La imagen del desencanto

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J. me hizo un presente por demás interesante y del cual estoy agradecido hasta el tuétano. El documental “El desencanto”, de Jaime Chávarri, donde la figura y la vida de la familia Panero están ahí, retratadas para dejarnos en calro esas pequeñas cosas del interior del hogar que terminan compaginando una historia de miserias y dolores. El efecto es aquel que se consigue cuando te das cuenta que hay alguien peor que tú: te sientes mejor… O como diría el gran Homero Simpson: “Es gracioso porque no me pasa a mí”. Más allá de la relación entre los hermanos Panero (Juan Luis, Leopoldo María y Michi) y su madre (Felicidad Blanc), luego de la muerte del padre (y lo que esto significó para la vida familia), el documental nos muestra una destrucción tan grande que hasta resulta imposible de ser aceptada como tal. Desde la lucha por ocupar el lugar del padre, tema recurrente en la obra de Leopoldo María (quien es calificado por su hermano Michi como poseedor de una mejor obra que la de Juan Luis… y obviamente que el padre), hasta el hastío, la sensación de abandono y el discurso descabellado de casi todos los protagonistas del documental, la única idea precisa que se me puede ocurrir, incluso dentro de lo políticamente correcto, está esa ligazón con la España de esa época, la del franquismo, tomando en cuenta que la cabeza de familia era parte del Gobierno franquista. Una postura que supura en todo el filme y que no hace nada más que evidenciar algo que ya se sabía: esa represión y los excesos que vienen a continuación, esa aparente normalidad que crea ‘freaks’, el freak que quiese ser escritor y ser como el padre (Juan Luis), el freak que no se interesa por nada de eso (Michi) y freak que simplemente es poeta porque estaba en él, no buscaba la pose.
Sin duda es la figura de Leopoldo María Panero la que más importante. No solo que da los mejores momentos del documental, sino que nos revela que detrás de esa aparente locura que carga encima (la que acusa de ser el fiel reflejo de toda la gente alrededor), esconde una serie de precisiones y conceptos que se te quedan dando vueltas por la cabeza, incluso te obliga a replantear algunas posiciones. El encierro: Leopoldo María vive en un sanatorio, no me interesan las causas, pero en su juventud y por su izquierdismo reaccionario terminó en prisión (además en sanatorios por el temor a que estuviera usando drogas) lugar en el que precisa, y no cito para no equivcarme en la transcripción, que al no existir separación entre la vida pública y privada una vida como colectividad es más factible y vivible. Como si fuese un útero, el lugar donde todo estuvo bien. La educación: Los problemas del pequeño Leopoldo María durante su época colegial y la relación con el padre (a quien llama el gran conejo blanco, siempre sonriente, como si la máscara fuera eternamente necesaria) y el acto de la represión como único método de enseñanza. La explicación de la rebeldía necesaria. El Edipo: La lucha por los dos hermanos por poseer a la madre y ser el padre. Leopoldo María es más rudo y directo que Juan Luis. En 1987 escribe el siguiente poema:

A MI MADRE

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo

como una magia

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos

y un manojo de flores llevas en la mano

para esperar a la Muerte

que cae de su corcel, herida

por un caballero
que la apresa con sus labios brillantes

y llora por las noches pensando que le amabas,

y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche

ven, escúchame hablemos de nuestros muebles

tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra

y ahora que el poema expira

te digo como un niño, ven

he construido una diadema

(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

Al final se queda de lleno la certeza y la pesada concepción de que en una familia de poetas se esconde la desazón del mundo.

EL LAMENTO DEL VAMPIRO

Vosotros, todos vosotros,
toda
esa carne que en la calle
se apila, sois

para mí alimento,

todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,

todos vosotros

sois para mí alimento, y el espanto

profundo de tener como espejo

único esos ojos de vidrio,
esa niebla
en que se cruzan los muertos,
ese
es el precio que pago por mis alimentos.

4 comentarios en “La imagen del desencanto

  1. Me ha sorprendido agradablemente que hables sobre los Panero. Su personalidad es tan fuerte que cualquier reportaje que se haga sobre ellos rebasará los límites que marcan estos medios.
    Leopoldo María Panero es, tal vez, uno de los más grandes poetas de todos los tiempos. Su fortaleza satánica sobrevuela toda su poesía y renueva todo este género en una revolución sin precedentes. Creo yo que Panero no ha sido asimilado todavía y no está dejando sentir su influencia en las nuevas generaciones de poetas. Cuando lo haga, la poesía se estremecerá hasta la médula y su mano asfixiante paralizará todos los derroteros que se estén intentando tomar. Sólo queda descubrirse ante un poeta como pocos.
    Gracias, Eduardo, por tan hermoso escrito. Y por recordarnos sus poemas.
    Saludos.

  2. Me ha sorprendido agradablemente que hables sobre los Panero. Su personalidad es tan fuerte que cualquier reportaje que se haga sobre ellos rebasará los límites que marcan estos medios.
    Leopoldo María Panero es, tal vez, uno de los más grandes poetas de todos los tiempos. Su fortaleza satánica sobrevuela toda su poesía y renueva todo este género en una revolución sin precedentes. Creo yo que Panero no ha sido asimilado todavía y no está dejando sentir su influencia en las nuevas generaciones de poetas. Cuando lo haga, la poesía se estremecerá hasta la médula y su mano asfixiante paralizará todos los derroteros que se estén intentando tomar. Sólo queda descubrirse ante un poeta como pocos.
    Gracias, Eduardo, por tan hermoso escrito. Y por recordarnos sus poemas.
    Saludos.

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