Santacruz

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Isabella Santacroce es una hermosa gótica, una freak interesante, una caníbal adorable. Parafraseo a Paolo Di Stefano en cierta manera para hablar de esta escritora italiana que me ha dejado helado con una novela de fragmentos cortados, diseminados, un modelo para armar con poca dificultad, un caos ciertamente controlado. “Destroy”, su segunda novela, es un alegato (no tanto a favor, ni en contra) sobre la vida, el nihilismo y la supervivencia.

Con un epígrafe de Billy Corgan, quizás el mejor inicio que pueda tener una canción: “The world is a vampire”, de su “Bullet with Butterfly Wings”, ‘Destroy’ es la hitoria de Misty, su necesidad de contacto, su trabajo como callgirl, como voyeurista, como objeto de satisfacción de los seres más descabellados, consumidora de sustancias, de drogas en aerosol, de enjuagues bucales… Misty está en una búsqueda total, en medio de un ambiente de certero ‘undergraoundismo’, en el que los personajes border, freaks adorables, detestables y humanos, sobre todo.

El rostro de una freak

La humanidad para la autora se encuentra en el lugar menos preciso: incluso en la mendicidad. Quizás la narración sobre la muerte de Tom, un vagabundo que alguna vez habló con ella, sea la parte más dramática y hermosa de la novela. “Cuando me miraba entendía perfectamente lo que quieren decir los ángeles cuando hablan de pureza, y sus ojos me incomodaban, porque era conscientes de que yo nunca podría mirar a nadie de la misma manera…”, escribe Santacroce, en una novela en la que Ian Curtis, Jeff Buckley, Nick Cave, Courtney Love y Massive Attack tienen su espacio, la música como refracción de humanidad.

Misty es una italiana que ha llegado a Londres, vive ahí, duerme poco. Sus días puede ser de 27 o 28 horas. Está buscando sentir algo, en medio de las destrucciones que le toca vivir. La sensación se debate entre Labella, Lilì, Liam, Bryan y Mary, amigos y amantes que la transforman en el ser pequeño que es, que sólo se revela frente a ellos y que tiene forma cuando escribe a Italia a su amiga Telly, una actriz porno.

La prosa es espeluznante y totalizadora (sí, como diría un mal crítico), pero no hay manera de explicar algunas frases que son demoledoras como: “No se trata de juegos ni de simples montajes mentales. Es la amenaza del tedio hambriento. Es existir y sentir cómo las horas marcan segundos interminables. No hay fin. Existes, sí. Te están tocando. Te están follando. Robando lo que no quieres. Sigue mirando y deja que haga lo mismo. ¿No es lo que andabas buscando? Tócame el culo y diviértete. Tócameelculoydiviértete”.

La web de Santacroce está, obviamente, en italiano. Pero apenas la abrí me he quedado helado con la primera imagen que aparece. Vaya, empiezo a cuestinarme la distancia entre personaje y autor, sobre todo cuando al buscar imágenes de ella encuentro muchas en las que aparece desnuda, maniatada o en alguna pose estrafalaria. La situación la resumo en dejarse llevar o en la negación de ella misma, pues con un apellido así, vaya que se puede jugar a la blasfemia vital y a la naturaleza vil de la humanidad.

dos hermosas: Asia Argento e Isabella Santacroce

Aquello detestable, cuando es contemporáneo, tiene otro sabor.

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