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Con el corazón en llamas (una reseña cualquiera)

imagen tomada de lacanicadorada.blogspot.com

Hay una forma muy obvia y clara de leer el documental “Con mi corazón en Yambo”, de Fernanda Restrepo Arismendi, y esta manera tiene que ver con el golpe de memoria, con esa necesidad de hacer de la frase “Prohibido Olvidar” el germen de una manera de hacer un mejor país. Esa es la perspectiva más superficial de enfrentarte a la película, porque el crimen de Estado relacionado con la desaparición de los hermanos Restrepo Arismendi (la directora es la hermana menor de los niños desaparecidos por una intervención policial el 8 de enero de 1988) te genera de entrada esa sensación como desafío a la tragedia que tocó al país, pero sobre todo a esta familia de origen colombiano.

Así, “No olvidar” es el axioma final porque se supone que estos actos no se deben repetir.

Pero lo cierto es que, tal como lo plantea Hannah Arendt en su estudio sobre el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén, un hecho tan desagradable e infame siempre puede repetirse al ser ya antecedente y por eso es necesario un escenario judicial bien definido para enfrentarlo, no para no vivirlo de nuevo, sino para saber cómo responder ante él.

En este sentido, y en su lectura más profunda, “Con mi corazón en Yambo” es un documental que más que combatir la amnesia social lo que hace es ayudarnos a comprender lo que pasó, para enfrentarnos a algo que, más que repetirse en Ecuador, se ha vuelto en una forma de hacer Estado: las decisiones que se toman en lo más alto del poder ejecutivo son ejecutadas con crueldad y cinismo por estratos más bajos de esa cadena.

El caso de los hermanos Restrepo es, sin lugar a ninguna duda, la experiencia más baja y criminal de este tipo de accionar.

imagen tomada de elheraldo.co

El documental de Fernanda Restrepo decanta todo y crea un discurso. Lo que interesa es eso, no el recuento cronológico de los hechos, sino el viaje de su directora por un pasado que la tocó, pero que en ella dejó de ser su única sentencia. Entendemos, con un cruce temporal que va y viene, que abre espacios, paréntesis y los cierra para seguir con lo que está a continuación, que su trabajo es una lucha por entender todo eso que pasó, sobre todo el aire de injusticia que hay alrededor del caso. Apenas una niña de 10 años cuando pasó, Restrepo nos permite introducirnos en esa tragedia como acompañantes de un viaje, como un recuento de su vivencia personal y cómo poco a poco ella fue participando de manera activa en el reclamo de sus padres. Este documental es su colaboración clara; mientras su padre sigue protestando los miércoles en la Plaza Grande (pidiendo ya no memoria, sino los cuerpos de sus hijos), ella hace un documental valiente, poderoso, duro, quizás el mejor audiovisual que se haya hecho en Ecuador.

Pero este es un trabajo que tiene otras aristas. No es solo sobre la pérdida y el dolor, es sobre la lucha de la vida, es sobre el amor de una hija a su familia y a la tragedia cercana… Este es un documental, en sí, sobre el amor de una hija a su padre. El título del filme te da la pauta de: “Con mi corazón en Yambo” es el texto del cartel que muchas veces ha usado su padre en las marchas y moviliaciones públicas pidiendo la verdad y la ubicación de los restos de sus hijos. Por eso, este es documental sobre la esperanza que no se pierde, y en menor escala, sobre lo bueno que puede venir de la tragedia.

imagen tomada de laredso.com

A un nivel general, “Con mi corazón…” sí funciona como una memoria, pero como un reto frente a la manera como la justicia nacional y el mismo país ha fallado. No dice lo que pasó, lo interpela. Nos coloca en el mismo ojo del huracán, en el punto más nauseabundo de la crueldad. Por primera vez podemos entender que la tragedia de los que están vivos fue mayúscula, tenemos pruebas, sobre todo las grabaciones que la familia hizo de todas las llamadas que recibía de la misma Policía y de informantes. Comprendemos cómo un sistema de control a la “amenaza comunista” y del narcotráfico desembocó en un grupo de agentes de una de las instancias más crueles de la Policía, el Sic 10, que torturó y asesinó a dos niños porque debían cumplir su misión; practicar el terror para acabar con algo que consideraban perverso. La construcción del crimen de Estado está tan bien estructurada que no quedan dudas. Aquí no nos piden que no olvidemos, nos piden que tengamos un juicio muy claro: El Estado, desde sus construcción de políticas (y su impavidez ante ellas) es causante de un crueldad sin nombre.

Esta película es también, y en su nivel más fuerte, la construcción de una mujer, directora de cine, que hasta el final de su obra aparece como la continuación de la lucha. Lo que Fernanda Restrepo hace es edificar lo que ella es, de dónde viene, y cómo se convierte en una mujer fuerte, quizás como reflejo de su madre. Y en el camino nos da un trabajo audiovisual que como nunca ha conseguido contarnos y demostrarnos un colapsado Ecuador, y lo doloroso que puede ser.

Nunca el cine hecho en Ecuador fue tan poderoso.

Una respuesta »

  1. Bolívar Lojan

    Gracias…este artículo me abrió aún más mis ojos…De lo que se escribe siempre queda algo.

    La respuesta de María Fernanda con su obra, no es más que la de miles de seres humildes y olvidados que a falta de instrumentos de propagación y a veces de valor no lanzan sus plegarias de justicia. El caso de los jóvenes Restrepo destapa la olla no de un estado únicamente, sino de una sociedad en decadencia que soslaya cuando le conviene. Sectorizar la crueldad como hijastra de un gobierno, quizá no sea lo más justo. Pero ayuda a entender: El paralelismo logrado a través del documental -más no la continuación- realza a su vez la lucha de los padres de años y años miércoles a miércoles, día a día llenos de dolor. Y será obligatorio no olvidar, únicamente, el documental y su contenido sino también los miércoles infinitos miércoles de plantones, dolor y entereza, días de familia a la espera de un lugar. El film tiene su peso como acto de denuncia como colofón de una primera parte, porque vendrán más partes, justamente para que en el futuro, quizá bien lejano, no vengan más partes.

    Si el País no debe olvidar a los hermanos Restrepo, tampoco debe hacerlo con sus Padres y María Fernanda que ellos si tienen pero demasiado claro “prohibido olvidar”: Por mi parte, en este caso, he dejado de ser mirón de palo. Me llegó al alma.

    Gracias

    Bolívar Lojan Fierro

    Responder

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