La pesada conciencia del final

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Para Isabel

Ella transforma el gesto en dolor cuando escucha la llamada. La noticia y yo frente a ella, sin siquiera saber cómo mover, fluctuante, mis dedos. Su amigo ha muerto, el filo lo atravesó hasta agotarle la vida. El amigo que tenía muchos planes, el amigo que tenía una hija de 10 años a la que adoraba. El amigo gran amigo, el que la hacía sonreír. En la noche de Quito ella se quedó sin su amigo con una llamada telefónica.

He llegado a casa y me siento a escribir. La he visto caminar sin saber precisamente qué decir y lo único que consigo hacer es darle un abrazo. “Simplemente uno nunca sabe nada”, “la vida es la agonía hacia la muerte”, “no sé qué hacer en momentos así”, “la gente buena se tiene que ir antes…”

Isabel quizás no lea estas palabras, a la larga quizás no sea necesario que las lea, probablemente nadie… o quién sabe. Sé que cuando una llora un muerto llora todos los muertos de la humanidad. Sé que cuando la vida se reduce al dinero que tienes en el bolsillo ya no hay humanidad que sea posible salvar. Sé que en ese sentido extraño la moral de los animales, que quisiera que seamos seres sin alma para no cometer todos los crímenes de la desfachatez. Sé que el dolor de la natura trunca es quizás el más doloroso. Sé que un padre no debe enterrar a sus hijos. Sé que quizás no tenga una explicación para la crueldad, para el acto de no pensar y negar la mínima compasión mamífera que debería existir en el ser. Sé que no entiendo bien el por qué. Sé que el dolor de la pequeña hija será una sensación de extrañeza en su momento. Sé que todos somos Príamo, reclamando el cuerpo de Héctor al desabrido Aquiles. Sé que todo es un estornudo…

Isabel con el dolor en la mano temblorosa, desenvainando la sensación de abandono al vaivén de los dedos. Isabel sentada en la mesa y levantándose al baño para intentar alguna mejoría. Yo sentado, viéndola caminar y pensando en la nada misma. En la sorpresa que supone el fin de la vida cuando no la esperas…

Isabel escuchando estas palabras que no le digo, sino que escribo y probablemente no leerá. Isabel que debe festejar la vida del amigo, su paso por su lado, ignorando el inevitable sendero que se bifurca y nos permite ser valiosos… tenemos un tiempo de uso y lo usamos. Isabel que festeja esa vida y la veo sonriente, pensando en el amigo, ya no en que no lo va a volver, sino que tuvo la ventaja de haberlo sido. Isabel está triste y sale del baño… la tristeza se irá a su tiempo, Isabel, y ella piensa en el amigo y sonríe… pero todo a su tiempo… la sonrisa será un punto de llegada, la bandera que se mueve como anuncio…

El sol es él jugando simplemente al hecho de no abandonar a quienes lo quisieron en vida.

El sol da el calor de la imagen.

El sol no llora a sus muertos, los festeja…

4 comentarios en “La pesada conciencia del final

  1. La muerte es terrible para quienes piensan en ella. Sólo hay una manera de afrontarla: olvidándola. Y no sé si esto será posible.

  2. La muerte es terrible para quienes piensan en ella. Sólo hay una manera de afrontarla: olvidándola. Y no sé si esto será posible.

  3. Manuela, no sé si el olvido… al final el olvido es lo mismo que la memoria…

    Y la idea es recordar a los que se van de la manera en que estuvieron… supongo

  4. Manuela, no sé si el olvido… al final el olvido es lo mismo que la memoria…

    Y la idea es recordar a los que se van de la manera en que estuvieron… supongo

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