La libertad de expresión y las vestiduras rasgadas de los medios

Mónica Chuji, secretaria de la comunicación, ha dicho que el Gobierno no está en contra de la libertad de expresión, sino en extender el concepto al público en general. Es decir, no sólo es potestad de los medios, peor aún su valor intrínseco, la libertad de expresión es un valor gigante que en manos de empresas que lucran con la información se convierte en excusa para absurdos.

¿Por qué lo dijo? Por el pedido de rectificación que el Gobierno de Correa hizo al diario la Hora por un editorial en el que aseguraba que los manifestantes en contra del Congreso y los diputados fueron pagados por el Régimen. El diario ha dicho ‘nones’ porque eso sería violentar la libertad de expresión. Otros medios se han hecho eco y han saltado porque eso supone injerencia y una presión que no va de acuerdo con los medios.

Bueno, una opinión editorial en un medio de comunicación no esta exenta de error. El pedido de corrección que cualquier persona puede pedir por una información publicada es su expresión, su libertad expresada frente a la libertad de otro. ¿Cuál es el dolor? El Presidente también tiene ese derecho, ¿no? Lo más gracioso es que hay muchos que consideran que la opinión editorial no es de por sí la publicación de una información, sino el uso de esta información. Esas imprecisiones dignas de un Poder Legislativo son absurdas pues si la información con la cuál se genera un editorial fuera falsa o errónea, el planteamiento sería una falacia. Punto.

¿Cuando el poder pide alguna rectificación se está violentando algo? La intolerancia mediática a cualquier pedido de consideración o reflexión no puede ser tomada como una afrenta, por favor.

Que los medios escuden sus posibles errores en comunicados arrogantes y posturas en las que defienden el valor de la libertad de expresión (insisto, es gracioso que conglomerados económicos defiendan eso, cuando sabemos que si el dinero está en juego no existe un desinterés) genera que pierda cada vez más esperanza en la profesión que tengo. Teniendo la posibilidad de hacer un mea culpa y de definir que quizás me equivoqué, o incluso refrendar lo que se dijo, los medios se esconden y se rasgan las vestiduras.

No hay una verdadera comprensión de que la profesión puede sanearse y no dormirse en laureles creados por ellos mismos (los medios). Por eso hay que dudar de esas posturas más allá del bien y el mal, porque dan asco, pena y hay que tomarlas con pinzas.

¿La libertad de expresión es una característica de los medios? No, es una responsabilidad con los acontecimientos y sus ‘consumidores’ y es hora de que lo entiendan.

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