El análisis de Campaña y la búsqueda de la tradición

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En un post anterior, Ecuatorianismo, hice referencia a un texto que Mario Campaña publicara en ‘Cuadernos Hispanoamericanos’, a través de los comentarios que sobre ese texto publicara Efraín Villacís en revista Anaconda y que fueran reproducidos por la gente de Buseta de Papel en su blog.

La gente de Casa de las Iguanas ha publicado el texto para que podamos leer con propiedad qué se comenta, con el título “Ecuador: Vida intelectual y literaria”. Y no me queda más que decir que la lectura de Villacís fue muy pasional, aunque sí creo que existen cosas que son fácilmente cuestionables en el texto de Campaña, que tiene sus grandes momentos, sobre todo al hablar de la poesía en Ecuador.

“Sabido es que la noción de infinito, expandida en Europa después del giro copernicano, que dejó atrás el cerrado universo cristiano; el sentimiento de soledad provocado por la ruptura de los antiguos vínculos comunitarios; y, la percepción de lo temporal como progresiva caducidad de lo humano, que habían alimentado la poesía moderna en Occidente y su ámbito de influencia, empezaron a disiparse por doquier en las últimas décadas del siglo XX. Ecuador no escapó a ese hechizo: con la angustia ante la infinitud, la soledad y la fugacidad del tiempo se escribió nuestra poesía clásica y, como en otras literaturas, el despojo de esa herencia es uno de los rasgos de nuestra actualidad, de la vida literaria de las últimas décadas, que se resiste, sin embargo, al total abandono de aquello que le diera sus mayores logros”.

Una excelente manera de definir la poesía que se hace en el país. Incluso contraponiéndola a la otra tradición que se manifiesta en el resto del continente (y que también tiene su participación en el Ecuador): “…extrañamente, en la renovación poética ecuatoriana no han predominado las vías elegidas por el resto del territorio de la lengua castellana, donde hizo fortuna la consigna del poeta chileno Enrique Lihn, que hace 25 años fijó pautas fáciles de reconocer en los últimos tiempos: “Si se ha de escribir correctamente poesía/ no estaría de más bajar un poco el tono”, escribió Lihn en un poema”. Bueno, digamos que esa ora tradición existe, sin embargo no llega a los niveles de aquello que sostenía Lihn y que sirvió de caldo de cultivo para una poesía que debería, si bien bajar el tono, comprender el valor de la palabra y, por ejemplo, como una simple conjunción puede hacer de un verso un universo.

Ahora, al ser una especie de estudio que debió respetar cierta extensión, el problema del texto está en la articulación de un discurso que a momentos podría ser simplemente un acto de enumeración y poco desarrollo. Eso no creo que se deba reclamar al autor en su totalidad, sino al acto de presentación que hace el texto (y obviamente al espacio)… al ser este un país como una suerte de paréntesis (gracias a Dios está cambiando la perspectiva).

Lo que sí debería ser motivo del análisis son una serie de frases que construyen asuntos interesantes para los que supuestamente hacemos cultura. “¿A qué historia, a qué tradición cultural debería ser fiel, cultivar y prolongar el intelectual ecuatoriano? ¿Cuál debería ser la finalidad de su trabajo? ¿Cuál es la tradición cultural que nos alimenta en términos reales?”. Sí, es cierto, la tradición cultural del país descansa en algún lugar que no todos conocemos. Eso es un problema que si lo revisamos de seguro descubriría una serie de razones, pero que creo que ya no es motivo de incumbencia. Lo siento, ante la ausencia de tradición pues hay que buscarla en algún lugar, y no necesariamente para serle fiel. La fidelidad es un problema dentro de todo esto que propone Campaña, ¿en qué sentido? Pregunta cuál debería ser la finalidad del trabajo del intelectual ecuatoriano… pues de seguro hacer un trabajo honesto y basado en eso, en el trabajo, no en una tradición que existe o no existe. El alimento actual de las manifestaciones artísticas es el alimento del ser, no el alimento del país, no la chicha, ni la cerveza… el alimento del individuo.

“La cultura ecuatoriana asumió, según dije al principio, como una de sus grandes tareas en los años 40 y 50 la elaboración de elementos simbólicos para la fundación de la nación, pero todo ello fue abandonado posteriormente. Hoy los intelectuales y la clase media rechazan lo indígena y en general lo autóctono, y los escritores, careciendo de vínculos suficientes con la tradición europea, tienden a asimilar todo cuanto pueda contribuir a la elaboración de sus relatos en una atmósfera propia. Como una nueva versión de esta ambiguedad y esta dicotomía, un debate todavía incipiente enfrenta hoy a quienes proclaman la conveniencia (pues se trata de eso, de conveniencia) de utilizar escenarios y problemáticas “cosmopolitas” y a quienes rechazan que sea suficiente con ordenar a la computadora que “donde dice Lomas de Sargentillo diga Londres” (como irónicamente ha escrito el poeta Fernando Balseca) y conminan así a continuar una indagación propiamente estética”.

