¿Una fábrica de escritores?

La pregunta es tan capciosa como extraña. Pero no dejo de hacérmela desde que el miércoles anterior formé parte de un panel que hablaba de los talleres literarios como un aprendizaje compartido. Debo serles sincero que lo pensé en medio de una serie de reflexiones sobre lo que significa un taller literario y lo que parecía receptar el auditorio presente (que preguntaba dónde había talleres o si éramos capaces, los que estábamos en la mesa, de leer el texto de alguien y precisar si estaba bien o no). Al menos estoy seguro que un taller no es una academia de autores y peor aún, sinónimo de éxito.

Por algo más de dos años formé parte de los talleres de Miguel Donoso Pareja, los que dirige en el Banco Central. Y sí, toca aceptar el epíteto ridículo, burdo y mezquino de ‘donosito’. ¿Me sentí escritor por ser seleccionado por estar ahí? No. ¿Me sentí escritor por haber pasado por ahí? Tampoco. La sensación es de gratitud y de certeza que aprendí quizás la herramienta más importante de este oficio: la disciplina; además de haber confeccionado una serie de relatos que fui corrigiendo hasta tener ‘Conjeturas para una tarde’. Eso es un aprendizaje impresionante, que quizás hubiera sido duro y complicado en soledad la otra forma de llegar a lo mismo. También, desde luego, el acto de compartir con excelentes personas de las cuales respetas lo que hacen y otros que quizás no tanto, pero que son lectores excepcionales. La gratitud está por ahí y la defensa, si es que eso es importante, también.

El problema es la pasión. Esa pasión que transforma, desde la crítica irreflexiva, a los talleres en fábricas de escritores, lo que sin duda no son. La pasión que emite comentarios biliares que terminan transformando la existencia de los talleres en meros espacios para la reiteración, para que se propague un estilo en la escritura, o peor aún, acerca de la literatura, por parte del director del taller. Por eso es que el término ‘donositos’ me hace reír pues no tiene asidero, especialmente porque he atestiguado que al menos en mi experiencia, el taller de Miguel no se encarga de generar personas que escriban igual. Los libros publicados hasta ahora, y los que van a salir de esa colección son la prueba. No existe manera de reprochar la dinámica de Miguel en los talleres, la cual se dedica estrictamente a la manufactura de la historia, del relato o el poema, sin pasar por el contenido o por un análisis psicológico de lo que se escribe.

Es en la lectura que vas desarrollando tu forma de escribir, y que en definitiva la pules en la soledad de tu escritura. La frase que más se me quedó de todo esos dos años fue la siguiente: “Tú eres el escritor, tú decides aceptar o no lo que se dice acá”, esa libertad es quizás la gran experiencia objetiva dentro de esto que es el taller.

Que ‘el grupo en el que estás te condiciona la escritura de los cuentos porque terminas escribiendo para agradarle a unos cuántos’. Bueno, ¿esa no es la construcción de la literatura? Hoy tengo un grupo de amigos a los que les hago leer mis textos y ellos también me hacen leer los suyos. Confío en su lectura y ellos confían en la mía. Es la misma situación en un taller, compartirlo es un acto de confianza.

Peor aún pensar que estar en un taller te va a permitir publicar. Probablemente es todo lo contrario, gracias otra vez a esa pasión. ‘Conjeturas…’ fue un libro que pasó por algunas editoriales, con mediana o nula respuesta (algunas precisaron su interés en publicarlo, pero simplemente le dieron largas, por ejemplo). Si hay autores que han salido de los talleres de Miguel Donoso y han publicado no es por ser del taller, es por búsqueda de hacerlo, como lo haría cualquier otro. No hay mucha ciencia.

Ahora, creo que la defensa de los talleres, también basada en lo pasional es otro error. Quizás como dice Mariella Manrique, escritora, compañera del taller con quien he conversado del tema (incluso formó parte del panel), ir a uno sea asunto de decisión personal y nada más. Y en ese sentido una decisión personal, subjetiva como ella sola, debe ser respetada por ese solo hecho, hablando de este tema en particular. Aún así una defensa que se confunda con un acto que no busque generar una visión adecuada del ingresar a un taller literario me parece una pérdida de tiempo.

Tal vez se trate de ofrecer posibilidades a los que consideran que pueden dedicar su vida al oficio. Y también para muchos que ven ahí su oportunidad de ser escritores y ya… la decantación se da por sí sola. Repito: ir a un taller no te hace escritor, peor ser uno bueno o malo, eso se discute en otro nivel. Hay muchas posturas y es obvio que el taller no es el único camino para escribir, pero aún así me mantengo en la posición que darle el espacio que se merece es el acto de mayor justicia con el cúmulo de experiencias subjetivas que hay alrededor de la existencia de los talleres.

