Génesis sónica y monárquica

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Recibí una respuesta de Daniel Sais a un mail que le envié. Más que nada por una entrevista que le hice el fin de semana con la excusa de su participación en el concierto que Soda Stereo dio en Guayaquil a fines de octubre y de la que espero tener una nota lista ya mañana (Hablamos casi dos horas y nunca me había divertido tanto en una entrevista). Pero bueno, en medio había un comentario de un cuento mío, ‘El Rey’, que está en “Conjeturas para una tarde” (que pueden adquirir en el puesto que está en el hall del teatro) y que le obsequié terminada la entrevista.

Y bueno, antes de dárselo le hice una observación. Que lo leyera con detenimiento y ciertos ojos de conmiseración pues tiene un par de errores (no sé de qué tipo o en qué instancia, pero están) porque dos signos faltan. Para hacerles el cuento corto y sin contar nada: el cuento es sobre música y el personaje/narrador habla de unos acordes que al estar mal escritos pues pierden fuerza, desde mi perspectiva. Pero no hay drama, son cosas que pasa y no me quejo de eso en realidad. Pero cuando amigos músicos han leído el cuento lo han percibido. Defensa previa, tonta y absurda, ante la respuesta de Daniel, quien disfrutó el cuento y esos ‘errores’ no le molestaron.


No he dejado de pensar en el cuento, en la razón de su existencia, y estando en Guayaquil me doy cuenta de que era inevitable su nacimiento, la ciudad lo pedía, la ciudad me exigió el cuento, de cierta forma. La visita que hice el fin de semana me sirvió para recordar el por qué decidí escribir esa historia en la que un tipo que tiene oído absoluto debe andar por la vida tratando de encontrar una forma de no estar siempre reconociendo los sonidos. Y llego a la fiesta de los 80 años de mi abuela, hecho que no me podía faltar, por lo cual por segundo año consecutivo me perdí a Sabina, pero esta vez sin tragedia, en donde hay un tipo que canta y canta, desgañitando su garganta y recordé cómo la música no es necesariamente un acto de precisión, sino de nobleza y alegría. Por eso es que he pensado en todo aquello que usé en el relato, en esas referencias y en ese ensayo trunco sobre Charly García que me sirvió de base para muchas reflexiones que utilicé en el cuento. Sobre todo porque creo que lo que hace Charly en estos discos, si bien el genio parece subyugado por sus actuaciones, tiene un gran destello de maestría: destruir el sonido, como opción para el que escucha bien. ¿De qué otra forma puedes encontrar excitación si todo es escuchar e identificar sonidos? Destruyéndolos, de esa manera.

Por eso escuchar “Sí (detrás de las paredes)”, ese disco del retorno en vivo de Sui Generis es una experiencia que me devuelve la vida de vez en cuando. La idea es clara, obvia y reveladora: que escuches el disco como si estuvieras en el estadio, en todas las localidades al mismo tiempo.

Esa razón me hace defender a García cada vez que puedo (a su concierto hace unos 5 años sí fui y sí que canté todos sus temas), porque de alguna manera eso del oído absoluto puede ser un fastidio. Especialmente cuando vas a un concierto y escuchas a los cantantes peleándose con un sostenido o la guitarra solista desafinada en la tercera y quinta cuerda… y ellos, ni enterados. Entonces me acerco a Miss Kauffman y se lo digo y me mira con esa mirada indescriptible y lanza esa sonrisa que me desbarata y luego me abraza. El abrazo y no la música calma a la bestia.

8 comentarios en “Génesis sónica y monárquica

  1. Querido amigo,
    “El rey” me ha costado más de una lectura, placenteras todas es verdad, y en ningún momento descubrí esos dos erroires de los que hablas. ¿Errores?. Si parece un compendio de sabiduría musical.
    Eduardo, tus “Conjeturas…” me están abriendo muchas compuertas hacia esa nueva literatura de tu país. Ya te diré más detalladamente, aunque las impresiones fuertes rara vez suelen poder describirse.
    Un abrazo más, aunque con menos poder de amansamiento.

  2. Querido amigo,
    “El rey” me ha costado más de una lectura, placenteras todas es verdad, y en ningún momento descubrí esos dos erroires de los que hablas. ¿Errores?. Si parece un compendio de sabiduría musical.
    Eduardo, tus “Conjeturas…” me están abriendo muchas compuertas hacia esa nueva literatura de tu país. Ya te diré más detalladamente, aunque las impresiones fuertes rara vez suelen poder describirse.
    Un abrazo más, aunque con menos poder de amansamiento.

  3. Ingeniosa tu defensa de Charly García. Sin embargo, aunque pueda tener sentido lo de destruír la música porque en definitiva, el tipo ya es toda la música, me hace acordar al dicho que alguna vez escuché “era tan genio que lo único que le quedaba era autodestruirse”. Rescato eso de que la creación no es un salto de lo homogéneo a lo homogéneo, sino que es destrucción y diferencia. Y aún disfrutando enormemente los temas de Charly García -de antes- creo que seguir defendiendo su música -de ahora- es como querer ver en cada cosa que haga una genialidad, a toda costa.

    Saludos.

  4. Ingeniosa tu defensa de Charly García. Sin embargo, aunque pueda tener sentido lo de destruír la música porque en definitiva, el tipo ya es toda la música, me hace acordar al dicho que alguna vez escuché “era tan genio que lo único que le quedaba era autodestruirse”. Rescato eso de que la creación no es un salto de lo homogéneo a lo homogéneo, sino que es destrucción y diferencia. Y aún disfrutando enormemente los temas de Charly García -de antes- creo que seguir defendiendo su música -de ahora- es como querer ver en cada cosa que haga una genialidad, a toda costa.

    Saludos.

  5. Desarmándonos, saludos…

    En realidad el genio de García está subyugado, como escribo en el post… Pero aún así lo defiendo, sobre todo porque hay un concepto que me parece entrar en paz con uno mismo, y no necesariamente para autodestruirse…

    Ahora, el tipo es una caricatura ahora y de eso no hay nada más que decir…

  6. Desarmándonos, saludos…

    En realidad el genio de García está subyugado, como escribo en el post… Pero aún así lo defiendo, sobre todo porque hay un concepto que me parece entrar en paz con uno mismo, y no necesariamente para autodestruirse…

    Ahora, el tipo es una caricatura ahora y de eso no hay nada más que decir…

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