¿Árbol que crece torcido..?

Cuando Thompson escribió un post sobre Los Sangurimas, pues decidí darle una nueva oportunidad a la que es considerada la novela del montuvio (según su autor José de la Cuadra, tranformando a la palabra en una mezcla de monte y “vita”, del latín y no del griego), la obra por excelencia de su escritor, un hito de la literatura ecuatoriana. La había leía años atrás, con modorra y abulia, no pude entender cómo esa novela le pudo interesar a alguien… Un patriarca, Nicasio Sangurima, germen de una familia que comete las cosas más atroces…bueno, tenía 14 años, vivía en una ciudad, mi familia hacía años dejó la vida montuvia y yo prefería pasar mis tardes viendo Mtv… Soy un hijo de Mtv, era la época en que valía la pena.

Y renegué en ese momento de una historia que se desarrollaba en pocas páginas y que pudo haber sido escrita en mucho menos; en cómo es posible que todo suceda entre una sola familia, en que muchas de esas cosas me sonaban a chisme… deseché el libro y creo que cuando me tomaron el control de lectura no hablé bien de él. Mi nota debió ser un acto de justicia ante el absurdo adorado de la adolescencia.

Y bueno, Thompson llegó a escribir algo como que Los Sangurimas son Los Sopranos montuvios… Eso sí que es una invitación a la relectura. Lo hice. La tomé entre mis brazos y empecé el proceso. Una tarde me encontré en la Plaza de la Independencia con Jorge Izquierdo, creo que trabajábamos por el sector y entramos a un local lleno de personas que probablemente asistieron a la compra del primer ejemplar de la novela de de la Cuadra; pedimos café. Tenía el libro conmigo. Le hablé con las frases que dije en mi adolescencia, aunque distintas. No percibía ninguna otra posibilidad, quizás Thompson leyó la versión redux. Él me respondió que quizás a los escritores que se les puede reclamar son los que viven en el tiempo de uno… Sentencia definitiva, pero no puedo más.

Hay una grandeza en Los Sangurimas y esa es La Teoría del Matapalo, el inicio de la obra. En ese prefacio, prólogo, justificación, o como le quiera llamar, la historia se define, encuentra su cauce, se delimita: “El matapalo es árbol montuvio. Recio, formidable, se hunde profundamente en el agro con sus raíces semejantes a garras. Sus troncos múltiples, gruesos y fornidos como torsos de toro padre, se curvan en fantásticas posturas, mientras sus ramas recortan dibujos absurdos contra el aire asoleado o bañado de luz de luna, y sus ramas tintinean al viento del sudeste… (…) El pueblo montuvio es así como el matapalo, que es una reunión de árboles, un consorcio de árboles, tantos como troncos. La gente Sangurima de esta historia es una familia montuvia en el pueblo montuvio: un árbol de tronco añoso, de fuertes ramas y hojas campeantes a las cuales, cierta vez, sacudió la tempestad”. Y esa es la tempestad que se supone vamos a experimentar.

Si bien no me toca reclamarle nada a su trabajo como autor, pues me quejo como lector. Entiendo ahora, si bien no dejo de pensar como el adolescente que fui, que de la Cuadra escribió una obra en la que no miró con condescendencia el mundo montuvio, sino que lo quiso dejar claro a su manera. Y el propio Thompson me da la idea cuando leo su crónica en la última revista Soho, en la que va detrás de los pasos de Los Sangurimas buscando los recintos en los que pasó de la Cuadra y armando una biografía de lo que fue el autor. El problema de la lectura es que la historia, para mí, se da casi a la mitad de la novela; lo anterior juega a lo accesorio en cierta forma, aunque consigue ubicar, pero una ubicación la creo posible con menos palabras. Historias de lo que ha pasado y de cómo se construyó la familia, en muchas, muchas palabras. Quizás la teoría de la punta del iceberg hubiera servido. Las últimas 10 páginas de la novela son impactantes, el resto no tanto.

