Una vuelta por la ruta de las artes marciales*

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Viajar por las carreteras del Ecuador es realizar un curso intensivo de artes marciales. Sí, aprender la estética de las películas de acción es simplemente un acto de acercarte a cualquier terminal del país, ya sea en Manta, Machala, Riobamba, Guaranda, Quito o Guayaquil y comprar un boleto para otra parte del país. El destino es lo menos importante, los golpes y patadas sí. Bueno, golpes y patadas acompañados de los olores de los secos de pollo, empanadas y café caliente que de cuando en cuando aparecen en el carro.

El cocktail más preciso de todos. Transportes denominados ejecutivos llenos de viajeros, disponiendo sus cuerpos en manera diagonal, gracias a los asientos, y así descansar, mientras un hombre honesto es llevado al extremo, o un policía se hace pasar por ladrón en la cárcel, o alguien trata de vengar la muerte de un familiar o amigo… y esa historia está frente a nosotros, y nos atrapa, porque en esas circunstancias uno le apuesta al que sabe que va a triunfar.

El servicio ejecutivo es el reino de los maestros contemporáneos de las artes marciales, de expertos convertidos en los últimos héroes de acción, en los mesías de los viajes largos. Jean-Claude Van Damme (“Juan-Claudio Guamán”, como pronunció alguien en un viaje de Riobamba a Quito) encabeza la lista, indiscutiblemente. Quizás nos encontremos también con la presencia de Jet Li, del gigante y flemático Steven Seagal (siempre y cuando no aparezca cantando en sus películas, o peor aún, vistiendo sus kimonos blindados, esos que se confeccionan en Colombia), del olvidado Michael Dudikoff (el American Ninja), del clon de Popeye llamado Vin Diesel, o algún Mark Whalberg convertido en hombre duro… Es Jean-Claude Van Damme el que se lleva la corona.

Y sí. El belga que entrenó tanto artes marciales como ballet (al que considera como el arte más difícil que le ha tocado practicar) y que llegó a Estados Unidos para convertirse en figura de la pantalla grande, allá en la gloriosa década de los 80, ha encontrado, junto a otras estrellas, su máxima exposición en los recorridos que se realizan en las distintas carreteras del país. María Cruz lleva una gran maleta llena de dvd’s, vcd’s o discos con películas en formato mpeg4 (de esos que soportan de 3 a 5 películas). Camina por la terminal La Cumandá, en Quito, y sus clientes no sólo son los pasajeros que toman los carros que van cualquier punto del Ecuador, también están los choferes y ayudantes de los ejecutivos que se aparcan en los andenes de salida, esperando su hora de ‘despegue’. ¿Qué vende más? Las de acción, probablemente es lo único que tenga, además de ciertas comedias, películas religiosas y una que otra porno. María saca de su maleta un disco que dice: ‘Colección Van Damme’ y se lo entrega a un encargado de la cooperativa ‘Bolívar Internacional’, con destino a Guaranda. El menú del viaje: “León, peleador sin ley”, “Soldado Universal”, “Timecop” y “Muerte Súbita”. ¿Cuánto costó el disco? Sólo un dólar, nada más.

Entonces, ya saliendo de la ciudad principal, se encienden las pantallas, el asistente coloca el disco en el DVD player, el ‘loading’ titila frente a nuestros ojos. El pasajero que está delante decide reclinar su asiento sin consultarnos y nos golpea las rodillas. Alguien abre una funda con empanadas y el olor a carne inunda el carro; intentas abrir la ventana y por más presión que haces, el acto es imposible. Llamas al encargado que te dice: “¡Espere un momento!” y lo ves frente al DVD player hasta que en la pantalla aparece quizás una leyenda conocida en las películas de acción de esos gloriosos 80: “A Golan-Globus Production”, o algo similar. Se acerca a ti y le preguntas si se puede abrir la ventana. “No, está dañada”, y sin esperar tu respuesta da media vuelta y regresa a la cabina del piloto, cerrando la puerta con fuerza. En la pantalla, Van Damme es un policía que se enfrenta con ‘Sandman’ y resulta que luego es llamado a ir a una prisión y hacerse pasar por un reo para descubrir por qué están muriendo algunos prisioneros. Y al final de ‘Death Warrant’ Van Damme se enfrenta de nuevo con ‘Sandman’, en las calderas de la prisión, con todos los presos alrededor, y claro, patada va y patada viene, gana, es el héroe y todos lo respetan. Si en realidad fuera así de sencillo.

O podría ser el malo. El que le rompe la pierna al dueño de una academia de karate que decide no vendérsela a un mafioso. Entonces es el hijo del herido quien se le enfrenta y lo vence, gracias al entrenamiento del más allá, de la mano de Bruce Lee, quien se le aparece para darle clases magistrales. “Retroceder nunca, rendirse jamás” ya es de por sí un clásico, sobre todo porque ves a un Van Damme vestido de traje blanco, como un chulo de día/ matón de noche. De diez viajes, si tienes suerte, la puedes ver solo tres veces.

