El ser que escribe mientras duermo

Michael Chabon, Jonathan Franzen, Tom Wolfe y Gore Vidal cuando salieron en los Simpson

Tom Wolfe y su traje blanco llegaron a Argentina. Trató a Marcelo Figueras de “distinguido escritor” y habló ante la gente de El Clarín sobre periodismo (siendo él uno de los ases del nuevo periodismo – la fuente), también dijo que la novela está muriendo, puntualmente porque los escritores se están volviendo seres más cerrados, incapaces de salir de sus casas y ver lo que pasa afuera. Me pregunto si Wolfe lo hace todavía, porque lo que él describe en su comentario es la vida de millones de personas en el mundo.

Si la novela desaparece es porque el ser humano debe desaparecer. Y a pesar de eso, no creo en su pérdida total.

Juan Villoro es más cauteloso. Además de considerar a la literatura como un discreto guiño a la literatura (cosa en la que yo discrepo. No por grandes seres capaces de hacer joyas con el cascajo voy a decir que el periodismo es cercano a la literatura. Bueno, tampoco digo que el fútbol es maravilloso a pesar de ver las jugadas de Cristiano Ronaldo), trata el tema desde el reposo. Sin embargo, es contundente con eso del paseo por la realidad: “No me desentiendo del hecho social, de la injusticia, pero no los veo desde la zona del ideólogo”. Sabia selección de palabras.

No se trata de plantear una literatura desde la calle, sino de tener los ojos abiertos.

El escritor simplemente se nutre porque no tiene más que hacer, es inevitable. Pero, ¿qué es lo que ve Wolfe? No sé lo que ve, el problema que se viene o que ya está patentado es la existencia de escritores para escritores. Lo que sin duda es una pérdida de tiempo. O peor, el escritor que sabe que todo está en lo que haga, sin posibilidad de un salto mortal: las recetas seguras. O quizás percibe que hay muchos interesados en ser algo que no deberían ser, sino ellos mismos. En definitiva es una sentencia dicha por Wolfe. Habría que analizarlas desde varias perspectiva y a pesar de eso no creo que ninguna opción sea válida. Para empezar, creo que Wolfe se refiere a la narrativa en inglés y eso es otro dolor.

¿La novela va a morir? Nunca. ¿La razón? Porque me resulta necesaria. Y son los objetos que todavía mantienen una utilidad los que trascienden. El sistema caduca, la necesidad quizás no. Y así lo leo a Edmundo Paz Soldán y a Fernando Iwasaki en una conversación sobre literatura, sobre lo que es el acto de escribir (vale la pena fijarse en todo lo que dicen). Una suerte de magia, de elemento íntegro que requiere de detalles que cada uno encontrará. Eso me queda. ¿Métodos? Los que quiera, escoja del largo cartel.

El punto de unión que posiblemente existe para los escritores en español de la actualidad es, talvez, Bolaño (si no me equivoco Volpi lo dijo). El salvaje que se la jugó, sabiendo que iba a morir, a escribir fuera de tiempo. Y vaya que escribió, ya han encontrado una novela con personajes que aparecen en 2666. Próximamente: la lista del supermercado de Bolaño. Pero eso es otra cosa.

¿Quién va a escribir cuando se cierren los ojos? Cualquiera lo hará, o nadie, pero eso no debe importar. El género no desaparecerá. Desaparecerá la humanidad que le da sentido, y si eso se da, de seguro, la novela se mantendrá porque alguna utilidad se descubrirá en el camino. Pero no existirá porque no estará nadie para corroborarlo.

El ser humano cambia y sus herramientas también. Pero como toda materia, simplemente se transforma y no se acaba.

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