Los abuelos al hospital

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Las últimas semanas han sido días de noticias sobre internaciones de escritores con edades un tanto avanzadas: José Saramago, Mario Benedetti y Mario Vargas Llosa, él por un presunto problema cardíaco. Los abuelos han visitado los hospitales por problemas de salud, problemas inevitables.

Eso sin precisar decesos, como el de Julien Gracq (la querida Manuela me hizo uno de los mejores regalos al enviarme su libro ‘A lo largo del camino’, que ya empezaré a leer), lo que te hace pensar en ese asunto de fragilidad del cuerpo, la vida que se oxida y se deja vencer por el deterioro celular, la nada que al final llega.

Y bueno, digo abuelos porque para alguien de mi edad, en un país como Ecuador, no existen padres literarios. Supongo que esa es una constante que se debe repetir en otros países. Pero si me interno en lo que sucede por acá, la afirmación no me queda duda, por esa razón es que el parricidio literario, el dinosaurio joven comiéndose al viejo, es inútil, torpe y hasta burdo.

No es respeto a ese padre que de seguro existirá. Es practicidad, porque ese padre simplemente no quiso cumplir su función o no lo dejaron. No importa el motivo. Eso es lo que está detrás de toda precisión, los abuelos, esos viejos extranjeros que sí nos llegaban a las manos, son quienes nos dieron el empuje para hacer lo que hacemos y disfrutarlo. Una biblioteca para alguien de aquí es un monumento a los abuelos.

Entonces hay un ligero escozor y temor por lo que ha pasado, porque quieres que no pase, que se mantengan un poco más. Porque más allá de respeto hay cariño, un cariño provocado por una circunstancia editorial, por decisiones de algunos, porque los de acá no tuvieron espacio… o ¿será que no quisieron cumplir con ese espacio?

En Ecuador parece que no saltamos de los abuelos a nietos, sino de los bisabuelos a los nietos. En el medio, claro, una generación de padres que todavía continúan escribiendo, pero que nunca cumplieron su función. ¿Qué debíamos romper? La nada, el silencio, libros que si tenías suerte te llegaban a la mano y los leías, los entendías, podías disfrutarlos, pero no eran ‘tus libros’, porque la vida te había enseñado que Borges, Onetti y Di Benedetto escriben ‘tus libros’. ¿La distancia? Es mucha, el respeto a esos padres que se abandonaron existe, si me lo pongo a pensar, bajo la etiqueta de la curiosidad.

Pero no resiste más allá de esa mirada.

¿Son malos nuestros padres? No, no lo son. Simplemente que veces no interesan. En el fondo la única certeza de ese tipo está en comprender que un país como este, que busca en su estructura ósea una razón de ser, tiende a olvidarse que la vida encuentra su camino, su vertiente. De nada sirve ese consejo paterno porque el padre no conoce al hijo, sino que intuye ciertas cosas que no funcionan, que no son del todo ciertas. El hijo que escucha a esos padres y repite las ideas es porque no funciona bien, porque hay algo que no hizo ‘click’.

Esa independencia es la mejor cuando te sientas a escribir algo que quizás tus padres no aprueben… porque no escribes para encontrar respuestas, porque no escribes para ellos.

4 comentarios en “Los abuelos al hospital

  1. Viendo lo que sois capaces de escribir los que decís no tener padres, una se pregunta qué hubiérais hecho de haberlos tenido. De lo que no hay duda es que la mezcla de abuelos, lejanías y dificultades ha hecho de vosotros lo que sois. Hablo de países como Ecuador, Chile, Árgentina, en los que hay un hervidero literario semejante al que España conoció hacia los años 70 y que fue el caldo de cultivo de escritores como Panero, Valente, Brines, Vila,… y que creó las controversias necesarias para que afloraran los mundos cernudianos post morten) en contraste con la poesía como conocimiento.
    No tengo dudas de que todas estas situaciones son enriquecedoras. A la vista está.
    Un abrazo

  2. Viendo lo que sois capaces de escribir los que decís no tener padres, una se pregunta qué hubiérais hecho de haberlos tenido. De lo que no hay duda es que la mezcla de abuelos, lejanías y dificultades ha hecho de vosotros lo que sois. Hablo de países como Ecuador, Chile, Árgentina, en los que hay un hervidero literario semejante al que España conoció hacia los años 70 y que fue el caldo de cultivo de escritores como Panero, Valente, Brines, Vila,… y que creó las controversias necesarias para que afloraran los mundos cernudianos post morten) en contraste con la poesía como conocimiento.
    No tengo dudas de que todas estas situaciones son enriquecedoras. A la vista está.
    Un abrazo

  3. Es raro, hace poco postee algo que hace bastante referencia a lo que dices en tu texto.

    Entiendo que es una experiencia muy liberadora y “relajada” escribir sin toda una tradición detrás, sin esos padres literarios pertenecientes al mismo lugar de origen del que escribe; que es, de alguna manera, escribir “bajo tu propio riesgo”. Pero creo también que esa falta de padres, de gente de trascendencia, de respeto, ha logrado que los escritores de este país sean gente pasiva, si quieres cómoda. Escritores que no han tenido a quien discutir, a quien confrontar, de quien desmarcarse. Quizá coincidas conmigo en el hecho de que artísticamente hablando (vaya concepto) los escritores de Ecuador no han sido muy rebeldes e innovadores que se diga, o lo han siso de forma superficial.
    Se supone que tienes que matar simbólicamente a tu padre para ser un adulto, es lo que pregona la psicología, y si nos basamos en eso, encontramos un poco la respuesta de por que este país no ha dado la gran obra. El gran escritor referente. En fin, lo más seguro es que esté siendo injusto con mi apreciación. Pero para ser todavía más injusto y arbitrario, creo que los bloger ecuatorianos son en estos momentos la gente con más sentido de innovación en cuanto a la literatura, o por lo menos los más frescos.

    Saludos
    Un gusto haber encontrado tu blog, voy a hacer clic a los costados para agenciarme tu libro de cuentos.

  4. Es raro, hace poco postee algo que hace bastante referencia a lo que dices en tu texto.

    Entiendo que es una experiencia muy liberadora y “relajada” escribir sin toda una tradición detrás, sin esos padres literarios pertenecientes al mismo lugar de origen del que escribe; que es, de alguna manera, escribir “bajo tu propio riesgo”. Pero creo también que esa falta de padres, de gente de trascendencia, de respeto, ha logrado que los escritores de este país sean gente pasiva, si quieres cómoda. Escritores que no han tenido a quien discutir, a quien confrontar, de quien desmarcarse. Quizá coincidas conmigo en el hecho de que artísticamente hablando (vaya concepto) los escritores de Ecuador no han sido muy rebeldes e innovadores que se diga, o lo han siso de forma superficial.
    Se supone que tienes que matar simbólicamente a tu padre para ser un adulto, es lo que pregona la psicología, y si nos basamos en eso, encontramos un poco la respuesta de por que este país no ha dado la gran obra. El gran escritor referente. En fin, lo más seguro es que esté siendo injusto con mi apreciación. Pero para ser todavía más injusto y arbitrario, creo que los bloger ecuatorianos son en estos momentos la gente con más sentido de innovación en cuanto a la literatura, o por lo menos los más frescos.

    Saludos
    Un gusto haber encontrado tu blog, voy a hacer clic a los costados para agenciarme tu libro de cuentos.

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