La trilogía de Nueva York (parte uno)

Uncategorized

Paul Auster es un autor que escribe sobre Quinn, un poeta convertido en narrador y venido a menos luego del fallecimiento de su mujer e hijo, quien es confundido con Paul Auster, un supuesto investigador privado, empleado para localizar a Peter Stillman, quien quiere matar a Peter Stillman, hijo.

Ese es el conflicto que destapa ‘Ciudad de cristal’ una novela de Paul Aster que es el inicio de lo que se conoce como la Trilogía de Nueva York. La novela como montaña rusa, en momentos genial, en momentos tediosa. No queda más que leerla con una actitud Beavis & Butthead (“Debe tener una parte que apeste para que otra sea ‘cool’, en referencia a ‘Creep’, de Radiohead) y reconocer esos pasajes en los que la narración se hace inolvidable. Particularmente son detestables todas esas descripciones interminables de las calles de Nueva York, más allá de que sean o no reales; son aburridas.

Pero cuando Auster se centra en contar una historia lo hace como probablemente pocos lo harían. Quinn no es detective, no tiene la más remota idea de qué hacer y en un instante de desesperación decide buscar al verdadero investigador, que resulta no existir tampoco. El único Auster que encuentra es el Paul Auster escritor, casado con Siri y padre de un niño pequeño. Decide visitarlo.

En lo que es sin duda un homenaje y perfecto uso de un juego de narración como lo hiciera Cervantes en El Quijote (muy importante esta referencia en la novela) Auster se hace personaje y utiliza la misma novela de Cervantes para dar pistas, como en una buena novela policíaca. Escribe y dice Auster: “Ésa es la parte más interesante de todas. En mi opinión, Don Quijote estaba realizando un experimento. Quería poner a prueba la credulidad de sus semejantes. ¿Sería posible, se preguntaba, plantarse ante el mundo y con la más absoluta convicción vomitar mentiras y tonterías? ¿Decirles que los molinos de viento eran caballeros, que la bacinilla de un barbero era un yelmo, que las marionetas eran personas de verdad? ¿Sería posible persuadir a otros para que asintieran a lo que él decía, aunque no le creyeran? En otras palabras, ¿hasta qué punto toleraría la gente las blasfemias si les proporcionaban diversión? La respuesta es evidente, ¿no? Hasta cualquier punto. La prueba es que todavía leemos el libro. Sigue pareciéndonos sumamente divertido. Y eso es en última instancia lo que cualquiera le pide a un libro, que le divierta”.

Y en ese sentido se produce lo predicho por Auster antes de que se termine el libro. Tal como sucede en ‘Adaptation’, con guión de Kauffman: todo lo que dice que va a pasar, como posibilidad, termina sucediendo.

‘Ciudad de Cristal’ es una novela cuyo final no defrauda e inmediatamente te deja con ganas de leer la continuación, ‘Fantasmas’. Tal como me dijo mi querida Daniela Gaviria: “La primera es la mejor de todas, pero todas las novelas juntas son una gran experiencia”. Veamos qué sucede una vez que termine de leer todas las novelas. El primer paso ha sido interesante.

8 comentarios en “La trilogía de Nueva York (parte uno)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s