El lado oscuro de Waters sacudió Bogotá

Estuve en Colombia hace una semana, fui por el concierto de Roger Waters y salí encantado. El encanto se me acabó cuando me dijeron que leyera el ‘testimonio’ que publicara diario EL COMERCIO sobre el show. No fue exagerado lo que me dijeron (un texto escrito desde una chabacanería endiablada, además del clásico ‘yo digo y esto es’, una característica novedosa de estos artículos…), la nota fue una pésima excusa para hablar de un show que estuvo inolvidable. Esa nota está firmada por Jorge Espinosa y la pueden leer haciendo click acá.

UPDATE: EL UNIVERSO publicó una crónica que hice sobre el show. Click acá.

Acá les dejo mis impresiones del show

Roger Waters apareció en tierras bogotanas como la cara de la otra moneda a la visita de Bush. Era viernes, 9 de marzo, hacía algo de frío y el ex bajista de Pink Floyd no tuvo reparos en cantar: “Oh George! Oh George! That Texas education must have fuck you up when you were very small!”. Ese sin duda es el lado oscuro de la luna.
La gira ‘Dark side of the moon’ con la que celebra en vivo el que sea considerado el mejor álbum de la banda inglesa, que él dirigiera desde la salida de su fundador y compositor, Syd Barrett, descendió en Colombia y deleitó por casi 3 horas a miles de fanáticos que se apostaron en el inmenso Parque Simón Bolívar de Bogotá. La excusa fue sencilla para jóvenes y adultos (quienes parecían recordar su adolescencia), escuchar un pedazo de los ‘floyd’, cerrar los ojos e imaginarse que es lo más cercano a tener frente al grupo que se creara en Londres, en 1965, responsable de éxitos como ‘Another brick in the wall, part 2’, ‘Money’ y ‘Wish you were here’, tocadas en la presentación.
El planteamiento musical fue excelente: ejecutar los temas con los mismos arreglos de estudio. En ese sentido, la banda que acompañó a Waters, conformada entre otros por el guitarrista Snowy White, el tecladista Jon Carin (de amplia trayectoria con Waters y los otros tres floyds restantes), el cantante y primera guitarra Dave Kilmister (quien consiguió ‘clonar’ la guitarra de David Gilmour para las versiones de los clásicos temas del ‘Dark Side…’), cumplió ese cometido a la perfección. El espectador estuvo frente a una versión en vivo de temas como ‘In the flesh’, ‘Mother’ ‘Set the controls for the heart of the sun’ (ligeramente distinta a la original, que se encuentra en el segundo disco de Pink Floyd), ‘Shine on crazy diamond’ (una hermosa declaración de amor a su amigo y compañero de banda, Barrett, quien debiera salir del grupo debido a su esquizofrenia), ‘Have a Cigar’, ‘The Final Cut’, ‘The Fletcher Memorial Home’, y la nueva canción ‘Leaving Beirut’, en la que Waters recuerda un viaje que hizo al Líbano cuando tenía 17 años que dejó huella en él, especialmente por el trato recibido por parte de una familia musulmana. La actualidad del tema es clara, sobre todo viniendo de alguien que ha mantenido una postura política que ha rozado los llamados de atención (son ya conocidos sus comentarios en contra de la guerra entre Israel y Palestina, así como su rechazo público a la construcción del muro entre Estados Unidos y México).
El punto más alto de esa primera parte empezó a crecer. Con la visita de 7 horas del presidente Bush a la vuelta de la esquina, los presentes vitoreaban la canción que se quejaba de la actitud norteamericana e inglesa frente a sus líderes. Esos gritos crecieron hasta el infinito con ‘Sheep’, tema del álbum Animals. Durante el final del tema, un enorme cerdo inflable (¡mira el marrano!, decían los colombianos) se movía de un lado al otro del cielo nocturno del Parque, con grandes leyendas escritas en él, entre ellas: “El patrón Bush viene a la haciendo Colombia”, o el nombre del Presidente gringo en el trasero del animal. Al final de Sheep, el globo se liberó y subió interminablemente hasta perderse en el cielo, al mismo tiempo que Waters pedía 15 minutos para regresar con ‘Dark side…’ en vivo.
