Ella camina por la ciudad

Llueve y está adelantada por unos pasos. Portugal va hacia abajo, cae hasta estrellarse con un parque. Ella ha caminado mucho, está mojada por la lluvia que espanta en Quito. No es fuerte, sino constante, firme. Y en la firmeza puede estar el dolor o la determinación de la risa. “Something in the way, yeah/ uhhhhhh”. Por la mente la imagen de Phillip Seymour Hoffman haciendo de Phillip, el enfermero de Jason Robards, en “Magnolia”.

Ordena la pornografía necesaria. ¿Cuál de todas? ¿Qué es la pornografía? “And the animals I’ve trapped/ have all become my pets”. Es lo que está frente a nosotros. No lo que da placer, sino lo que anestesia. El miedo que paraliza. Ella está adelantada por unos pasos y camina de golpe hacia un vehículo estacionado, conducido por un joven. Estoy cerca. Ella le habla, pero él no consigue responderle nada positivo. Ella es hermosa: ojos grandes y negros, abiertos y vivos; rostro como óvalo, labios gruesos y rojos, a pesar del frío. Abrazada por un abrigo regordete (para el frío inclemente del día a día) y con un jean cubriéndole las piernas contorneadas, escondiendo infructuosamente las curvas. Una mujer tan atractiva siempre llama la atención al andar.

Me ve y se me acerca, con rapidez. Mantiene su distancia. Ve los audífonos en mis orejas. “The second coming came at last and out of closet”. Tiene algún tipo de reparo, sin embargo no se aleja de la idea de decirme algo.

-Disculpa – me dice -, tengo Sida y sabes lo inclemente que puede ser esta enfermedad.

Me detengo, dejo de escuchar música y la miro fijamente. Es hermosa, insisto. Es hermosa y tiene mucho dolor en el rostro. Y frío. Le sonrío y me devuelve la sonrisa. Me dice que la familia la ha abandonado, que no quieren saber de ella. Que no tiene manera de trabajar. Que no ha comido. Que se hace atender en un centro para gente desprotegida, donde la ayudan con medicamentos, con lo que se puede. Que hoy no ha comido y que se ve en la necesidad de hacer eso, que nunca había pensado hacerlo…

El silencio es el sonido que no existe cuando dos se callan, sobre todo cuando hago el ademán de buscar algo de dinero, del poco que cargo y dárselo. Me agradece y se va. La veo adelantarse unos pasos, sigue siendo hermosa y es la Magdalena. Sufre por algo que hizo o no hizo o le hicieron o se inventó. El dolor es también una invención, ser mujer puede ser un dolor cuando está mal inventada, como pasa con muchas en el país, en el mundo.

No hay manera de entender y quizás no deba. Magdalena se va y se sabe mujer, víctima de algo y fuerte, a pesar de todo. Una mujer vale más que mil palabras a favor del género. Ella lo supo, ella lo sabe.

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