El escritor y las letras suicidantes

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Raúl Barón Biza era un escritor considerado pecaminoso para su época, en Argentina, tanto que sus obras no han sido reeditadas todavía. Leo sobre él por primera vez en la última Gatopardo que ha llegado por acá, en un artículo escrito por Cicco, y puedo decir tres cosas: 1) ¡Qué historia fabulosa!, 2) ¡Qué ficción tan grande y qué realidad más lacerante!, y 3) La nota pudo ser mejor… pero de este último punto no escribiré hoy. Preferiría no caer en digresiones.

Barón Biza era contemporáneo de Borges y en su artículo Cicco lo compara con Ed Wood:”Nunca hubo otro tan malo”. Su síntesis está contenida en uno de los primeros párrafos del texto: Fue playboy, prófugo de la justicia, hacendado, víctima de torturas, empresario olivícola, minero, director de revistas, diplomático en Hungría, accionista en concesionarias de automóviles en Uruguay, empresario de algodón en Egipto, suicida y, por poco, asesino. La policía lo consideraba en enemigo de la moral y las buenas costumbres. Estuvo acusado de desacato a la autoridad. Fue arrestado en distintas oportunidades por desacato e insurrección. Se lo llamó pornógrafo, misógino, misántropo y antisemita. En su libro Todo estaba sucio, de 1963, escribió: “El judío es comerciante por necesidad y vocación, estudioso, perseverante, con un desarrollado instinto de parásito”. Era pariente lejano del Che Guevara. Inspiró dos tangos, fue heredero millonario, organizó orgías, y huelgas de hambre, se afilió tres veces a la Unión Cívica Radical, retó a duelo a un senador, a un coronel y al jefe de la Policía Federal de Buenos Aires, lo que le costó 20 días de prisión. EN sus ratos libres, Barón Biza era escritor. Y no le iba mal. Sólo de su primera novela, El derecho de matar, editada en 1933, tuvo tres ediciones. Según cálculos del mismo autor, agotó 200 mil ejemplares”.

Autor de 8 obras, la lista de arriba da una idea del porqué este personaje permaneció en la ignominia literaria. El Derecho de Matar, para muchos, sigue la línea del Marqués de Sade, escatología necesaria para el desencanto, para darle cuerpo y sombra. Incluso envió uno de sus ejemplares al Vaticano, de regalo al Papa de entonces. Pero quizás lo ejemplar de todo esto es cómo su filiación política jugó un papel determinante en el éxito de sus obras (fue partidario acérrimo de Hipólito Irigoyen e incluso financió el traslado de sus partidarios desde Córdoba en un tren disfrazado de luto): se confiscó la primera edición de la novela, de 5000 ejemplares, por considerársela obscena (Barón Biza tenía la boca floja y lanzaba improperio tras improperio a quien sea) y estuvo preso. Ya en libertad, y con la posibilidad de hacer otra edición, aprovechó el escándalo y su dinero: Él mismo promocionaba sus publicaciones en los diarios de mayor circulación. El éxito, claro, fue inevitable. Sin embargo lo político consiguió determinar muchas de sus “fracturas”: se lo acusó de financiar a grupos extremistas, por ejemplo.

Todas estas situaciones (unidas a su viudez y luego proceso de divorcio de su segunda esposa) confabularon en el final de su fortuna familiar, conseguida a punta del esfuerzo de su padre Wilfrid Baron, dedicado al negocio del azúcar y la Bolsa de Valores de Buenos Aires, y que llegó a ascender a 110 millones de dólares, que se dividió entre los 5 hermanos Barón Biza. Aún ahora esa cifra escandaliza. Pero él siguió escribiendo, al parecer cada vez mejor, pero igualmente criticado. De su obra de 1942, Punto Final, fue considerada por un crítico de la siguiente manera: “Es el fruto de un cerebro enfermo en donde se dan cita cuanto de más infame, cínico, canalla y blasfemo pueda escribir la más envilecida de las plumas. Sólo hay una definición para el autor y su producto literario: se trata de la obra de un degenerado, en el más amplio sentido de la palabra”.

En 1963 publicó Todo estaba sucio, su última novela. En ella, un marido desencantado asesina a su esposa (este dato debo confirmarlo más, pero en los datos que he encontrado esta es la versión más verosímil) como solución a las cosas que pasaban por su vida. El crimen como revelación, como cadencia, si se quiere decir. El 16 de agosto de 1964, luego de años de separación, Raúl Barón Biza decide firmar los papeles de divorcio de su hasta entonces esposa Clotilde Sabattini, madre de sus tres hijos: Carlos, Jorge (que se dedicó a la literatura) y María Cristina. Abogados de ambos en el sitio, la casa del escritor maldito argentino. Vestidos con la formalidad de siempre, con ese estado de cosas que deben ser el estado de las cosas por hacerse. La formalidad y displicencia que se siente con tanto detalle en la vestimenta. Se sientan, todos se miran y discuten los términos en calma. Barón Biza al pareer también fue un gran conversador. En algún momento de la velada, él se levanta y se dirige al bar. Ofrece algo de beber a los asistentes. Whisky, le dicen. Los sirve con total tranquilidad y sin problemas, hasta podría decir que silbaba mientras lo hacía. Se acerca a ellos y les entrega los vasos a los abogados. Con Clotilde la situación cambia. Se detiene frente a ella, la observa los segundos suficientes para retener su rostro por última vez y le lanza el contenido del vaso. Todo se trueca en dolor a partir de este momento. Nada de lo anterior valió la pena para catalogarlo como eso. El dolor suele desgajar pedazos de uno hasta que no queda más que destrozar. El rostro de Clotilde se deshacía frente a la mirada aterrorizada de los abogados y de un impávido Barón Biza. El vaso de ella tenía ácido corrosivo. El rostro dejó de ser rostro. Apenas se fueron al hospital, en medio de gritos de desesperación, Barón Biza entró a su habitación y desperdigó su cabeza en el lugar, al dispararse. Clotilde no pudo ver su rostro jamás: se suicidaría unos años después. María Cristina, la hija, tendría algo en ella y seguiría el mismo camino. Jorge, el único hijo interesado en devolverle algo de respetabilidad al padre, cerraría esta idea suicida el 2001. Carlos no quiere saber nada de su familia.

Así, no me queda duda, las palabras pueden ser certificaciones suicidantes. Quizás por eso estoy convencido que uno se mata de a poco a medida que termina alguna obra.

2 comentarios en “El escritor y las letras suicidantes

  1. Bacán, pilas con el el artículo de Vila Matas en Letras Libres sobre Barón Biza, es del putas y se dice más sobre el incidente con su mujer.

  2. Bacán, pilas con el el artículo de Vila Matas en Letras Libres sobre Barón Biza, es del putas y se dice más sobre el incidente con su mujer.

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