Waking up the dead

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Uno se imagina que la muerte es igual a esos personajes pálidos que Grissom y equipo deben procesar para saber de qué han muerto. Hombres guapos y mujeres hermosas, fríos, con la etiqueta colgando de sus pulgares. Hijos de alguien, hermanos, maridos, padres… casos que se resuelven y que yo veo cada domingo por la tele.

Pero a veces hay que entender que Hollywood no quiere juzgar sobre la muerte, sino mostrarla hermosa, magnánima (y no por un motivo filosófico mayor, como ya lo había demostrado Bergman), para que se convierta en algo pasable, digerible y determinante. Por eso llego con curiosidad y camino por los pasillos de la Facultad de Medicina de la Universidad Central y veo los vestigios de lo que fue la humanidad y sientes algo similar a lo que es un malestar y compasión. La misma sensación que desarrolla un caballo cuando ve a uno de sus especie en dolor. O como esos elefantes que cuando se encuentran con huesos de otro elefante, no abandonan el lugar.

En polvo eres y en polvo te convertirás. Aquella gente que no es reclamada en la morgue llegan allá. Los que están en mejor estado son limpiados por los alumnos (les quitan pelos, hongos y cualquier otra cosa que estorbe en el estudio) y una vez usados son llevados al gran horno, donde lo que fue un humano, utilizado luego de su vida, se convierte en algo similar al carbón. Un hueso frontal en medio de la basura, se destaca, adentro del horno hay lo que son dos vértebras, todavía unidas, chamuscadas. Los huesos son la trascendencia del ser humano.

Entonces llego a la sala de disección y están los cuerpos, dormidos, eternamente dispuestos, esperando el juicio final, que como lo explica Aira es uno solo y varios a la vez. Es individual y es general. Para estos cuerpos, el juicio final es inmediato, para mí no, porque los veo consumirse, llenos de formol, como lo hacen en el anfiteatro de la policía, de donde vienen. Hay una señora mayor a un lado, desnuda, arrugada, amarilla. Hongos a un lado. Ojos cerrados y boca abierta, como exhalando su último suspiro. Un hombre muestra sus dientes al lado. No sé si es hombre o mujer, pero está muerto. El cadáver se sostiene sobre la mesa. “Hace unos años los estudiantes no querían entrar porque pensaban que el lugar estaba embrujado porque los cadáveres se movían”, me explican. Casi llevan a un sacerdote a que practicara un exorcismo o diera su bendición al sitio. La respuesta habían sido las ratas en el lugar. Entraban a comerse los restos.

En otro extremo una mujer/niña descansa. Tiene las pestañas largas y la lengua, gris, inerte, afuera. Cuerpos como receptores de bacterias (¡no respires por la boca, por favor!). Alguien con los ojos abiertos, otro con el pene elevado, otro identificado (¿Este no era el mendigo que pasaba a la entrada de los dos túneles?, alguien pregunta). Y yo entendiendo el mercado de los huesos y la serenidad para hacerlo. Que los mendigos valen más muertos que vivos, que un esqueleto completo puede costar más de 200 dólares. Que en esos casos no te queda más que hacer bromas, como llenar la boca de uno de esos cuerpos verdosos y oscuros con papel y luego encenderlos. Ya no hay mucosa que pueda herirse. Y yo desde la puerta, casi desde la distancia, observando para no sentirme cobarde, pero dolido, porque la vida se acaba y cuando te encuentras con situaciones como esas no te queda más que pensar en Príamo y el dolor de padre, el dolor de humanidad, recordando a su Héctor, vejado por el desgraciado de Aquiles, y pidiendo el cadáver para enterrarlo.

For all those doctors!!! I salute you… con justo reconocimiento y dolor.

6 comentarios en “Waking up the dead

  1. me recordaste a mis varias visitas a la morgue como parte de las labores periodísticas. recuerdo a un médico cosiendo la cabeza de una bebé de dos meses de nacida y pensé: mierda de oficio que me lleva a ver esto. ahora pienso que puedo verlo, al menos. es extraño codearse con la muerte. besos mi edu.

  2. me recordaste a mis varias visitas a la morgue como parte de las labores periodísticas. recuerdo a un médico cosiendo la cabeza de una bebé de dos meses de nacida y pensé: mierda de oficio que me lleva a ver esto. ahora pienso que puedo verlo, al menos. es extraño codearse con la muerte. besos mi edu.

  3. La muerte nunca es hermosa si te toca de cerca. Deforma las caras, los ojos se quedan como trozos de cristal rotos, el color se transforma por momentos,… siempre me impresionó este poder transformador.
    Otra cosa es jugar a imaginar la muerte pero estando vivos.
    Bueno, Eduardo, de lo que hablabas: Yo también he visto muchos muertos y los que más me impesionan son los recientes. Vaya tema, anda.

  4. La muerte nunca es hermosa si te toca de cerca. Deforma las caras, los ojos se quedan como trozos de cristal rotos, el color se transforma por momentos,… siempre me impresionó este poder transformador.
    Otra cosa es jugar a imaginar la muerte pero estando vivos.
    Bueno, Eduardo, de lo que hablabas: Yo también he visto muchos muertos y los que más me impesionan son los recientes. Vaya tema, anda.

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