Entendiendo la violencia

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Una sensación crecer en la región occipital, se esparce y te da la idea de que todo lo que tenga que ver con lo humano, lo intrínsicamente humano, es violento. Lo descubres de la peor manera, estableciendo que los químicos aumenten en tu organismo y el deseo de romper cráneos, de esos infieles que no son más que bárbaros, merecen el mínimo respeto.

Las emociones se contagian como el bostezo; sin embargo, a diferencia de abrir la boca y esfumar vida, hay que hacer un mayor esfuerzo para hacer cosas buenas. Las malas son un añadido del ser.

Y bajo las escalera de mi departamento, debo salir, es tarde. Una pareja discute en uno de sus hogares y yo paso de largo, no hay necesidad de escuchar las bajezas de otro. Para eso las de uno. Llego hasta la puerta de salida y la abro, cierro, coloco la llave en la cerradura y empieza el derroche. Puertas que se cierran, golpes en las paredes, gritos. La mujer desesperada, grita “Ayuda”, con desesperación y consigue desesperarme. Las sensaciones se cruzan unas a otras, como si fuese un acto de ósmosis. Me detengo, el taxi me está esperando y sé que debo salir. “¡Ayuda!”, vuelvo a escuchar. La incertidumbre te cubre y la sensación de desamparo se hace más grande, quieres entrar y golpear a todos, a dilucidar ese acto de violencia de la misma manera, porque no hay derecho en golpearse, y peor en hacer que los que viven alrededor vivan en ese miedo, en ese terror del diablo en botella.

Llamo a la policía, estoy exaltado y respiro con fuerza, escucho mi respiración, la siento en mi pecho. Me contesta una mujer, le doy las indicaciones de la casa y le digo lo que he escuchado. Dice que irán pronto, lo dudo, pero no me queda más. La incertidumbre se desmaya y surge el odio, la decepción, el coraje, la amalgama sobre la palma de tu mano que te quiere convertir en justiciero.

Y me subo al taxi, y no me sosiego, ya no puedo. Experimento la violencia y me vuelvo el mismo ser violenta y lamenta esa naturaleza del ser humano. Y pienso en Fernando Vallejo y su “Puta de Babilonia”, en cómo la divinidad puede ser inventada, en cómo la moralidad es un acto de convivencia consciente y el instinto es violentar y violentarte. Los miles de demonios, la misma nada y el arbitrio. “¡Deberían matar a todos estos infelices!”, pienso y sería el primero en festejarlo…

Llego donde Miss Kauffman y no puedo parar de caminar de un lado al otro. He descubierto en carne propia el sentido de la humanidad y saber que ya nos queda pocos años como especie es lo que me da cierto respiro. Vivimos y todo lo que nos da vida nos destruye, todo y la sola idea de que el oxígeno que nos ayuda a vivir es lo que nos oxida y nos consume, nos inutiliza, me hace pensar que no hay nada más, que es solo este atrevido intento de vivir, de una especie que creció por suerte y circunstancia y no hay nada más. El nihilista se acabó ayer, cuando un cretino golpeó a su mujer y lo pude escuchar.

¡Mierda de especie la que nos manejamos!

6 comentarios en “Entendiendo la violencia

  1. hay “personas” que ni siquiera sienten que el puño se aprieta, menos aún secretan más rápidamente saliva, tan solo buscan una cámara, que puede ser hasta el celular e inmortalizan la escena “varoníl” para luego subirla a youtube.
    menos mal que nos queda poco.

    aunque está el otro endemoniado B side de la historia. Una vez por meterme a defender a una “dama” salí trasquilado como se dice. lo último que recuerdo fue un “què te metí voh hueón” de la doncella. Le desee la muerte.

  2. hay “personas” que ni siquiera sienten que el puño se aprieta, menos aún secretan más rápidamente saliva, tan solo buscan una cámara, que puede ser hasta el celular e inmortalizan la escena “varoníl” para luego subirla a youtube.
    menos mal que nos queda poco.

    aunque está el otro endemoniado B side de la historia. Una vez por meterme a defender a una “dama” salí trasquilado como se dice. lo último que recuerdo fue un “què te metí voh hueón” de la doncella. Le desee la muerte.

  3. La inseguridad, la desconfianza, la incertidumbre, son, acaso, nuestras únicas verdades. Hay que aferrarse a ellas pero no convertirlas en piedras para lapidar a los más cercanos. Los violentos, cada vez más numerosos, son gente insatisfecha e incapaces de satisfacer a nadie. Por eso se revuelven como serpientes ante cualquier tipo de debilidad que les recuerde la suya propia. Es trsitísimo ver cómo cada vez chicos más jóvenes caen en esta espiral alarmante y llena de dolorosas claudicaciones.
    Esperemos que cada uno encuentre su paraíso pero recordando que sólo existen aquéllos que se han perdido.
    Demasiadas sombras.

  4. La inseguridad, la desconfianza, la incertidumbre, son, acaso, nuestras únicas verdades. Hay que aferrarse a ellas pero no convertirlas en piedras para lapidar a los más cercanos. Los violentos, cada vez más numerosos, son gente insatisfecha e incapaces de satisfacer a nadie. Por eso se revuelven como serpientes ante cualquier tipo de debilidad que les recuerde la suya propia. Es trsitísimo ver cómo cada vez chicos más jóvenes caen en esta espiral alarmante y llena de dolorosas claudicaciones.
    Esperemos que cada uno encuentre su paraíso pero recordando que sólo existen aquéllos que se han perdido.
    Demasiadas sombras.

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