No parece ser el Waters de hace unos años, envuelto en amargas peleas con Gilmour, Nick Mason y Rick Wright, sus ex compañeros de grupo, por la potestad sobre el nombre Pink Floyd y las canciones. Declaraciones en contra de la capacidad musical de ellos, comentarios sardónicos, destellos de un egocentrismo que significaron el final de una agrupación como se la conocía. Hoy Waters, desde la presentación de Pink Floyd en el Live 8, hace dos años, ha revitalizado su relación con el grupo. Habla bien de sus ex amigos y realza su pasado, no solo como aceptación sino con orgullo. Parte de eso fueron las proyecciones con videos de la banda en los 60’s que se sucedieron entre canción y canción sobre el fondo del escenario.
De pronto, en medio de la oscuridad, se empezaron a escuchar los latidos que marcan el inicio de ‘Speak to me’, el primer corte del disco. Los gritos nuevamente, la gente se acomodó y esperó a que surgiera el acorde mi menor con el que arranca ‘Breathe’. De ahí en adelante, a voz viva y coreando los temas, el público presente disfrutó de un disco en vivo, tocado compás por compás con los mismos arreglos y efectos. Las alarmas de lo relojes para ‘Time’; el piano y la excelente vocalización desesperada de ‘A great gig in the sky’; la caja registradora y el tiempo 7/8 para ‘Money’, con el maravilloso solo de saxofón; la melancólica ‘Us and them’, la improvisación controlada de ‘Any colour you like’ (acompañada de proyecciones sobre el escenario que asemejaban a aquellos colores que salen del prisma refractando la luz, en clara alusión a la portada del álbum); para terminar con ‘Brain Damage/Eclipse’, tema que directamente trata sobre la locura necesaria en una vida llena de exigencias y clichés que pueden destrozar a cualquier. Waters, en 1973, escribió letras que incluso hoy, más de 30 años después, son contundentes y un fiel reflejo de lo que pasa.
El ‘encore’ se dio en compañía de escolares bogotanos que subieron al escenario y acompañaron a Waters en ‘The Happiest days of our lives’ y en ‘Another Brick in the Wall, part 2’. El “Hey Teacher! Leave them kids alone!” hizo tronar el parque hasta el clímax. Waters lo supo muy bien y llevó a su banda a la repetición de ese portentoso coro. Luego, dos joyas un tanto ocultas del disco The Wall: ‘Vera’ y ‘Bring the boys back home’, que en tiempos de guerra no dejan de ser una exigencia mundial. El cierre se dio con el fabuloso ‘Comfortably numb’, en el que el gran músico de sesión Andy Fairweather Low reemplazó a Gilmour como voz principal y los guitarristas lo suplieron a la vez en los solos, considerados como unos de los mejores del rock por revistas especializadas.
Al final y antes de ‘cerrar el telón’, Waters se unió a la celebración por los 80 años de Gabriel García Márquez y le deseó feliz cumpleaños. En el cielo, el cerdo ya se había perdido; quién sabe, quizás le dio por aparecer el domingo, mientras la comitiva de Bush paseaba en el Cadillac blindado en pleno centro de Bogotá, para entonces Waters ya se había ido del escenario y del país, dejando un buen pedazo de buena música de alguien que en sus 63 años todavía hace lo mejor que sabe hacer.
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2 comentarios en “El lado oscuro de Waters sacudió Bogotá

  1. Ahrgggggggggggggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

    😦

    Eso es todo o que puedo decir. Oiga compadre. Se cumple el plan musical que me cuenta’

  2. Ahrgggggggggggggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

    😦

    Eso es todo o que puedo decir. Oiga compadre. Se cumple el plan musical que me cuenta’

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