Por eso puedo decir con la tranquilidad del caso que en mi experiencia el taller ha sido de gran ayuda, no en el acto de escribir o publicar, sino de comprender lo que es este oficio y de hacerme un lector mucho más alerta de lo que sucede en un texto, y lo mejor de todo, sin dejar de sorprenderme o disfrutar por el acto de la lectura y la escritura. En mi subjetividad el taller ha sido de mucha ayuda, así como en la de muchos. Pero es un asunto de vivirlo y de decidir sobre él, si te es útil o no estar ahí. Si funcionó de alguna manera para mí, podría funcionar para alguien más… pero también podría ser que no funcione para nadie más. Sencillo. Los talleres dependen de la capacidad del director, así como de la capacidad del tallerista.

El taller de Miguel Donoso Pareja no es una fábrica de escritores, es el espacio para apropiarte del oficio, lo que es mucho más valioso.

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18 comentarios en “¿Una fábrica de escritores?

  1. Eduardo, yo no estoy de acuerdo contigo. Pero creo que esa concepcion de factoria que se le pueda dar al taller de Miguel Donoso se encuentra en el imaginario colectivo de los espectadoresliterarios(lease los panas de lso escritores y otros y en el iamginario individual de los talleristas o aspirantes.

    Para ser escritor hay que leer, creo.

    Yo diria que en todo arbol existen excepciones. Y me parece correctoq ue expongas tu punto, porque es una excepcion dentro de lo que la mayoria supone ser tallerista. He ahi el resentimiento de algunos hacia ese movimiento, yo creo que no ha sido una fabrica dee scritores sino un instrumento castrante para personas quienes estaban a dos pasos de ser eunucos antes de entrar. Solo les faltaba la navaja. Pero como dije, al escribir eso, al leer tu obra(bueno, el libro) me tarevo a decir que quien tiene talento no se castra en ningun lado. AUnque ganas no falten a veces de entrar a un taller para que los espectadores lo conviertan a uno en actor. Yo por mi parte prefiero estrucutrar bien mi obra del absurdo para ahi si entrar al plato. Son opciones de vida, el tiempo dira cuales resultan convenientes. Lo que uno quiere finalmente, como ecuartoriano y escritor es no hundirse en la libreria de la CCE.

    Un abrazo

  2. Eduardo, yo no estoy de acuerdo contigo. Pero creo que esa concepcion de factoria que se le pueda dar al taller de Miguel Donoso se encuentra en el imaginario colectivo de los espectadoresliterarios(lease los panas de lso escritores y otros y en el iamginario individual de los talleristas o aspirantes.

    Para ser escritor hay que leer, creo.

    Yo diria que en todo arbol existen excepciones. Y me parece correctoq ue expongas tu punto, porque es una excepcion dentro de lo que la mayoria supone ser tallerista. He ahi el resentimiento de algunos hacia ese movimiento, yo creo que no ha sido una fabrica dee scritores sino un instrumento castrante para personas quienes estaban a dos pasos de ser eunucos antes de entrar. Solo les faltaba la navaja. Pero como dije, al escribir eso, al leer tu obra(bueno, el libro) me tarevo a decir que quien tiene talento no se castra en ningun lado. AUnque ganas no falten a veces de entrar a un taller para que los espectadores lo conviertan a uno en actor. Yo por mi parte prefiero estrucutrar bien mi obra del absurdo para ahi si entrar al plato. Son opciones de vida, el tiempo dira cuales resultan convenientes. Lo que uno quiere finalmente, como ecuartoriano y escritor es no hundirse en la libreria de la CCE.

    Un abrazo

  3. No sé qué hará falta para ser un buen escritor, o un buen artista , en general. Pero esos talleres, sin duda, son lugar de intercambio y toda charla y comunicación enriquece, al que es buen escritor y al que no lo es. Creo que son positivos aunque no son fábricas para hacer escritores. Hace tiempo que creo que el escritor ha de nacer y, además, cultivarse.
    Decía Mairena a sus alumnos que para definir la poesía jamás se le debía preguntar a los poetas. Si acaso a los profesores de literatura que, tras una ardua explicación ontológica, llegarían a la conclusión de que se trata de una operación difícil de realizar. Los filósofos, en cambio, se reirán en nuestras caras si les preguntáramose eso por la ingenuidad implícita. En conclusión hay que aceptar la poesía como se acepta a los escritores , porque están ahí y nadie sabe exactamente cómo se forman. No hay definición posible que los englobe a todos ni fórmula quimica que nos hable de su composición.
    Pero, recordando a Demócrito, todo esto son opiniones simplemente.
    Abrazos, Eduardo.