Pues podría aventurarme a decir que esa elaboración de elementos simbólicos para la fundación de la nación es de seguro uno de los tantas razones del por qué esa tradición ha permanecido oculta, e incluso por qué seguimos metidos en esa mirada del ‘autoexotismo’, de la cual ya he hablado en dos mil quinientas ocasiones. La atmósfera propia como enemiga de los asideros y de lo indígena o autóctono. Seamos consecuentes con algo, creo… Una vez que se demuestra que todos los subterfugios para la creación de identidad están acabados (manifestado en áreas como por ejemplo lo político y social… en otro momento entraré en detalles), ¿es necesario negar el valor del asidero personal, de lo propio? Este es el principal reproche que le tengo al texto de Campaña. El rescate de la tradición no puede estar por encima de las necesidades del individuo que la busca. Y no se trata de un asunto de conveniencia (con relación a la problemática de los escenarios, como una simple excusa que no le da la valor de por sí a la obra, pero permite una mejor comprensión de lo que somos), sino de establecer un verdadero territorio dentro del ámbito de lo literario y no de lo circunscrito en un país…. Las tradiciones deberían ser abolidas del todo, como esa gran cruz, para permitir una mayor libertad en el acto de la creación. Al final es cada creador/autor/narrador/poeta el que decide a qué tradición hablarle, desde él mismo.

Más allá de esto parece ser un excelente momento para el arte en el país, lo que viene es interesante, es un respiro y una ansiedad al mismo tiempo: “en las principales ciudades nuevas generaciones de escritores e investigadores promueven y animan encuentros y debates: la sangre nueva está viva, corre y se multiplica”, dice Campaña, con muchísima razón.

8 comentarios en “El análisis de Campaña y la búsqueda de la tradición

  1. Estoy de acuerdo. La literatura puede servir para todo o para nada. Cada autor ha de saber romper las tradiciones o coger de ellas lo que le venga en gana. Los escritores deben ser conscientes de lo que quieren y anticiparse , nunca dejarse arrastrar.
    No siempre la literatura refleja lo que hay en las sociedades, y ésa, al fin, es la permanencia que se adhiere a ella. Cuando se repiten las mismas estructuras que están de moda, la literatura no deja de ser una moda más, y se hunde en el cieno de los días sin esperanza de trascender.
    Recordemos que una de las características principales de la literatura es la extrañeza. El lector no debe reconocerse ni identificarse con nada, debe convulsionarse. Y esa es la tarea de los escritores.
    Tal vez.
    Pero alrededor de los planetas siempre hay satélites.

  2. Estoy de acuerdo. La literatura puede servir para todo o para nada. Cada autor ha de saber romper las tradiciones o coger de ellas lo que le venga en gana. Los escritores deben ser conscientes de lo que quieren y anticiparse , nunca dejarse arrastrar.
    No siempre la literatura refleja lo que hay en las sociedades, y ésa, al fin, es la permanencia que se adhiere a ella. Cuando se repiten las mismas estructuras que están de moda, la literatura no deja de ser una moda más, y se hunde en el cieno de los días sin esperanza de trascender.
    Recordemos que una de las características principales de la literatura es la extrañeza. El lector no debe reconocerse ni identificarse con nada, debe convulsionarse. Y esa es la tarea de los escritores.
    Tal vez.
    Pero alrededor de los planetas siempre hay satélites.

  3. Manuela, el acto de reflejo provocado en la literatura es un acto individual, un acto de necesidad por convertir la realidad o lo social en un elemento de la ficción… Y siempre y cuando exista ese componente de la individualidad, esa actitud no gregaria en el acto de escribir, creo que la extrañeza se seguirá manteniendo.

    Un saludo

  4. Manuela, el acto de reflejo provocado en la literatura es un acto individual, un acto de necesidad por convertir la realidad o lo social en un elemento de la ficción… Y siempre y cuando exista ese componente de la individualidad, esa actitud no gregaria en el acto de escribir, creo que la extrañeza se seguirá manteniendo.

    Un saludo

  5. ” al ser este un país como una suerte de paréntesis (gracias a Dios está cambiando la perspectiva)”

    “un debate todavía incipiente enfrenta hoy a quienes proclaman la conveniencia (pues se trata de eso, de conveniencia) de utilizar escenarios y problemáticas “cosmopolitas” y a quienes rechazan que sea suficiente con ordenar a la computadora que “donde dice Lomas de Sargentillo diga Londres” (como irónicamente ha escrito el poeta Fernando Balseca)”

    en mi próximo poema citaré los campos elíseos, alguna callejuela de manhattan, el mar del norte, un pud de londres, nomás pa que no digan que nunca salgo de mi casa

  6. ” al ser este un país como una suerte de paréntesis (gracias a Dios está cambiando la perspectiva)”

    “un debate todavía incipiente enfrenta hoy a quienes proclaman la conveniencia (pues se trata de eso, de conveniencia) de utilizar escenarios y problemáticas “cosmopolitas” y a quienes rechazan que sea suficiente con ordenar a la computadora que “donde dice Lomas de Sargentillo diga Londres” (como irónicamente ha escrito el poeta Fernando Balseca)”

    en mi próximo poema citaré los campos elíseos, alguna callejuela de manhattan, el mar del norte, un pud de londres, nomás pa que no digan que nunca salgo de mi casa

  7. Rafael…

    Creo que si se centra la discusión en eso entraremos en un problema que no había manera de solucionar…

    Reducir la literatura a los lugares que escribes o a la simple ambientación es perder de horizonte el asunto….

    la discusión debería ser en el que se debe escribir sobre lo que cada individuo quiere y ya

    Saludos

  8. Rafael…

    Creo que si se centra la discusión en eso entraremos en un problema que no había manera de solucionar…

    Reducir la literatura a los lugares que escribes o a la simple ambientación es perder de horizonte el asunto….

    la discusión debería ser en el que se debe escribir sobre lo que cada individuo quiere y ya

    Saludos

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