Una proyección de sexualidad distinta

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imagen del documental de Diana Varas

Me acerco a la séptima edición de los EDOC (Encuentros del Otro Cine) con cierta curiosidad, revisando la lista de documentales participantes. Entre ellos veo “A imagen y semejanza”, de Diana Varas Rodríguez y decido verlo. Más allá de la cercanía sanguínea (que de seguro existe entre ella y yo… los Varas no somos un clan como Los Sangurimas) lo hago maravillado por ver algo del trabajo de Diana a nivel audiovisual… el literario ya lo experimenté gustoso en uno de sus cuentos que pude editar en una revista que dirigí en Guayaquil.

“A imagen y semejanza” es un documental de aproximadamente 40 minutos cuyo tema central es el transexualismo. Individuos que van más allá de su género, por su identidad sexual, y buscan algo más, una razón, explicación, una forma de vida. Quizás como todos, quienes estamos al borde de las búsquedas, una evidencia más de lo que es la humanidad, al fin y al cabo eso somos. Por eso ver el documental exige el abandono de un prejuicio, para algunos debe ser difícil, para otros no.

Para mostrar la nula distancia que hay entre homosexuales y heterosexuales y más que nada algo tan fundamental como el hecho del respeto (podría decir tolerancia, pero ese concepto me suena a no comprensión, sino a dejar que las cosas sean porque son), Diana se centra en la historia de cuatro personajes: Carlos/Ginger, una drag queen de Guayaquil; Mabel, una dirigente de los movimientos glbt (gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) de la Península de Santa Elena; Jem, otra dirigente que se encarga de la protección y guía de las jóvenes que se prostituyen, y Daniel, drag queen que tiene un local de varieté (creo que esta debe ser la palabra) en Quito, donde presenta una serie de obras orientadas ligadas a la transgresión o la transformación del género. Las historias se cruzan, pequeños fragmentos de sus declaraciones y sus experiencias, otros personajes que aparecen y dan su versión de la situación. Hay un diálogo entre todos ellos, a pesar de la distancia física y geográfica, sus edades y perspectivas… incluso su aspecto físico.

No hay mucho que hacer cuando en un país como Ecuador se pretende vivir en una libertad que toca lo sexual.

Así, lo que en un momento empieza como algo que podría ser un documental más sobre el tema, se va transformando en los criterios de 4 seres que se convierten en uno gracias al trabajo de montaje. Sí, el discurso se articula como uno solo, las experiencias son múltiples pero se enarbolan en un mismo cristal. Uno no sabe en qué momento cambia el método de aproximación, pero es evidente que a la mitad del documental los mismos recursos fotográficos del inicio producen algo distinto. El éxito son los personajes y cómo pueden confluir en una obra que toca una serie de tópicos, desde los más obvios (¿cómo se dieron cuenta de su definición sexual?, o el rechazo social) hasta la ubicación de los personajes como seres políticos con prácticas definidas.

En algún punto puedes reírte. Ginger sale a caminar por las calles de Guayaquil ante la mirada de sorpresa de los transeúntes, o canta una de las canciones de su espectáculo. Una turista hondureña se acerca y dice (como si no dijera nada) que en todos los países de Latinoamérica que ha visto una escultura de Bolívar se lo ve afeminado.

En otros momentos te descubres experimentando los discursos de individuos que tachan, aún ahora, de enfermedad a algo que se nutre del individuo y de su derecho a una identidad. Quizás el logro mayor del documental radica en colocar desde el lado del ofendido, la ofensa. Los conceptos, algunos, pueden ser latigazos a la razón, sobre todo cuando la religión está inmersa.

Talvez no valga la pena ser tolerante, sino comprender y así desarrollar algún tipo de respeto y Diana, en un momento político específico en el país, ha decidido evidenciar las razones detrás de algo que no es ni endemoniado, ni una afrenta a la naturaleza. La estupidez lo es y seres creados a imagen y semejanza de Dios pueden también demostrar que las divinidades pueden ser tontas… cuando no se puede pensar tan solo un poco.

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