HERMANOCERDO 17 (adquiérala en su puesto favorito)

Ya está a la venta (no literalmente hablando) el número 17 de HermanoCerdo, la revista que le quita el sueño a Mauricio Salvador y a otros (no me hagan escribir los nombres que después no termino) y que deslumbra por su calidad.

En este número hay una serie de artículos interesantes, pero sin duda el que llama mi atención (y que leí hace poco) es el ensayo de John Irving sobre Kurt Vonnegut, denominado “La estética de la accesibilidad”. En él, Irving no sólo que defiende la en ese entonces atacada carrerara literaria de Vonnegut (no sé cómo sea vista ahora, pero Vonnegut es Vonnegut), sino que hace un recorrido por lo que para muchos es el acto de la crítica literaria y lo que en definitiva podría ser. Pero sobre todo el hecho de comprender lo que significa para un autor hacer su literatura, tomando sus intereses y conviertiéndolos en parte de lo que para él es una narrativa en conjunto:

“Freud, como bien la gusta señalar a Vonnegut, ha escrito ya acerca del humor negro. “Es gente que ríe en medio de la impotencia política,” dice Vonnegut. “He escrito generalmente sobre la gente impotente que piensa que no hay mucho que pueda hacer en su situación.” “Va en contra de la veta americana de contar historias,” dice Vonnegut (…) Vonnegut no es Shakespeare, claro, pero en ese curioso campo -de intentar probar quién no es Vonnegut- Shakespeare se aproxima más que cualquier otro. Ambos sienten que el arte y el entretenimiento no están incómodamente casados; más bien, sienten que el arte debe ser entretenido. Pero esta idea no está en boga literaria. William Gass -el elocuente filósofo cuyo buen lenguaje y pensamiento claro son maravillas para mí- notaba recientemente lo que el cree le pasa “a casi todo escritor que ha ganado cierta popularidad. Esa popularidad,” de acuerdo con Gass, “se basa casi siempre invariablemente en la parte más débil de la obra del escritor, y entonces la tendencia es que el escritor se incline en la dirección de esa cualidad que anima la debilidad antes que contrarrestarla.” He aquí una noción extraña: ¿La falta de popularidad le aseguraría a un escritor que no tiene debilidades? Y, sabiendo que la mayoría de los escritores serios siempre se han visto como dirigiéndose a un mundo sordo (Vonnegut incluido), ¿no es extraño asumir que un escritor -una vez que es popular- dará rienda suelta a su supuesta debilidad al escribir para una audiencia? Un escritor siempre desconfía de su audiencia, ya sea que los time o los seduzca o los ignore (y se complazca a sí mismo); creo que un escritor desconfía especialmente de su audiencia en el momento en que descubre que la tiene. La teoría de Gass es interesante desde el punto de vista intelectual, pero lo hace sonar como un mal juez de la naturaleza humana -más específicamente, de la naturaleza de los escritores-, lo cual, estoy seguro, no es cierto. Su idea, no obstante, se conecta con su recelo acerca del entretenimiento y el arte. “Incluso personas de inteligencia considerable no se interesan en la literatura en sí misma,” ha dicho Gass. “Quieren cosas que no sean fundamentalmente inquietantes. Ellos quieren entretenimiento.” Una mala palabra para Gass: “entretenimiento” (quizá es como “legible”) Sí y no -la gente quiere entretenimiento, ciertamente; pero también creo que quieren cosas que son fundamentalmente inquietantes, lo cual-ya sea fácil o difícil de leer- es lo que usualmente se encuentra en la buena literatura. La catarsis -que hoy es quizá también una palabra poco popular o al menos una palabra pasada de moda- depende de causar inquietud en los lectores. Uno se deshace del miedo al evocarlo, purifica el dolor al interpretarlo, se lava el corazón con lágrimas. Vonnegut puede lastimarte y lo hace; con toda intención, además. Cuando los sueños alegres y las mentiras piadosas se evaporan -y siempre lo hacen- lo que vemos es un planeta en ruinas; sus libros nos hacen desear que fuéramos mejores. Esa es una dureza moral que Conrad y Dickens seguramente comparten con él; Dickens, por cierto, también buscaba entretener”.


Esta es una pequeña joya en esta edición, que vale la pena leer… si se toma en cuenta el hecho de que lectura y la literatura son instancias tan generadoras de egos frustrados y frustrantes que todos aducen tener la razón… hasta yo… Una completa torpeza…

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2 comentarios en “HERMANOCERDO 17 (adquiérala en su puesto favorito)

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