Un año después

“You say you want a revolution/ well, you know/ We all wanna change the world/ You tell me that it’s evolution/well, yoy know/ We all wanna change the world/ But when you talk about destruction/ Don’t you know that you can count me out… in”
‘Revolution’, The Beatles

La Revolución Ciudadana lleva un año en el poder. Para muchos el criterio sería más sencillo: el Presidente Correa lleva un año en campaña. La misma actitud, la similar confrontación que tendría un candidato para conseguir votos y llegar al poder. Hoy por la mañana escuchaba las frases de Jacinto Velásquez (uno de esos eternos candidatos presidenciales que muchos opinan sería lo mejor, pero que nunca ganará) y lanzó una que me pareció valerosa y precisa: No se le puede pedir mucho más a un Presidente que salió de las aulas universitarias directamente al Poder… hay que darle tiempo.

Y bueno, esas expresiones que funcionan como balance serán muy comunes estas semanas en las que se analizará el año de mandato. Desde el 15 de enero del 2007, Rafael Correa empezó a ocupar su oficina en el Palacio de Carondelet, dándole a su movimiento poder y presencia fuerte. Tan grande que incluso ha conseguido desplazar a otros partidos políticos y prácticamente quedarse como única opción en el país. Lo ha hecho con mucha popularidad (la mayor que yo recuerde para un político en este país), con un grupo de seguidores que lo defienden y son capaces de repetir las frases que él dice cada sábado en sus cadenas radiales como lemas de guerra. Seguidores que en su mayoría esperan cambios y por lo general al esperar cambios caen en la escasez de crítica.

El proyecto de Correa es interesante y quizás funcione a largo plazo. Las inequidades económicas son terribles en este país, que ha podido mantenerse gracias a un petróleo que sube cada día y flirtea con los 100 dólares, y gracias a la vida de millones de ecuatorianos que van a partirse el lomo trabajando en otros países. Lamentablemente para llegar a ese perfecto largo plazo hay que pasar por muchos caminos. Y por más confianza que le tenga al proyecto, prefiero aplicar la frase que Roger Waters repite con cara de niño malcriado: “Mother, should I trust the goverment?”. Y respondo de manera negativa.

Prefiero pensar en V cuando dice que la gente no le debe temer al Gobierno, sino el Gobierno a la gente.

La realidad está tan escondida, tan olvidada. Correa afirma que no han podido comprobarle ningún caso de corrupción. Pero eso, según recuerde, no significa que no sea corrupto su Gobierno, sino que no hay comprobación. ¿Por qué no hay? Porque los medios se han dedicado a pelear las frases que el Presidente expresa a cada segundo en su contra y se han olvidado de hacer periodismo. La realidad es que para llegar al Poder un proyecto político necesita mucho dinero, sobre todo si en menos de un año consigue alzarse con el triunfo. Lo mismo le pasó a Gutiérrez, ¿recuerdan? Tranzó. El punto que difiere ahora es que el Gobierno es de cierta forma más inteligente que el anterior y todos esos negocios son manejados desde otra perspectiva.

Pero se trata de desconfiar y mirar con ojos de extrañeza, por ejemplo, que una persona sea embajadora en otro país y que su hijo sea jefe seccional de una institución del Estado. Te preguntas enseguida, ¿cómo así sucede algo de ese estilo? Es importante desconfiar de los gobiernos, es importante exigir cuentas y respuestas. Es importante también exigir una prensa que deje la mediocridad de lado.

Aquel que quiere limpiar una alcantarilla para que el agua baje y mejoren las condiciones de vida de quienes estén en esa calle, debe embarrarse de mierda para hacerlo. Es la mejor analogía que se me ocurre. No me pueden decir que un Gobierno no es corrupto porque no se sepa nada, todo Gobierno lo es y no hay que ser tan ilusos. Supongo que si se tratara de pensar en ese sentido se descubrirían muchas cosas.

Lo seguro es que durante este año han pasado pocas cosas; sí, pocas. Pero sobre todo son políticas. Un año para dejar sin poder a aquellos que para el Gobierno son el enemigo, y en su mayoría lo ha conseguido. Congreso, Banca, Partidos Políticos… Y el Congreso por partido doble: primero echando a diputados (nadie me puede negar que el Gobierno puso dinero para los diputados alternos de los cesados se posesionaran… para empezar estuvieron alojados algunos días en el hotel Tambo Real, y no precisamente con su dinero); luego simplemente le pidió a la Asamblea que lo terminara y ya.

Asamblea Constituyente, el mayor logro que hasta el momento no realiza ningún tipo de redacción constitucional, ningún tipo de normativa en ese ámbito. Sino que está dividida en mesas de trabajo para tener mayores visiones de la Constitución y así conseguir un mejor resultado (¿será?). La Asamblea sería el único gran triunfo de Correa durante el año y más allá de repetir modelos de politiquería pasados, los que tanto critica el Presidente, es el supuesto espacio para el cambio que todos queremos. Y por lo pronto cumple funciones legislativas (claro, siempre y cuando el Ejecutivo envíe leyes, sino no) y no agota la esperanza que todavía tenemos en que todo va a estar mejor y esa transformación política es el punto inicial.

El año ha pasado y la síntesis es que nada ha empezado. Quizás ahora toque corregir errores y darle forma a un proyecto que por lo pronto se ha dedicado a abrir el camino para la construcción. Espero que sea así.

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