obra. No quiero hablar de él, ni de su obra, sino de la sensación agarrada en el hipotálamo, o en el nervio óptico, incorregible, como siempre. Una sensación, como juego, que involucra una certeza inexplicable e incipiente. La confidencia de la palabra, de la imagen clavada, de la nube nueva sobre los ojos.

Muchos afirman que en la obra de Vargas Llosa, por ejemplo, se puede vivir las evidencias de un pavor hacia los autoritarismos. Me incluyo en el grupo. Las reflexiones sociales que hay en una obra de contundencia, como la de él (pido a los lectores fanáticos de alguna tendencia política que ejerciten la mirada estrictamente literaria), enarbolan un discurso, el de la lucha, el de la imposibilidad, también. Cualquier deseo de terminar con esa figura de poder involucra un desmembramiento, un sacrificio. Y eso existe en cualquiera de sus novelas, y de sus cuentos (de su teatro prefiero no hablar por desconocimiento). “La Guerra del Fin del Mundo”, a más de ser una obra magistral, es el cuadro perfecto de cómo ese fanatismo, el poder como arma fantástica, crea una superioridad capaz de enfrentar a los desvalidos con otros desvalidos. Se trata de leer con cierta conciencia.

tomada de lainsignia.org

Nuevamente la sensación, la idea de que todo tiempo pasado nunca dejó de hacerse carne. Lees libros antiguos como si nunca se hubieran perdido, porque el tiempo está abierto. Pienso en los escritores que hoy se enfrentan al cambio político en el país y que enarbolan el discurso de que es hora de enterrar las prácticas antiguas políticas y niegan el entierro a una literatura que es tradición, desde luego, pero no más referencia. La incongruencia, esa es la época, la movilidad inmóvil. Si volvieran los dragones, pienso.

Julio Cortázar decidió subvertir la realidad utilizando la literatura. El camino del escritor, la iniciación del autor incontrastable. La izquierda convertida en algo literario, sin necesidad de ser panfletario. La revolución de la palabra. Cortázar convertido en la literatura de baño de uno de los tantos individuos que trabajan en el Gobierno. Donde otros ponen una Cosmopolitan, el intelectual coloca “Rayuela”. Y tan de izquierda era que siguió signado a la revolución cubana a pesar de los momentos de criticidad. Y siguió. Crece a la inversa y la subversión continúa, hasta que la literatura se reconoce no como un acto de sufrimiento. No se tiene por qué sufrir gracias a una ideología.

Coherencia, de eso quería hablar. El juego del supremo que se siente mejor cuando hay un ligero detalle de coherencia. Y hoy, es quizás lo que se necesita, más allá que una división maniquea, de una lección democrática o insistencias en respetos, que la coherencia los consigue y no una actitud o la orden de respeto.

El hombre entonces tiene la última palabra y ajusta el término juventud a su conveniencia y no puede reaccionar de otra forma. Pelea el sábado en una Universidad entre partidarios de una tendencia y de otra. División propia del Mesías. Promoción de la violencia y silencio ante eso. Luego una cadena televisiva de 13 minutos en el que aparece un video, editado, en el que el séquito del hombre, del Mesías, implica a varios jóvenes y funcionarios de un Municipio en los desmanes, como los causantes de todo el daño. Una mirada sesgada que se convierte en realidad de crédulos y en vehículo de agresión para otros. Un país polarizado por un hombre, El hombre que en su momento fue como ellos, estudiante universitario, y ahora pide que sean investigados por atentar contra su majestad. El mismo hombre que fue uno de los que marchó en Quito para exigir la salida de un Presidente. El mismo hombre que atentó contra la integridad de un Presidente en esas movilizaciones de hace tres años. Hoy el Mesías no recuerda nada. Divide para vencer, y no levanta su mirada al padre y le dije? “Perdóname, porque no sé lo que hago”.

tomada de eluniverso.com

Jugar al supremo… el nuevo jefe como el jefe anterior… tal como Townshend asegura.

2 comentarios en “Juguemos al supremo

  1. Ese día la profesora nos botó más temprano de su clase, y al salir de la universidad pude ver a las hormigas “majaderas” y a las otras “rojas” preparándose para el intercambio que vendría unas horas después. Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir, me hubiera ido con más ganas de la u. Entiendo que las propuestas del grupo “majadero” (orgullosos portan camisas con ese mote, como estrellas del pop) sean las patadas, me imagino que ese es el argumento por antonomasia cuando se tienen pocas ideas que valgan la pena, cuando su fanatismo difiere de los partidarios del otro bando tan sólo por el rostro del ídolo, porque las explicaciones de ambos grupos es como jugar a “encuentre las 7 diferencias”… y una pérdida de tiempo.. Ninguno de los bandos se manifiesta como debería. Además, no estamos en Paris y ya casi se termina Agosto, a 40 años del 68. En fin, algo sensato es leer la constitución, superar la provocacion cuyo propósito es desviarnos del tema, y etc

  2. Ese día la profesora nos botó más temprano de su clase, y al salir de la universidad pude ver a las hormigas “majaderas” y a las otras “rojas” preparándose para el intercambio que vendría unas horas después. Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir, me hubiera ido con más ganas de la u. Entiendo que las propuestas del grupo “majadero” (orgullosos portan camisas con ese mote, como estrellas del pop) sean las patadas, me imagino que ese es el argumento por antonomasia cuando se tienen pocas ideas que valgan la pena, cuando su fanatismo difiere de los partidarios del otro bando tan sólo por el rostro del ídolo, porque las explicaciones de ambos grupos es como jugar a “encuentre las 7 diferencias”… y una pérdida de tiempo.. Ninguno de los bandos se manifiesta como debería. Además, no estamos en Paris y ya casi se termina Agosto, a 40 años del 68. En fin, algo sensato es leer la constitución, superar la provocacion cuyo propósito es desviarnos del tema, y etc

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