A hard day’s night

Uncategorized

Hay días en los que creo que Quito es una bomba de tiempo. Ayer se me pasó eso por la cabeza, ¿qué pasaría si todos perdieran la paciencia en el mismo instanta? Cuando un recorrido de 5 minutos en carro se transforma en una hora de embotellamiento, no te queda otra cosa que pensar. Algún momento llegará la destrucción, el día de furia.

Aunque hay cosas que te ayudan, situaciones y actitudes. Ayer intenté ser parte del público para la premiere de “El método Grönholm”, del español Jordi Galcerán, en el teatro del CCI, y fue inútil la llegada. Principalmente porque habían entregado más invitaciones de las que el teatro puede resistir y claro, al llegar un poco antes de la función, te enteras que te toca sentarte en el suelo o en las escaleras. ¿Para qué envían un número de invitaciones mayor a la capacidad de la sala? Contra la estupidez no se puede combatir, sin duda. Luego, la salida con molestia del sitio (si hubiera sido pagado, de seguro que hoy ya hubiera puesto una denuncia en la Tribuna del Consumidor… en definitiva el combate contra este tipo de acciones tiene que empezar en algún momento). Afuera, el enfrentamiento mortal con uan ciudad toda sobre ruedas, a la defensiva, y te ahogas, te ahogas porque hay demasiada gente a tu lado.

Alguien me había dicho que en Quito se siente una energía bien fuerte y que no hay espacio para el escape, no existe esa válvula (bueno, digamos que existe, pero el uso de sustancias me sabe a algo aburrido) y por eso el descontrol. No lo sé, pero ayer estuve tentado en gritar un par de veces ante esa cantidad de individuos que sin misericordia intentaban vivir en una caja de zapatos.

Un parqueo de milagro, una caminata breve, todo atestado, todo el mundo caminando y golpeándote los brazos. Tu tratas de esquivarlos, pensar en otra cosa para no ser como Michael Douglas en esa película y salir del carro con un bate o algo similar. La gente se pelea y entiendes la desesperación, el alcohol, el deseo de hacer lo que te da la gana. Llegas a sentir compasión, pero eso no es suficiente, ni necesario. Retorno al vehículo en menos de cinco minutos. No se puede tomar ni siquiera una cerveza y el cerco es cada vez mayor. Intentas sonreir, pero es inútil. ¿Qué pasaría si toda una ciudad estalla? ¿Qué pasará con una ciudad que crece a un ritmo atroz y que no tiene espacio para nada? Recorro en el auto, hay otros alrededor. En un país donde las placas de los autos tienen tres número, Quito muestra carros con cuatro números. Cada vez se llena de más vehículos. Por eso la sensación de ahogo.

Y cuando llegas a casa te encierras y sientes la felicidad del encierro. Y preguntas de todo, sobre todo, cómo puede ser posible que el estar encerrado sea la paz y el afuera (“afuera tú no existes, sólo adentro”, cantaría Saúl Hernández) el caos, el horno para calentar los males. Algún día la bomba hará de las suyas, no me queda duda.

4 comentarios en “A hard day’s night

  1. Es una penosa situación desde luego, aunque no estoy acostumbrada a ese agobio,me gusta el roce con la gente porque la soledad también cerca y estrangula. A veces, llegar a casa tampoco es la panacea. En fin, depende de los momentos.
    Cuídate.

  2. Es una penosa situación desde luego, aunque no estoy acostumbrada a ese agobio,me gusta el roce con la gente porque la soledad también cerca y estrangula. A veces, llegar a casa tampoco es la panacea. En fin, depende de los momentos.
    Cuídate.

  3. Por trabajo viví en Quito un año y siempre disfruté de la ciudad.

    Sobre tu escrito, me parece que por ahí no te has dado cuenta, pero la ciudad ya está explotando.

    Revienta de varias formas, en cada roce, se queja, los volcanes internos y externos rugen. La lava recorre las emociones de las personas, especialmente en los lugares regenerados. Y bueno… imagino que es normal.

    Toda ciudad grande explota. Ahora estoy en Buenos Aires y me encuentro con mucha gente que odia la ciudad. Me dicen “Capital es una amante exigente, es una relación amor / odio”.

    Yo prefiero citar a Benedetti:

    “Cada ciudad puede ser otra
    cuando el amor la transfigura
    cada ciudad puede ser tantas
    como amorosos la recorren”

    Deja el bate y toma de la mano a alguien. Trasfigura la ciudad. Crea no lugares.

    Quito tiene mucho potencial para perderse un buen rato.

    Saludos.

  4. Por trabajo viví en Quito un año y siempre disfruté de la ciudad.

    Sobre tu escrito, me parece que por ahí no te has dado cuenta, pero la ciudad ya está explotando.

    Revienta de varias formas, en cada roce, se queja, los volcanes internos y externos rugen. La lava recorre las emociones de las personas, especialmente en los lugares regenerados. Y bueno… imagino que es normal.

    Toda ciudad grande explota. Ahora estoy en Buenos Aires y me encuentro con mucha gente que odia la ciudad. Me dicen “Capital es una amante exigente, es una relación amor / odio”.

    Yo prefiero citar a Benedetti:

    “Cada ciudad puede ser otra
    cuando el amor la transfigura
    cada ciudad puede ser tantas
    como amorosos la recorren”

    Deja el bate y toma de la mano a alguien. Trasfigura la ciudad. Crea no lugares.

    Quito tiene mucho potencial para perderse un buen rato.

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s