La novela imperfecta

Para mí no existen límites en la confección de una novela. Quizás todo escrito puede convertirse en una novela, desde el ensayo hasta una nota extensa de prensa, que siempre es confundida con grandes logros del periodismo, por ejemplo… Y en este apartado puedo referirme a Kapuscinsky, o a Truman Capote, considerado el adalid de la profesión gracias a un libro que fue desarrollado con poca calidad ética y gran deseo de protagonismo. Sí, eso idolatran los periodistas…

Pero bueno, no iba a ese punto… La idea que intento desarrollar es que de por sí la ventaja de la novela por sobre otros géneros narrativos está en el hecho de que no tiene un límite certero para su definici´ón, y por ende su escritura… y ni hablar de su lectura. Sí, la novela es la expresión máxima de la exietencia humana, a nivel de lo literario.

¿Por qué? Porque obviamente acepta todo y resiste todo. La novela puede concebirse bajo cualquier estructura y no hay nada más encantador que esa idea. La idea de la eternidad y la recepción en un mismo aparejo… con el riesgo que eso necesita para darse.

Este jueves hay una actividad en Guayaquil a la que estoy invitado. Será una charla sobre el libro ‘La loca de la casa’, de Rosa Montero. Quizás al inicio acepté con la curiosidad suficiente para adentrarme en estos asunto, pero con cierto recelo de leer una obra completa de Montero, pues he leído cosas aisladas y no es que me haya resultado impresionante (leer es un acto de apropiación y siempre trato de leer obras que sé que necesito para mi vida). Pero acepté y conseguí el libro, lo estoy leyendo, me ha costado en sus primeros capítulos, pero en un par me ha hecho reflexionar sobre el oficio de escribir novelas. Sobre todo cuando Montero escribe: “De manera que incluso las mejores novelas de la historia, los grandes novelones maravillosos, tienen páginas malas, desfallecimientos de tensión, obvias carencias. A mí eso me gusta. Me reconozco en ellos; es decir, reconozco el titubeante aliento de las cosas”.

En algo estamos de acuerdo. Es en ese caracter de imperfección que las novelas encuentran su punto máximo de realización. En la posibilidad de etsar bien sin estarlo. No hay novela que para mí no sea una rica experiencia de perfectibilidad. Está todo en esa potencia absurda de llegar a la plenitud, cuando al ser un reflejo mismo de la vida, no encuentra lo mejor en todas sus páginas… en algunas debe pasar algo que haga caer la narración y eso le permita llegar la verosimilitud necesaria. En el error está esa certeza.

Podría dar cientos de ejemplos, miles, todos ellos envueltos en la idea de que aquellas novelas que valen la pena son las que se equivocan y dejan que el error esté ahí. Porque de eso se trata. Por eso ‘Los detectives salvajes’ es una joya, porque todo cae cuando en la segunda parte surgen estas confesiones de muchas personas que en momentos ayudan y en otros aburren, para luego rematar en una hermosa descripción de lo que son los desiertso de Sonora, mientras Lima y Belano buscan a Cesárea Tinajero. O ‘El Diablo Guardián’ de Xavier Velasco trasciende por esa capacidad de abrumar en toda su parte central, cuando el ritmo se hace más denso. O ‘Auto de Fe’, de Elías Canetti, que pierde todo horizonte cuando el profesor Kien se va de casa y empieza toda una aventura que incluso presenta nuevos personajes que en cierta medida dejan que pierda la contundencia de los primeros capítulos. O ‘La guerra del fin del mundo’, que en toda esa extensión casi épica tiene momentos de flaqueza que transforman lo escrito en un peso tan determinante como es el fanatismo… en fin, esa es la belleza que norma la escritura narrativa, especialmente la novela…

La novela es esencialmente ese pedazo de tiempo en el que todo parece detenerse y caer en un abismo. En ese abismo está la belleza.
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4 comentarios en “La novela imperfecta

  1. Claro que estoy de acuerdo. Cualquier imperfección sirve a la novela como un eje nivelador, incluso el aburrimiento puede llegar a ser necesario en momentos tensos y de aaciones entretejidas. Pero todo tiene sus límites. Algunas novelas abusan de momentos imperfectos (o perfectos), y los anclajes de la monotonía se despeñan de tal modo, que lo único sensato es cerrarlas para no volver a abrirlas.
    Por ejemplo: El péndulo de Foucault o Huracán en Jamaica. Ambas tenían, para mí, algo del veneno de las tarántulas, que atonta pero no mata.

  2. Claro que estoy de acuerdo. Cualquier imperfección sirve a la novela como un eje nivelador, incluso el aburrimiento puede llegar a ser necesario en momentos tensos y de aaciones entretejidas. Pero todo tiene sus límites. Algunas novelas abusan de momentos imperfectos (o perfectos), y los anclajes de la monotonía se despeñan de tal modo, que lo único sensato es cerrarlas para no volver a abrirlas.
    Por ejemplo: El péndulo de Foucault o Huracán en Jamaica. Ambas tenían, para mí, algo del veneno de las tarántulas, que atonta pero no mata.

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