Y me toca regresar a Guayaquil por la consulta…

Sí, esta noche viajo. Me toca recorrer medio país para regresar al calor del infierno del cuál escapé. Pero no toto es malo, aprovecharé para estar con la familia (ver a mi hermoso sobrino), visitar a mis amigos del alma, hacer algunas entrevistas para un reportaje que quiero hacer (no adelanto nada), incluso hasta me dijeron que lo hago para escapar de Quito… no lo creo… aunque quién sabe.

Esta semana ha estado movida, especialmente por el cierre de avenidas que ha hecho que camine la bola de cuadras para movilizarme. Eso es sin duda producto de lo que me llevará obligatoriamente a Guayaquil: votar en la Consulta Popular. La pregunta es: ¿Por el sí o por el no?


La respuesta es: no tenemos la respuesta. Lo obvio es que el sí va a ganar por el odio endémico que existe por los diputados, no hay que buscarle más sentido a lo que va a pasar. Señores de Teleamazonas, no importa lo que hagan en sus transmisiones y lo dedicado de sus informativos, es casi imposible que Correa pierda. La idea del cambio resulta atractiva, desde luego, pero el cambio por el cual todo seqa borrón y cuenta nueva me suena demagógico.

Tan demagógico como crear un Ministerio de Cultura con asidero en el aire.

Es que, con el dolor en el alma lo escribo, habiendo votado por Correa en la segunda vuelta, no hay nada más peligroso que una demagogia casi siniestra. Las instituciones están obsoletas, cierto, y en ese estado la idea de una Asamblea surge como panacea (aunque el Gobierno se ha cuidado al decir que no es la solución, pero hay que empezar por algo).

Y esa frase es la que me deja helado: ‘no es la solución’. Obviamente, si la Asamblea no es la solución, sino el espacio en cero, el día D, para recomenzar esa idea de ‘refundar el país’ (otra vez la demagogia), no habría que esperar mucho. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda; o es el clásico vendo el carro pero antes le doy una manita de gato para que parezca mejor. ¿Dónde está la solución? Las soluciones ante el estado de las cosas en Ecuador están en lo práctico. Sin considerarme de derecha, porque la verdad es que es aburrido compartir el mismo espacio ideológico que los socialcristianos, el problema de los gritos de izquierda están en su poca practicidad e incluso en una puesta en escena no tomando en cuenta todos los factores que hay en el medio de una problemática.

Estoy hablando estrictamente de lo que pasa en Ecuador…

No creo que suceda lo que sucede en Venezuela, así que ese no puede ser el temor. Lo sucedido en Venezuela también se centra en que la oposición simplemente se esfumó, por ‘falta de garantías’ o lo que sea. Además hay que entender que el estado venezolano puede y ha podido mantener una serie de políticas sociales que no son factibles en el país, al menos no todavía. Solamente ayer el Ministro de Educación declaraba que recién para el final del mandato de Correa (2013) se podrá contar con el 50% de la infraestructura para una educación gratuita. La noción desde esa perspectiva es ridícula e impráctica.

La practicidad es importante y si hemos cambiado de cosntituciones como de calzoncillo (hoy se maneja la excusa que es el pueblo el que va a decidir… ¿será? ¿No podemos ser como Santo Tomás luego de tanto absurdo?) no hay manera de saber que esta vez todfo estará mejor. No quiero pecar de pesimista, pero si las instituciones están acabadas en el país, ¿cambiándolas cambiará todo? Hay algo que hay que medirse más allá, y si no es la solución definitiva, entonces para qué tomarla, para qué. Un problema tan desgraciado como el que acoge al país (con un Congreso que ni tengo idea si está sesionando o no) requiere de una solución en sí y no de intentos.

Una izquierda sin precisiones reales es estrictamente criminal. Y eso es lo que ma harta de una postura totalitaria anti todo.

Y lo que más me aterra es reconocer que en este país, que se mantiene en una edad media desesperanzadora, se siga pensando que el borrón y cuenta nueva es lo mejor que puede hacerse. Cuando ese borrón, si no tenemos ni prodigamos una buena memoria colectiva (como decía el Castell de Sábato, no con esas palabras, pero más o menos), va a significar otra pérdida de tiempo y de recursos, como aquella vez hace casi diez años en que me tocó ayudar a mi mamá a contar los votos de la gente para esa Amsablea que presidió Oswaldo Hurtado y que es la que queremos olvidar hoy.

Señores, va a ganar el sí. Y ese ‘Sí’ en una demagogia bestial, que no reconoce la practicidad de nada, salvo la de la confrontación (por cierto, bien hecho eso de Fuerza de Vivos… aunque hay que revisar la historia de nuestro país, aquellos que son los próceres de la Independencia de Guayaquil, eran esa Fuerzas Vivas… así que la queja debe ser compleja y bien dirigida, ¿no?). A la final nos queda esperar los 180 días de la Asamblea y rogar que no se produzca lo que pasó en Bolivia, cuando en el primer día hubo tal trifulca que uno de los asambleístas quedó en coma.

No tengo esperanzas, eso es todo.

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2 comentarios en “Y me toca regresar a Guayaquil por la consulta…

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