  4. No sé qué hará falta para ser un buen escritor, o un buen artista , en general. Pero esos talleres, sin duda, son lugar de intercambio y toda charla y comunicación enriquece, al que es buen escritor y al que no lo es. Creo que son positivos aunque no son fábricas para hacer escritores. Hace tiempo que creo que el escritor ha de nacer y, además, cultivarse.
    Decía Mairena a sus alumnos que para definir la poesía jamás se le debía preguntar a los poetas. Si acaso a los profesores de literatura que, tras una ardua explicación ontológica, llegarían a la conclusión de que se trata de una operación difícil de realizar. Los filósofos, en cambio, se reirán en nuestras caras si les preguntáramose eso por la ingenuidad implícita. En conclusión hay que aceptar la poesía como se acepta a los escritores , porque están ahí y nadie sabe exactamente cómo se forman. No hay definición posible que los englobe a todos ni fórmula quimica que nos hable de su composición.
    Pero, recordando a Demócrito, todo esto son opiniones simplemente.
    Abrazos, Eduardo.

  5. Querida Fernanda, el tiempo no dirá cuál de esas opciones es conveniente… porque las dos lo son.

    Es un asunto de subjetividades y así como asumes con una imagen lo que puede ser un taller literario, pues puede ser lo mismo estar en la soledad… Insisto, subjetividades…

    Creo que mi postura radica en que no todo funciona para todos y que por eso no se trata de destruir las opciones… el secreto es saber decidir si ‘tal o cuál’ cosa es lo que necesito.

    Y sí, estamos de acuerdo que es muy importante, quiz{as m{as que la escritura el acto de la lectura…

    Un abrazo

  6. Querida Fernanda, el tiempo no dirá cuál de esas opciones es conveniente… porque las dos lo son.

    Es un asunto de subjetividades y así como asumes con una imagen lo que puede ser un taller literario, pues puede ser lo mismo estar en la soledad… Insisto, subjetividades…

    Creo que mi postura radica en que no todo funciona para todos y que por eso no se trata de destruir las opciones… el secreto es saber decidir si ‘tal o cuál’ cosa es lo que necesito.

    Y sí, estamos de acuerdo que es muy importante, quiz{as m{as que la escritura el acto de la lectura…

    Un abrazo

  7. Manuela, tienes ahí la definición precisa: lugar de intercambio….

    con eso dices absolutamente todo…

    Un abrazo

  8. Manuela, tienes ahí la definición precisa: lugar de intercambio….

    con eso dices absolutamente todo…

    Un abrazo

  9. Puede ser bueno un taller, encontrar personas con objetivos similares a los tuyos, puede ser un gran estímulo que afiance totalmente la convicción literaria. Un taller literario es una experiencia de vida, depende de la persona verla como buena o mala. Para ser escritor hay que vivir intensamente, la estructura creativa de tu personalidad se supone ya se compuso en la primera educación recibida, en tu infancia, en tus primeros modelos. Obviamente hay que leer toda la vida y escribir, escribir, escribir. Pero hay que tener “algo”, plus… ese algo que no está en los genes ni en el alma o espíritu innato. Ese “algo” es aprendido muy temprano. No vas a un taller literario a aprender ese “algo”, se supone que ya lo tienes, es tu personalidad.

    Nunca iré a uno, por eso me quedo con tu experiencia: se aprende disciplina, algo muy difícil de lograr.

  10. Puede ser bueno un taller, encontrar personas con objetivos similares a los tuyos, puede ser un gran estímulo que afiance totalmente la convicción literaria. Un taller literario es una experiencia de vida, depende de la persona verla como buena o mala. Para ser escritor hay que vivir intensamente, la estructura creativa de tu personalidad se supone ya se compuso en la primera educación recibida, en tu infancia, en tus primeros modelos. Obviamente hay que leer toda la vida y escribir, escribir, escribir. Pero hay que tener “algo”, plus… ese algo que no está en los genes ni en el alma o espíritu innato. Ese “algo” es aprendido muy temprano. No vas a un taller literario a aprender ese “algo”, se supone que ya lo tienes, es tu personalidad.

    Nunca iré a uno, por eso me quedo con tu experiencia: se aprende disciplina, algo muy difícil de lograr.

  11. Bonita forma que tienes de promocionarte…
    Para ser escritor hay que escribir… que es leer frente a un prisma. Escribir por escribir, y no por ser llamado escritor.
    La disciplina no la aprendes en un taller, en un taller lo que tienes es el compromiso frente a otros (de un grupo de referencia).
    El escritor debe ser la fábrica y no el producto.

  12. Bonita forma que tienes de promocionarte…
    Para ser escritor hay que escribir… que es leer frente a un prisma. Escribir por escribir, y no por ser llamado escritor.
    La disciplina no la aprendes en un taller, en un taller lo que tienes es el compromiso frente a otros (de un grupo de referencia).
    El escritor debe ser la fábrica y no el producto.

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