Música de fondo

Mi relación con la música surge de la nada. De un piano que rebosa en las fotos amarillas que reviso en los álbumes que guarda mi madre en su cuarto. De los teclados duros y firmes, de una madera imposible de doblegar. De los sonidos que me sonaban familiares y que corría luego a repetir sobre ese instrumento de percusión. El piano se golpea, se aporrea, me dio la práctica suficiente antes de colocarme frente a un monitor y teclear con fuerza. La música es simplemente una extensión, algo útil, una consistencia que nace en mí y se ha quedado en mí para siempre.

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Luego los sonidos adquirieron algo de destreza entre mis manos. Llegó una guitarra eléctrica que me compró mi papá y empecé a tocar. Una mujer me quitaría la música después, lo que sería una tragedia minúscula en medio de las tantas cosas que perdí en el camino. Después el tiempo de descanso, de sobra, de silencio. La nada nuevamente, hasta que tomé la guitarra, la empuñé y empecé a sacar canciones del mismo sitio que las sacaba antes. En estos tres años debo haber almacenado un total de 50 temas, entre buenos, malos, mediocres e impresentables y gracias a la tecnología de esta época he podido grabarlos en casa, dándoles una forma un tanto compacta.

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Hoy creo que doy el siguiente paso y decido meterme a darle un verdadero camino a todo eso compuesto. ¿Por qué? Porque quiero y asumo que lo puedo hacer de una manera interesante. Porque el puñado de canciones que han caído en el marco de este proyecto, que estoy al borde de dejar bajo el apelativo de “Los 7 locos” (no habrá tal número de integrantes, ojo, lo que sucede es que siempre he pensado que ese sería un gran nombre para un grupo), tienen una cadencia y hasta inocencia que no me permite mi paso por la literatura. Para mí existe una total experiencia independiente y sincera con el sonido, porque para mí la esclavitud de la palabra (salvo en los textos de las mismas canciones) no parece tener peso en la confección de una canción. La realidad es que para mí es muy sencillo pensar en una armonía de varios instrumentos en el instante en que tomo la guitarra o el teclado y le doy vuelta a alguna idea. La música es realmente un proceso de calma para mí, incluso cuando la guitarra está conectada al Marshall y el volumen sube a 11, a lo Spinal Tap.

Entonces entraré a un estudio en algún momento de las próximas semanas (ya tengo que definir ese dato en estos días). Irán amigos a tocar (todo en un círculo muy, muy corto). 8 canciones en algo que voy a llamar “¿Si te dijera que todo es mentira, me creerías?”. Gente que toca bajo, baterías, guitarras, que cantará, que hará algún acorde en un teclado. Con el apoyo de Mr T.Teran en la producción, espero que esto salga bien… Y la verdad es que no lo dudo.

¿Por qué? Porque la calma viene bien hacer música… además de utilizar otro espectro que había quedado ahí, antes de todo, antes de los vicios y el vacío. La música es el vacío contemplado desde abajo.

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“So be it, jedi”, Emperor Palpatine

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6 pensamientos en “Música de fondo

  1. no hay nada mas lindo que sentarse con unos amigos en la sala, un par de guitarras, unos traguitos, un poquito de monte y pasarla bien. la musica es la mejor terapia.

  2. Me has compartido algunas canciones de “los 7 locos”… y sinceramente espero que “Dromedario” explote en este disco.

    Los acordes de guitarras y teclados siempre te quedan dando vueltas en la mano.

    Un abrazo.

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