La biblioteca de Thompson

Las celebraciones deberían convertirse en cosas serias, sumamente serias. Luego de la inmunidad perpetuada por lo que supuestamente causa el alcohol, lo que haces es quedarte callado y caminar de frente hacia el lugar en el que va a continuar la fiesta.

Llegué con el señor Thompson (J.F. Thompson) a su departamento, para copiar un par de discos tributo a Dylan, que nunca copié, a hablar de “I’m not there”, película de Todd Haynes, en la que hay siete distintos Dylans, como Heath Ledger y Cate Blanchett, a hablar de Alberto Fuguet y sus apuntes autistas.

Primero un stop drive thru necesario, luego el desvío en el Marriott para dejar a un acalorado compañero de ruta y de ahí a la casa, a escuchar música, “El cuarteto de Nos”, a leer Nick Hornby y descubrir que la única real manera de confiar en alguien es saber lo que lee, lo que escucha o lo que mira (¿o era de Fuguet?), la mejor manera sin duda, porque a veces no es necesario saber si alguien es o no inteligente, es un asunto de afinidades, de tener la certeza del compañerismo. Entonces por algo estábamos ahí, bebiendo cervezas hasta quedar aturdidos. “Sell your soul and sign an autograph/ big bang baby it’s a crash, crash, crash”…

Luego el equipo de sonido. “Ultratumba”, “Los Pescados”, “Calamaro y su gran El Cantante”, “Frank Sinatra: Thanks for all, Blue eyes!”, otros, Nick Hornby a un lado, luego ese libro de crónicas del tipo que visitó todos los lugares de Estados Unidos en los que se habían muerto estrellas de rock. Preferí la parte de Kurt Cobain, que tenía el título de una canción de Alice in Chains: “We die young”. El Borges inventado por Bioy Casares. La falla en la visión que me hizo leer de Bolaño dos libros iguales: “Amberes” y “Amberes”, cuando eran “Amuleto” y “Amberes”. El “Euphoria Morning” de Chris Cornell, Coolio cantando sobre paraísos de gansters, ambos jugando al air guitar, haciendo solos o creando una batería en el mismo vacío de la nada.

Leyendo primeras líneas, cosas de Bukowski, de Auster, de Franco, regadas por ahí. Botellas sin líquido sobre la mesa. Un libro de los Sex Pistols, Sid Vicious mostrando su pistolita sexual, con los pantalones abajo. PIL, The Dammed, Te UK Subs, The New York Dolls, música endemoniadamente universal.

Luego las dos de la mañana, el ruido de la madrugada del lunes, hay que trabajar. La hermana de Thompson que nos pide silencio y resguardo y yo que decido ir a mi casa. No hay que darle más vuelta al asunto, Hornby o Fuguet tienen razón: esa es la mejor manera de conocer a las personas.
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