Rescatando al escritor Salvador

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Hace muchos años, en la librería de la Universidad Católica de Guayaquil estaba dando vueltas por los reducidos estantes. Estaba Carlos Luis Ortiz ahí, un compañero y poeta. Tomó un libro, leyó la primera página y me pidió que la leyera. Llegué hasta la primera oración y compré el libro. Nunca me había pasado eso y cuando lo experimenté pude festejarlo. Era ‘En la ciudad he perdido una novela’, la primera de una serie de novelas que Humberto Salvador hizo, quizás una de esas que en medio de la generación del 30 podía decirse que generó literatura propiamente dicha.

Ayer fue el lanzamiento del ensayo ‘Obsesiones urbanas’, de Juan Secaira, lector habitual de este blog, quien se encarga de revalidar y rescatar la figura de Humberto Salvador, quizás el compañero de ruta de Pablo Palacio en el desarrollo de una literatura al servicio de lo literario y por ende de ese vanguardismo que se le endilga al escritor lojano, pero como dijo Juan ayer por la noche, la diferencia está en un asunto de prensa. Salvador no tuvo tanta posibilidad de exposición y quizás no le importó.

La presentación del libro estuvo a cargo de Santiago Páez, quien debo decirlo, consiguió darme la motivación necesaria para quedarme sin cenar y usar ese dinero para comprar el libro. Es mucho mejor atragantarte con palabras que con una alimento que digerirás en horas y ya. Un libro es la posibilidad de la eterna refracción de lo que se dice en él. Páez exaltó la labor del crítico utilizando palabras de Oscar Wilde (hay días en los que pienso que Oscar Wilde es la panacea de todo, incluso yo lo uso) y en frases que funcionan como definición perpetua: “El crítico trabaja con las obras de otros y con su sensibilidad y experiencia. Martilla o burila, pica o amasa en lo escrito por otro. Su trabajo, por tanto, es terrible y divertido, al mismo tiempo. Es una labor de confrontación y, simultáneamente, es una tarea de enaltecimiento”. Valdría reflexionar en otra ocasión sobre esta grata aseveración.

Juan hace un paseo por los primeros relatos de Salvador, 8 cuentos en sí mismos, que no están tan ligados ni constreñidos por lo que la ideología política del momento obligaba a sus escritores. Claro, en ese tiempo había una relación directamente proporcional entre dictámenes partidistas de izquierda y lo que debía ser la literatura. Salvador empezó con un interés claramente definido por lo literario e incluso integrar estructuras distintas a las obras. El análisis de esos deseos, intenciones y prestaciones a lo literario es lo que decide hacer Juan, quien tomó su propia tesis, supongo que de licenciatura, y la rehizo para transformarla en libro.

Claro, Salvador no tuvo más remedio que abocarse a lo que el espectro cultural promovía en la época. Hasta, como dijo el autor del ensayo durante el lanzamiento, él mismo se olvidó de estos primeros cuentos. De ahí vinieron títulos como “Camarada”, “Trabajadores” y “Noviembre”, entre otros. Salvador fue un escritor que decidió hacer escritura, que no salía, que se quedaba escribiendo, que no le interesaba la fama ni cosas parecidas. Fue uno de los primeros interesados y estudiosos del Psicoanálisis en Ecuador, abogado, oyente de clases de medicina, dramaturgo, ensayista y narrador…

Pero tuvo que caer en las reflexiones partidistas, lo que no necesariamente es una postura que beneficie a lo literario. Secaira recoge unas declaraciones que Demetrio Aguilera Malta diera al ‘Pájaro’ Febres Cordero en las que explica lo siguiente: “Pensábamos que teníamos que hacer una literatura de denuncia y de protesta, que debíamos buscar algunos caminos que nos llevasen a un mejor entendimiento del hombre rural, con sus problemas de desplazamiento, de carencia de medios de trabajo, de migración hacia la urbe, de marginalidad. Pensamos, sincera pero ingenuamente, que lo pertinente era hacer una literatura en la que se captara la realidad, comenzando por el idioma, ya que una de las maneras de golpear a la sociedad era mostrar –desde la manera de hablar- la manera de ser del hombre ecuatoriano. Muchos libros adolecieron por eso, de errores ya que gramaticalmente hacían más bien daño al propósito de crear una literatura que tuviera atisbos sociales. Muchos sufrimos en carne propia los resultados de aquello”.

Y bueno, un arranque casi juvenil o adolescente de querer transformar el mundo a través de libros (en su análisis el propio Juan afirma que uno de los principales problemas de esta percepción estaba en que los libros no tenían la posibilidad de llegar a todas las manos necesarias) se tradujo en silencios obligados e inevitable. Salvador tuvo que perderse y quedar olvidado. Por eso celebro intenciones como la de Juan y ediciones El Tábano, quienes se toman el trabajo de la memoria en serio y provocar recuerdos voluntarios e involuntarios, como el primer contacto con una novela de Salvador y darte cuenta que en Ecuador hubo escritores que no sólo revalidaron el acto de escribir, sino que se enfrentaron a él sin pensar en otras cosas, aunque luego no le haya quedado nada más que callarse o perderse en cosas que no le importan a la literatura.

8 comentarios en “Rescatando al escritor Salvador

  1. gracias eduardo por esta precisa y detallada reseña, es un honor estar en tu blog.
    Un gran abrazo y ojalá algún momento nos veamos para conversar.
    saludos,
    juan

  2. gracias eduardo por esta precisa y detallada reseña, es un honor estar en tu blog.
    Un gran abrazo y ojalá algún momento nos veamos para conversar.
    saludos,
    juan

  3. Motivarse para dejar de comer por laliteratura puede parecer cliche. pero demuestra el amor tirano que los libros tienen sobre uno.

    Ya me diste una excusa para leer camino a Europa.

  4. Motivarse para dejar de comer por laliteratura puede parecer cliche. pero demuestra el amor tirano que los libros tienen sobre uno.

    Ya me diste una excusa para leer camino a Europa.

  5. estimado eduardo no sé si mi primer mensaje llegó a tu blog. vuelvo a agradecerte por tu artículo, preciso y muy bien escrito. saludos,
    juan

  6. estimado eduardo no sé si mi primer mensaje llegó a tu blog. vuelvo a agradecerte por tu artículo, preciso y muy bien escrito. saludos,
    juan

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