A las escondidas

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Alguien me dijo dos cosas importantes ayer, terriblemente importantes. 1) Estoy obligado a expresar mi pensamiento, 2) Estoy obligado a pensar. Esas cosas te chocan, porque te das cuenta que ignoras esos momentos y los dejas de lado, porque pensar se vuelve innecesario muchas veces, porque esto que hago ahora es también innecesario (a veces lo siento así). Quizás algún mecanismo se activa al interior que te permite deshacer una constancia básica. “Live and let die”, algo cambia y se acaba, algo se nutre de lo que sucede alrededor.

Mi amigo me habló de hitos. Pienso mucho en ellos. Ahora hay una certeza en mí, la certeza de que al pensar que el tiempo que me queda es muy corto será corto para una obra que quiero que se dé, que se realice. Sí, mi hito es un problema de coagulación que despertó en mí la conciencia de que lo mío en definitiva es la escritura. ¡Poca cosa! Y en ese caos viene bien pensar, darte cuenta sobre lo que estás parado. El momento bárbaro de historicidad en el que sabes que a punto de suceder hay muchas cosas y estás obligado a decir algo, aunque sea para que alguien escuche y considere lo que dices, o para que el más caritativo ejercite el bondadoso acto de la corrección. El éxito está en hablar y dejar que todos hablen… hablar, no gritar.

Hoy, en que Associated Press está en pleno litigio por lo límites del blogger y las citas (una de esas estupideces para detener lo imparable), que la Unión Europea está a punto de aprobar una ley que recomienda a los blogs a colocar un espacio de información que le permita al público saber de dónde sale la información y determinar su veracidad, que hay casi 112 millones de blogs en el mundo, uno se pregunta: ¿qué mierda hago acá? Quizás la claridad se traduce en una ligera sonrisa que se confunde con un espasmo sobre mi rostro. No lo sé, me gusta que alguien lea esto, debo aceptarlo, me gusta decir y sentir que no he escrito tanta tontería (me pasa cuando leo alguna de las cosas que he escrito por acá) y que alguna reacción se produce. Porque las neuronas deben chocar, una con otra, crear la fricción que reanime el cuerpo sin vida que nos viste.

Insisto con lo del momento preciso. Una certeza lo salva todo. Es necesario tomar el partido de la reflexión, especialmente cuando todo se cuece en buenos y malos, negros y blancos. No se puede vivir en la dicotomía, algo saldrá mal. Para unos hay que rehacer las cosas, denostando el pasado inmediato. Para otros hay que acabar con lo nuevo porque no responde sino a caprichos. Hay muchos caprichos, eso parece. Supongo o se suponen muchas cosas. Al menos uno las tiene claras, a medida que abre los ojos y ejercita la obligación a pensar.

Hoy parece otro día, cuando el marco se rompe y sabes lo que eres, y sabes que la palabra, al menos, es un acto de coraje. “In the begining I misundestood, but now I got it, the word is good”. Y así no existe abandono, no existe simpleza.

2 comentarios en “A las escondidas

  1. Ya imaginaba que algún día iban a controlar la blogalaxia… Me imagino que sería como si controlaran nuestros diarios íntimos, con la diferencia que ahora los diarios intimos son públicos. Hagamos un debate.

  2. Ya imaginaba que algún día iban a controlar la blogalaxia… Me imagino que sería como si controlaran nuestros diarios íntimos, con la diferencia que ahora los diarios intimos son públicos. Hagamos un debate.

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