Warhol y el peso de estar en lo correcto


La exposición del artista norteamericano en el Centro Cultural Metropolitano de Quito es interesante, no necesariamente por las obras expuestas sino por la facilidad de pasar de lo decepcionante a lo sublime con solo subir de un piso a otro. Apenas llegamos, miss Kauffman me señaló el libro de visitas que muchos de los asistentes ha firmado. Uno de ellos, con una certeza que confirmaríamos luego, había escrito con tanta incorrección gramatical: “Supérensen”.

La expresión animal de descontento no estaba tan alejada de lo que en realidad se puede observar en la muestra.

Apenas entras te encuentras con fotos de Andy Warhol y sus amigos en medio de ‘La Fábrica’, ese estudio donde hacía sus cosas, donde filmaba sus películas, donde los Velvet Underground ensayaban, solos o con Nico en las voces. Hay un cierto aire de curiosidad en ese cuarto, que se transforma en desilusión a medida que avanzas a las otras habitaciones. Fotos en blanco y negro, Warhol posando, Warhol haciendo posar a otra gente con Madonna, Bob Dylan, Grace Jones. Warhol de niño, de adolescente curioso, de viejo mercader del arte, de gran negociante. Warhol con Bertolucci en la época de ‘El último tango en París’. Warhol con gente como Robert Mappletorn, o Jasper Johns…

En ese primer salón lo en realidad llamativo es el gran rectángulo en el que se puede observar las portadas de discos y revistas que diseño. ‘Sticky Fingers’, de los Rolling Stones, y la banana gigante que sirvió de portada para el primer álbum de los Velvet… quizás los elementos más llamativos de la habitación.

Luego llegas a la reproducción de ‘La Fábrica’. Cientos de vacas pintadas por los visitantes, con leyendas burdas y otras inteligentes (una vaca diciendo ‘La patria ya es de todos’ y otra pronunciando ‘Vaca yendo una lágrima en tu mejilla’… bueno, no tan así, pero algo de eso hay) decoran las paredes de un salón que suena a homenaje innecesario. Un cuarto para observar y salir corriendo mientras puedas. Quizás lo menos acertado de toda la muestra. Más adelante hay un cuarto de proyección, con imágenes de Dalí y Lou Reed haciendo de presentación. Mientras un cartel de ‘Blow Job’, una de sus películas, te da la bienvenida a la sala. Adentro, ‘I shot Andy Warhol’, una versión en italiano (sí, italiano, qué creativos y artísticos…), con Lily Taylor haciendo el papel de Valerie Solanas, quien en los 60 disparó a Warhol porque no le prestaba atención a su manifiesto feminista.

El gran patio lleno de reproducciones gigantes de una lata de sopa Campbell, adentro de la lata de madera, los Rolling Stones cantan ‘Street fighting man’. Otra caja más allá, con música de Lou Reed. Nada del otro mundo, algo que sí merecía un grito de ‘Superanción’. Una cámara que te fotografía a lo Warhol, reproduciendo las imágenes de Marilyn y Mao que el newyorkino hiciera en su momento. Kauffman y yo fotografiándonos para jugar a la idea del absurdo.


Arriba la situación cambia. La Marilyn Monroe dividida en cuatro, pintada como la mariposa technicolor. Probablemente Warhol, con toda esa idea de los 15 minutos de fama, y de búsqueda inclemente de reconocimiento es quien haya podido retratar con mayor precisión la vacuidad de los norteamericanos. Esa misma simpleza que nos atañe y ataca, esa posibilidad de reconocimiento basada en la nada y dentro de esa nada aparece el sentido de glamour. Esa estética de colores televisivos que no consigue nada más que eso, la maravillización de los sentidos, sobre todo de la vista. Una saturación que te impide pensar. Es tan fácil ser un famoso, solo hay que ponerte las plumas de pavo real necesarias. Warhol lo supo y lo aceptó como parte de sí. Al menos, en medio de todo ese resquebrajamiento social y humano, donde todos somos estrellas, donde las grandes individualidades desaparecen y donde lo intrascendente cobra vida, supo ser consecuente con lo propuesto y en el borde de estar en lo correcto, me pregunto si supo que de cierta manera ‘teorizó’ sobre lo burdo y cómo eso lo haría sentir hoy en día.


En un texto dibujado en una de las paredes se presumía que Warhol fue el artífice y anticipador de lo que son los ‘reality shows’… How do you sleep at night, dear Drella?


Más adelantes obras interesantes, donde la serigrafía sería el métodos de aproximación a esas instancias de elementos de importancia social y popular (el pop art como una simple manifestación). Las series ‘Mitos’ y la de ‘judíos importantes’ resaltan, frente a frente, Santa Claus encara a Franz Kafka y los hermanos Marx jugando a la risa, mientras en el salón contiguo los animales aparecen retratados desde los colores, quizás lo verdaderamente más interesante de la muestra. Los acabados como sentido estético de la misma nada.


Y así salimos y en definitiva te queda la sensación de que al menos viste un par de obras renombradas y la frase del quiteño o quiteña con escasos conocimientos del lenguaje te hace pensar en la responsabilidad de lo que dices y haces. Sí, es una muestra que merece ser superada de alguna manera, pero no sé si con una ‘ene’ al final.

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6 comentarios en “Warhol y el peso de estar en lo correcto

  1. warhol en quito…y la mía hasta hoy nomás en Gye, sabes que la nisecuanto cultural de la Alianza Francesa comparó mi obra con Warhol en las palabras de inaugiración… mucha gente después me lo dijo wooow que loco… pero a mi no me gustó la comparación… en todo caso warhol es el padre del automatismo por así decirlo…

    en cuanto a la muestra que mencionas, me da risa la pared de “homenaje” , si alguna vez warhol le increpó a alguien por “preocuparse” por américa del sur… saludos eduardo

  2. warhol en quito…y la mía hasta hoy nomás en Gye, sabes que la nisecuanto cultural de la Alianza Francesa comparó mi obra con Warhol en las palabras de inaugiración… mucha gente después me lo dijo wooow que loco… pero a mi no me gustó la comparación… en todo caso warhol es el padre del automatismo por así decirlo…

    en cuanto a la muestra que mencionas, me da risa la pared de “homenaje” , si alguna vez warhol le increpó a alguien por “preocuparse” por américa del sur… saludos eduardo

  3. No se necesita tener una ortografía ni una gramática de ortógrafa Cecilia para apreciar o hacer arte, y hacer que aprecien lo que haces (o hacer que crean que aprecian lo que haces). Warhol era en realidad un idiota según lo que he leído (alguien dijo que era el único genio con un IQ de 85). Pero creo que no se necesita ni eso (en este video hay un ejemplo de por qué).

  4. No se necesita tener una ortografía ni una gramática de ortógrafa Cecilia para apreciar o hacer arte, y hacer que aprecien lo que haces (o hacer que crean que aprecian lo que haces). Warhol era en realidad un idiota según lo que he leído (alguien dijo que era el único genio con un IQ de 85). Pero creo que no se necesita ni eso (en este video hay un ejemplo de por qué).

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