Lectura de ¿enfermedad?

No creo que exista, no hay motivo para darle esa categoría al acto de leer, pero cuando el tiempo se detiene y debes seguir órdenes médicas, pues existe la posibilidad definitiva del parar y sí disfrutar de una lectura. En estos días de visitas médicas, de esperar que las consultas estén, que me llamen para tomarme diversas muestras, he leído algunas cosas, ensayos del libro de Miguel Donoso Pareja, “El texto como prueba (Amorfinos del fútbol y la Literatura)” como una manera de reencontrarse con la temporalidad interrumpida y la literatura. Un ensayo siempre es germen de muchas ideas.

Y en una sala de un hospital, rodeado de personas que no conoces y que no quieres conocer (el ideal cristiano de amarse los unos a los otros se basa en la ignorancia del otro, sin duda), te apropias del libro que tiens en tus manos. Textos como “Pablo Palacio, modernizador por excelencia” son pruebas de todo un proceso de investigación y demostración de cómo una tendencia que en su momento lo buscó enterar al autor lojano, ahora intenta elevarlo a un nivel que probablemente no le haga la justicia necesaria. El ensayo, uno de los más extensos, se centra en los criterios con los que se manejó la obra de Palacio, comparándola con la de Kafka a momentos (a quien no leyó por un asunto de temporalidad) o en cierta manera resaltando como mérito el humor (que existe en su obra, pero cruzado con la necesidad de subvertir la realidad en una época en que el rechazo de las condiciones sociales se filtró a la literatura y se necesitaba evidenciarlo para devolverle el valor). Sin embargo, en la mayoría los casos todo se tradujo a esto: “Se admira en ella la inteligencia. Pero se la encuentra fría, egoista, se puede ver al fin, que Pablo Palacio no ha podido olvidar su mentalidad de clase, que tiene un concepto mezquino, clownesco y desorientado de la vida, propia en general de las clases medias, de estas clases medias cuya existencia niegan los interprtadores autóctonos de la realidad americana”.

Pablo Palacio

Estas palabras fueron escritas por Joaquín Gallegos Lara, autor de la considerada novela de Guayaquil, “Las cruces sobre el agua”. No sé hata qué punto una obra literaria pueda cargar con el título de novela sobre una ciudad, pero eso es otro capítulo.

Ensayos sobre el estado de la novela, tema del que he hablado por acá, sobre el combate en la literatura, sobre el fútbol, sobre Enrique Gil Gilbert, José De la Cuadra (quizás uno de los mejores de los trabajos en este libro), sobre autores ‘jóvenes’ ecuatorianos, narrativa española de los años 80 y 90, etc…

Enrique Gil Gilbert

“El texto como prueba” es un libro que recuerdo Miguel tenía listo desde hacía mucho tiempo, y que reúne textos desde prólogos, artículos de prensa, entrevistas, textos de revistas y otros que resumen el crietrio de un autor que para muchos, a pesar de su edad (sí, extraño esto, pero creo que es producto de los talleres que dirige) es quizás el más novedoso y el que tiene menos pavor para estirar los límites literarios. Hace semanas hablé de él con Solange Rodríguez y lo definió como autor posmoderno, y puede ser. No vale ampliar las discusiones, sino disfrutar la propuesta. El punto de esto es que la mejor manera de devolverte por el camino de la literatura en momentos de desesperación por una enfermedad está en el ensayo. Incluso te da elementos para la narrativa, así que aprovechen y disfruten, Busquen algo que se acerque a sus necesidades.

Por lo pronto, hoy que duermo en un hospital tengo a la mano algo de Andrés Neuman y Julian Gracq.

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