Y si bien el árbol crece y se enreda, es mejor verlo crecido en ciertas ocasiones.

Nicasio Sangurima, eso sí, es un personajes que te atrapa en buena parte de la historia… Ahora entiendo que la relación o el aprecio puede ser un asunto de identificación.

Sigo renegando un poco. No creo que sea la mejor obra de de la Cuadra, quien a la vez tuvo sangre montuvia y fascinación por lectura, por ejemplo (en el libro de ensayos de Miguel Donoso hay una excelente precisión de cuánto tiempo le tomó a de la Cuadra abandonar ‘dejos’ castizos en su escritura hasta volcarse por lo coloquial del campo). En esa dicotomía se inscribe su obra y a veces eso te puede conducir a ciertos problemas. Una obra no tiene valor únicamente por ser representativa de un grupo social en específico, sino por estar bien escrita y así se es humano. Aunque para muchos, Los Sangurimas tiene una importancia medular que se acerca a creaciones de Rulfo y García Márquez, una relación directa por tratar con algo denominado “realismo mágico”, el elemento que se resalta siempre. En lugar de hacer saltar el hecho obvio que la mirada fantasiosa y mística del campo era necesaria para el autor y la manifestó, como muchos lo han hecho y como muchos no lo han hecho. Los Sangurimas quizás sea reconocida por su carácter de manifestación de un pueblo del campo de la Costa del Ecuador, pero a la vez eso no puede ser motivo de trascendencia de nada. Como dice Wilde: una obra está bien o mal escrita, nada más. Y para mí debió ser una novela mucho más corta, pero ese soy yo.

Sin embargo no puedo dejar de decir que el autor sí es una maravilla y quizás una de las mejores cosas jamás escritas sea el cuento “Banda de pueblo”, del propio José de la Cuadra. Si la pueden leer, pues no duden en hacerlo.

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4 comentarios en “¿Árbol que crece torcido..?

  1. Sabes que tengo identificado con lo Sangurimas?? Al Hundimiento de la Casa Usher… es una comparacion simpatica. pero ahi está.

  2. Sabes que tengo identificado con lo Sangurimas?? Al Hundimiento de la Casa Usher… es una comparacion simpatica. pero ahi está.

  3. Eduardo, sabes que también busqué la relectura luego del post de J.F. Andrade…

    y dí con un libro amarillento, casi carcomido, con olor a vejez y humedad, donde estaban Banda de Pueblo y Los Sangurimas… y me quedo con los Sangurimas, hay momentos fascinantes, el hecho desechar la inocencia, candidez, benevolencia del montuvio y meterlos en una espiral de decadencia que enfrenta directamente todos los preceptos básicos de nuestro país (incesto, asesinato, sacrilegio, violación, corrupción), es notable como llega a enganchar, y me imagino unos “cameos” de algun Sangurima en Banda de Pueblo, es un universo bizarro, pero real… aunque cierto es que en la relectura ya estaba de cierto modo influenciado, y sí, ese arranque de la Teoría del Matapalo es como unas de esas explicaciones a lo Animatrix…

  4. Eduardo, sabes que también busqué la relectura luego del post de J.F. Andrade…

    y dí con un libro amarillento, casi carcomido, con olor a vejez y humedad, donde estaban Banda de Pueblo y Los Sangurimas… y me quedo con los Sangurimas, hay momentos fascinantes, el hecho desechar la inocencia, candidez, benevolencia del montuvio y meterlos en una espiral de decadencia que enfrenta directamente todos los preceptos básicos de nuestro país (incesto, asesinato, sacrilegio, violación, corrupción), es notable como llega a enganchar, y me imagino unos “cameos” de algun Sangurima en Banda de Pueblo, es un universo bizarro, pero real… aunque cierto es que en la relectura ya estaba de cierto modo influenciado, y sí, ese arranque de la Teoría del Matapalo es como unas de esas explicaciones a lo Animatrix…

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