Emoción, palabras que llegan cuando deben llegar…

“¿Por qué quise hacer ese tour por los grandes éxitos de Vargas Llosa? Quizás por la misma razón que los turistas visitan la Torre Eiffel. Quería ser parte de un lugar histórico, de un sitio que ya pertenee a la memoria (a la colectiva y a la personal). Detenerme frente al colegio Champagnat, donde el joven Cuéllar se transformó para siempre en Pichula, era mi forma de volver a un sitio donde, a pesar de lo tremendo de los sucesos ahí acaecidos, yo había sido feliz. Porque eso es lo que sucede cuando nos sumergimos en la ficción: somos tremendamente felices. Visitar los sitios donde tus ficciones (tus canciones, tus películas, tus libros) fueron creadas, equivale a visitar los lugares santos para los que tienen la suerte de creer. Yo creo en las obras que me hicieron tener fe, que me hicieron creer que yo también podía, que no estaba solo, que alguien allá afuera se parecía a mí”.

Alberto Fuguet, prólogo del libro “El cadete Vargas Llosa. La historia oculta tras La ciudad y los perros”, de Sergio Vilela Galván.

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