En ocasiones surgen hechos excepcionales y Van Damme es vencido por Brendan Fraiser como ‘George de la Selva’ o un Jack Nicholson convertido en mafioso irlandés en las calles de Boston, junto a Leonardo Di Caprio y Matt Damon. ‘Los infiltrados’ doblado al español de España es una experiencia indescriptible en un bus interprovincial, especialmente en este país donde el acento nos resulta tan ajeno: “¡Hombre, que no zoy un poli!”, se desespera Di Caprio frente a un Nicholson que le destroza el yeso que tiene en su antebrazo izquierdo. Pero estas son excepciones que confirman la regla.

“Las de Van Damme son buenazas. Esta ya me la he visto cuatro veces”, me dice Roberto Amador, con quien comparto asiento para ir de Portoviejo a Guayaquil. Ahora el futuro destrozado tiene en Van Damme la solución de llevar a una mujer/robot con el antídoto de una enfermedad hacia los que podrán curar a la raza entera. ‘Cyborg’ es la lucha del hombre por corregir el futuro y pelear contra un tipo gigante con gafas de luchador de la WWF. Las cuatro veces que la ha visto Roberto ha sido en buses que van desde un lugar de la costa a otro.

Es más, juguemos a los números (¡Matemáticas, a mí!). De un total de 181 empresas de transporte interprovincial (según cifras del Consejo Nacional de Tránsito), con un servicio que incluye baño y la proyección de películas gracias al beneficio de las pantallas y los dvd player, con 5903 vehículos a su disposición dando vueltas por el país, las 20 películas más conocidas de Van Damme (de las más de 30 que ha hecho y sigue protagonizando) podrían ser proyectadas 118 060 veces, las 20 en cada uno de los buses. Insisto, si tienes suerte es probable que repitas mínimo tres veces la misma película, si no eres un viajero constante. Claro, en los buses hay cierto tiempo de vida para cada filme. Las carteleras son variables. “ A veces las cambiamos cada semana, o si se nos olvida a los quince días”, ‘Jaime’ es un colaborador de la Reina del Camino, el encargado de comprar las películas para ver en cada recorrido. “Hay gente que las ve, pero las ponemos para que puedan dormir más rápido y así no tener inconvenientes en el viaje”. Sabia respuesta.

Así todos las vemos, desde los que pagamos un pasaje entre 1 a 10 dólares, hasta los que se suben a vender alguna ‘cosita’ para el camino. Detenidos en el pasillo, interrumpiendo el paso de la pobre ancianita que por tercera vez en menos de dos horas se ha levantado al baño. Con el rostro sobre el monitor que permite ver la acción a cualquiera, excepto al cristiano que pidió un asiento que resultó estar debajo del televisor. Festejando el golpe certero de la patada voladora que Van Damme le da a Tong Po, un asiático gigante de pelo largo, en ‘Kickboxer’, para luego recordar que subieron para vender algo y continuar con el trabajo. El rey Van Damme puede detener la vida unos minutos y nadie se queja.

En un futuro menos apocalíptico que el de ‘Cyborg’ sería interesante ver una muestra del cine de Van Damme y de otros héroes de acción no en salas regulares, sino en buses, quizás un acto de justicia o de redundancia… Como la patada que el pequeño Joel le da a su primo en la cara apenas se termina la película, repitiendo lo que acaba de ver. Y el llanto del niñito despierta a los que se durmieron en el recorrido Guayaquil-Quito, y hace pensar a otros: “niño imbécil”, antes de intentar dormir con los berridos de un ser de casi 5 años, con la marca roja del pie del primo sobre su cara, como si Van Damme estuviera dándole la lección de oro a Sandman y la película se terminara a continuación.

* esto lo escribí para una revista, pero por alguna razón que no me quedó clara no salió. Así toca…

12 comentarios en “Una vuelta por la ruta de las artes marciales*

  1. definitivamente van damme es el rey de la reina (del camino) aunque… me vi una de john woo buenisima de su época ochentera…

  2. definitivamente van damme es el rey de la reina (del camino) aunque… me vi una de john woo buenisima de su época ochentera…

  3. La constante en las películas de Van Damme: cuando está al final en la recontra mierda y su enemigo ríe desde toda su superioridad el bueno de Juan Claudio se levanta con nuevos bríos y derrota al maloso; nunca falla.

    Irvine Welsh empieza su Trainspotting precisamente con Renton y Sick Boy viendo una película de Van Damme, pero Boyle dejó fuera esa escena.

  4. La constante en las películas de Van Damme: cuando está al final en la recontra mierda y su enemigo ríe desde toda su superioridad el bueno de Juan Claudio se levanta con nuevos bríos y derrota al maloso; nunca falla.

    Irvine Welsh empieza su Trainspotting precisamente con Renton y Sick Boy viendo una película de Van Damme, pero Boyle dejó fuera esa escena.

  5. Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido, señor Ludo…

    Creo que ya recordé por qué no la sacaron en ese revista, me dijeron algo así como que no había identidad ecuatoriana en el texto (¿era eso?)

    Siempre hay que darle espacio a la duda

  6. Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido, señor Ludo…

    Creo que ya recordé por qué no la sacaron en ese revista, me dijeron algo así como que no había identidad ecuatoriana en el texto (¿era eso?)

    Siempre hay que darle espacio a la duda

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